Stronismo neoliberal

Acá, una ráfaga de datos que nos indican la ampliación de la economía, los esterotipos, el aparato represivo y la propaganda stronistas. Stronismo neoliberal.

Este lunes, 3 de febrero, se recuerda el golpe de Estado. El general Andrés Rodríguez, acuerdo mediante con la embajada norteamericana y un sector del partido colorado, el tradicionalista, asestaba el golpe de timón a un régimen que había durado 35 años. En ese tiempo, persiguió a todas las comunidades, organizaciones y personalidades a las que consideraban “peligrosas” “para la paz, el orden y el progreso”. También en este tiempo se repartieron discrecionalmente (entre capos y caudillos del régimen, “fazendeiros brasileros” y de otras nacionalidades) siete millones de hectáreas de tierras públicas, según informe de la Comisión Verdad y Justicia. En este largo período afianzó el latifundio ganadero, la agro exportación en general y la reexportación: traer mercaderías de afuera y redistribuirlas en los mercados vecinos. Este modelo económico, al amparo de la política de sustitución de importaciones asumida por Brasil y Argentina, generó un movimiento nunca antes conocido en el país, emergiendo una casta poderosa de importadores, reexportadores (incluyendo las drogas y otras mercaderías “ilícitas”) y agroexportadores.

Cuando el golpe, Stroessner cumplía su nuevo período de gobierno 1988-1993. Su consuegro, Andrés Rodríguez, haya había conspirado con EE.UU.

El Ejército

Durante su régimen se intentó uniformar a la población a través del Ejército, con unos 17 mil jóvenes al año que acudían obligatoriamente a los cuarteles para “hacerse hombres”. Rebrotó con mayor fuerza el prototipo del “macho mbarete”, condenándose toda actitud “extraña” o “desviada”. Mientras este sello estético se imponía a los hombres, los “machos duros” como el general Rodríguez, el general Lino César Oviedo, Francisco Brítez Borges, Stroessner y sus demás amigos se quedaban con las tierras y los negocios del contrabando.

El segundo reconstructor

Los acuerdos establecidos con Brasil para la construcción de la hidroeléctrica Itaipú y el puente de la Amistad, más la política importadora y agroexportadora dieron pie a una explosión de capitales y a una modernización del Estado paraguayo. De ahí la propaganda extendida de “segundo reconstructor” del país, asumiendo que el primero fuera el general Bernardino Caballero.

Los voceros oficiales del régimen, el Diario Patria y la Voz del Coloradismo, trasmitida en cadena radial, fueron los medios de mayor persecución ideológica. La gente que cuestionaba el régimen, aún en matices, era acusada de “comunistas” “apátridas”, “ateos”.

Mientras intentaba sostenerse en un supuesto nacionalismo, resaltando “el valor de la raza guaraní”, “la danza paraguaya”, “la bravura guaraní”, creadores populares como José Asunción Flores, Teodoro S. Mongelós, Carmen Soler o Augusto Roa Bastos eran desterrados.

El período sin Stroessner

A la caída del régimen de Alfredo Stroessner, en 1989, sobreviene un período de privatizaciones de las empresas públicas y la flexibilización de las políticas cambiarias, tal como ordenaba el nuevo orden mundial, con EE.UU. a la cabeza. Más todas las políticas del Estado seguirían apuntando a sostener el modelo reexportador y agro exportador.

En tiempos de Juan Carlos Wasmosy (1993-1998) se rifa la línea aérea paraguaya y se dejan caer completamente el ferrocarril Carlos Antonio López, la Flota Mercante del Estado y comienza la privatización de los puertos. También se ataca profundamente la telefonía estatal.  Si bien con las movilizaciones sociales de junio del 2002, ya en el período de Luis González Macchi, se evita el traspaso a manos privadas, se la vació de tal modo que hoy, en el período de las telefonías móviles, su oferta en el mercado es marginal.

La privatización avanzaría sobremanera sobre las universidades y el seguro médico al punto de que, amén de la existencia de unas “20 universidades privadas”, hasta el propio Estado paga seguro privado a sus trabajadores.

Migración transgénica

La cruz preside el telón de fondo del sojal en Marina Cue, el territorio que los sojeros recuperaron de las manos campesinas a «balazos».

Ya en los 80 empieza la gran migración del campo a la ciudad producto de la decidida política agroexportadora, privilegiándose la explotaciones ganaderas extensivas e intensivas y monocultivos. Esta migración explotaría con la penetración imparable del cultivo de la soja, en su versión, desde 14 años atrás, transgénica. Tres millones de hectáreas de tierra completamente taladas para que la semilla de la Monsanto crezca solita. Y con esta penetración vendría una oleada gigantesca de transnacionalización de nuestra economía al quedarse la mayor parte del negocio en manos de las cadenas norteamericanas como Monsanto, Cargill, Bunge, Adm y terratenientes brasileros que hacen la tarea de la ocupación territorial. Agronegocio, medios de comunicación y puertos en manos de empresas transnacionales generarían en este tiempo también movimiento de capitales muy superiores que, en su mayor parte, se van del país.

Muchas cosas han cambiado del tiempo de la dictadura a esta parte, acá y en el mundo. La matriz económica agroexportadora y reexportadora que se afianzara durante el gobierno de Alfredo Stroessner ha crecido sobremanera. La resistencia en el campo, principalmente, también ha crecido, aun con el desamparo institucional. Es más, deben pelear contra la Fiscalía, la Policía, el Gobierno, aun para mantener sus vidas y lo poco queda de su sistema de vida.  Hay departamentos enteros como San Pedro y Canindeyu en que las poblaciones humanas sobreviven en los asentamientos conquistados luego de la caída de la dictadura. Y con los antiguos minifundios, hoy producen el 60% del alimento que consumimos.En esta disputa ya han perdido la vida más de cien dirigentes campesinos, muertos en manos de sicarios contratados por los terratenientes.

No en vano que en este enero de sol impune las dos agendas más importantes hayan sido las resistencias a las fumigaciones de las semillas transgénicas y el rechazo al aumento del pasaje. El destierro del campo nos ha embutido en ciudades hollín, miseria, chatarra.

La manifestación más numerosa en enero contra la suba del pasaje

En el mundo urbano se han producido unos cambios extraordinarios que de a poco, a tumbos, van pariendo también nuevas formas de expresión, comunicación, arte, aunque los medios corporativos privilegien cuchilladas entre pobres, fumadores de “chespi” con el rostro extraviado, morbo y el espectáculo en colalest. O que de los “apátridas”, “ateos”, “comunistas” del diario Patria y la Voz del Coloradismo, para cierta prensa corporativa seamos hoy “zurdos”, “bolivarianos”, “apoyo logístico del Epp” que intentamos “desestabilizar” este hermoso país dejado por Alfredo Stroessner.

Luego de una breve apuesta de ciertos grupos económicos por un cura, Fernando Lugo, que se mostró «pocho juru» (centro del poncho), los poderes fácticos cerraron la tienda de la falsa democracia con un golpe sicario perpetrado el 15 de junio de 2012 y que se formalizara en el Parlamento el 22 de junio del mismo año. Y liberaron todas las fuerzas de represión que estaban contenidas por ese extraño gobierno «zurdo», en defensa y ampliación de esta economía deprededora, trianguladora y altamente transnacionalizada.

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