Stroessner y el apartheid que encarceló a Mandela

La dictadura de Stroessner mantuvo una fuerte relación con el régimen racista del apartheid sudafricano, que en 1962 arrestó a Nelson Mandela y en 1964 lo condenó a cadena perpetua.

Alfredo Stroessner y Balthazar Johannes Vorster. En abril de 1974, el dictador paraguayo viajó oficialmente a Pretoria, siendo el primer jefe de Estado no africano en visitar Sudáfrica en 20 años. Vorster vino a Paraguay a mediados de agosto de 1975 para acordar un gran paquete de ayuda exterior, que incluía la construcción del nuevo edificio de la Corte Suprema de Justicia (el actual Palacio de Justicia) y los préstamos al Banco Nacional de Fomento para la importación de fertilizantes sudafricanos y la construcción de carreteras.

«Queridos sudafricanos: nuestro amado Nelson Rohlihla Mandela, padre fundador de nuestra nación democrática, ha fallecido. Murió en paz, en compañía de su familia, a las 20:50 horas del 5 de diciembre de 2013». «Aunque sabíamos que este día llegaría, nada puede mitigar la profunda pérdida. Su incansable lucha por la libertad le hizo ganarse el respeto del mundo». De esta manera, Jacob Zuma, presidente de Sudáfrica, anunció anteayer la muerte del africano más prestigioso de las últimas décadas.

Los rumores de su muerte, tras una recurrente infección pulmonar, corrían desde hacía años. En 2010, Nic Dawes, director del semanario político sudafricano Mail & Guardian, resumió la angustia y la ansiedad colectiva en un editorial: «El cuarto de noticias está tenso e incómodo. Palabras van y vienen, el cansancio apremia, el futuro nos asusta, pero estamos todos unidos aquí, exactamente donde Madiba quisiera que estemos». «Lo que los sudafricanos sentimos por Madiba» —título honorífico otorgado por los ancianos del clan de Mandela— «no es simplemente afecto o respeto. Incluso la palabra amor no termina por describirlo. Su presencia es parte de la estructura de nuestro ser nación. Nos preocupamos porque creemos que sin él no seremos realmente los mismos».

La muerte llegó y las repercusiones fueron inmediatas, incluso con elogios del último presidente del régimen sudafricano del apartheid, Frederick De Klerk, quien afirmó: «Fue un honor para mí haber podido trabajar con el señor Mandela en el proceso que condujo a la adopción de una Constitución interina y nuestras primeras elecciones democráticas en abril de 1994».

Paraguay no se quedó atrás en cuanto a los elogios mediáticos y gubernamentales, aún ocultando su profunda relación con el régimen racista del apartheid que condenó a prisión y a cadena perpetua a Nelson Mandela.

El apartheid de Vorster y la dictadura de Stroessner

Balthazar Johannes Vorster conocido como John Vorster, primer ministro (1966—1978) y presidente (1978—1979) de Sudáfrica, tuvo una gran relación con Alfredo Stroessner desde 1974. En esa década, la dictadura de Stroessner llegaba a sus dos décadas en el poder y no corría riesgo alguno de caer. Al contrario, aún tenía muchos años por delante y contaba con el apoyo de otras dictaduras de Latinoamérica. Sin embargo, el gobierno de Sudáfrica estaba mundialmente aislado.

Y no era para menos: ni siquiera los gobiernos que tenían afinidad ideológica con el gobierno del apartheid se permitían proclamar su simpatía por Sudáfrica, pues se verían perjudicados en sus relaciones internacionales. La segregación en ese país estaba en pleno proceso de profundizarse, obligando a la población negra a reubicarse en las «áreas de reserva» (los townships), donde las casas eran de construcción precaria y no tenían agua potable ni electricidad.

La historia de Sudáfrica inicia en 1652, cuando un grupo de colonos holandeses se estableció en lo que luego sería Ciudad del Cabo. Ese territorio se convirtió más tarde en una colonia británica. Los descendientes de holandeses (afrikaners o boers) se enfrentaron en sucesivas guerras contra los ingleses. Al final, los británicos resultaron victoriosos pero concedieron a los boers poderes y libertades sobre el territorio, permitiéndoles un autogobierno. En 1948 el Partido Nacional (el partido racista de los afrikaners) llegó al poder y codificó la segregación y la injusticia social que ya existía en el país. Esa política llevó el nombre de  apartheid —separación, en lengua afrikáner—.

En 1962, el gobierno sudafricano arrestó Nelson Mandela por sabotaje y otros cargos, y en 1964 lo condenó a cadena perpetua. Mandela fue liberado el 11 de febrero de 1990. En 1974, el dictador paraguayo viajó oficialmente a Pretoria, capital de Sudáfrica, y fue recibido por el entonces presidente Jacobus Johannes Fouché. Daniel Waksman Schinca, periodista uruguayo, describe ese suceso: «El primero en formalizar con bombos y platillos la relación privilegiada con el régimen del apartheid fue Alfredo Stroessner. Su atracción por Sudáfrica no puede constituir en realidad mayor motivo de sorpresa: anfitrión de criminales de guerra nazis, amigo y protector de los terroristas croatas, organizador de grotescos congresos mundiales anticomunistas, el supremo de Asunción se sintió siempre hermanado con gobiernos como el de Corea del Sur, el de Taiwán y ahora con el de Pretoria y Salisbury.»

Stroessner estuvo en Pretoria desde el 2 hasta el 6 de abril de 1974, y en el día de su llegada el gobierno sudafricano le confirió el «Gran Collar de la Orden de la Buena Esperanza». Meses después, Paraguay abrió una embajada en ese país, nombrando a Juan Balsevich como embajador durante el periodo del 29 de julio de 1974 al 27 de diciembre de 1978. Luego nombró como agregado militar en Pretoria, según el investigador Nemesio Barreto, al general Ramón Rosa Rodríguez (en el futuro, zar antidroga), asesinado el 10 de octubre de 1994.

Para el régimen de Sudáfrica esa visita fue «una victoria diplomática interesante, pues nunca antes un jefe de Estado latinoamericano había recibido su hospitalidad», continúa el periodista uruguayo. El dictador paraguayo, por supuesto, fue en busca de unos convenios de ayuda económica, que se dieron al año siguiente e incluyeron, de acuerdo a Barreto, un préstamo de 4.800.000 rand (7 millones de dólares aprox.) para la construcción del actual Palacio de Justicia de Asunción, oficializado en la Ley Nº 516/75.

«Desde entonces —cuenta Waksman Schinca—, la gráfica de las relaciones paraguayo—sudafricanas muestra una curva en constante ascenso. Las misiones oficiales y privadas van y vienen, las demostraciones de recíproca estima y solidaridad se suceden incesantemente. El pasado 15 de agosto (de 1978), al inaugurar su sexto quinquenio presidencial, Stroessner exhibió como invitado de honor al ministro de Relaciones Exteriores de Pretoria, R. Frederik Totha. El Comité Especial contra la Segregación Racial de la ONU protestó una vez más por esa flagrante contradicción con las resoluciones adoptadas por las Naciones Unidas. Pero Asunción continuó haciendo oídos sordos.»

En ese tiempo, el presidente de Estados Unidos Jimmy Carter promovió una política exterior de derechos humanos como prioridad, dejando desamparados a los amigos de Vorster e Ian Smith y a los militares que ejercían el poder en el Cono Sur americano. En julio de 1976, la consigna de los stronistas manifestados frente a la Embajada estadounidense fue: «Somos anticomunistas, con o sin los Estados Unidos», rechazando la política de derechos humanos de Carter y las gestiones de Washington a favor de los presos políticos paraguayos —entre quienes estaba Ananías Maidana—, detenidos en un calabozo de Investigaciones, la celda de Tacumbú y el panteón de la Comisaría 3ª —denominado así por la insalubridad y el total aislamiento—. La presión de Carter hizo que los trasladaran a Emboscada, donde al menos podían recibir visitas, y que los liberaran años después.

Fidel Castro saluda a Nelson Mandela durante el acto de conmemoración del asalto al Cuartel Moncada, el 26 de julio de 1991.

El profesor universitario inglés Andrew Nickson, conocedor de la dictadura stronista, aporta más datos sobre la relación entre Paraguay y Sudáfrica en las décadas del setenta y ochenta: «Stroessner se convirtió en el primer jefe de Estado no africano en visitar Sudáfrica en 20 años. El presidente sudafricano Vorster realizó una visita oficial a Paraguay entre el 13 y el 17 de agosto de 1975, durante el cual Sudáfrica acordó un gran paquete de ayuda exterior, que incluía la construcción del nuevo edificio de la Corte Suprema de Justicia y los préstamos al Banco Nacional de Fomento para la importación de fertilizantes sudafricanos y la construcción de carreteras. También se establecieron los lazos militares. En octubre de 1976, Paraguay envió una de las muy pocas delegaciones extranjeras que asistieron a las celebraciones de la independencia de Transkei, uno de los países de origen africano. En octubre de 1977, el general Andrés Rodríguez hizo un recorrido por las bases militares de Sudáfrica. Y en septiembre de 1979, el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas sudafricanas, el general Merindol Malan, realizó una visita a Paraguay.»

«Estrechos vínculos entre los dos países durante el Stronato —continúa Nickson— reflejan consideraciones ideológicas. A saber: el anticomunismo extremo de ambos regímenes, así como las consideraciones pragmáticas, es decir, el deseo de cada régimen para contrarrestar el creciente aislamiento internacional. Bajo el control del cónsul paraguayo Justo Eris Almada (1975—1985), las instalaciones del puerto franco paraguayo en Paranaguá, Brasil, sirvieron de conducto para el suministro ilegal de armas a Sudáfrica, en contravención del embargo de las Naciones Unidas.»

Por su parte, el periodista Federico Tatter cuenta que los regímenes de Vorster y Stroessner fueron dos de los principales financiadores de la WALC (Liga Mundial Anticomunista, en castellano). Con respecto al edificio de la Corte Suprema de Justicia, Tatter dice: «La construcción de esa mole de mármol de Sudáfrica tiene, desde sus cimientos, sangre esclava. Y además fue sobrefacturada, permitiendo el surgimiento de varios millonarios. La ONU había declarado el boicot al régimen racista de Sudáfrica, y Paraguay fue uno de los que lo perforó, haciendo de país triangulador. Varios exjerarcas stronistas se hicieron ricos entonces, prestando nombres, creando empresas fantasmas, para que en los papeles Sudáfrica le vendiera a Paraguay, y a través de Paraguay se vendiera al mundo.»

Los planes de colonización de racistas sudafricanos en Latinoamérica

Tatter agrega que en la década del setenta «incluso estuvo en los planes una colonización de racistas sudafricanos en Paraguay. Stroessner quería colonos arios, racistas, rubitos y anticomunistas, para incrustarlos en el campo paraguayo y que sirvieran de modelo, y que además tuvieran mano de obra barata al lado. Hubo varias misiones de afrikans a Paraguay, pues el movimiento de liberación de Mandela les pisaba los talones, y sabían que el racismo tenía los días contados.»

Durante todo el año de 1976, en algunos países de la región, sobre todo en Paraguay y Uruguay, cuenta el periodista Daniel Waksman Schinca, «hubo campañas de prensa orientadas a crear en la opinión pública local un ambiente favorable para la absorción masiva de ‘futuros refugiados’ del África austral.» Abc Color, que en esos tiempos estaba en pleno idilio con la dictadura de Stroessner, publicó en octubre este mensaje: «Europa no tiene lugar para esa gente ni la querrá por razones ideológicas». (En Paraguay, en cambio, había lugar de sobra, y la ideología no sólo no constituía obstáculo sino que era un elemento más a favor.) Los rhodesianos (de Rodhesia sudafricana, actual Zambia y Zimbabue), «constituirán, selectivamente hablando, la mejor inmigración que pueda pretender el país».

En abril de 1978, dice Waksman Schinca, «el gobernador de Formosa (Argentina) incluyó entre las realizaciones de su administración provincial las gestiones para la radicación de colonos rhodesianos», no aclarando, sin embargo, hasta qué punto habían llegado esas gestiones. En ese mismo mes, «un documentado despacho cablegráfico de UPI (United Press International), fechado en Johannesburgo, explicaba el problema que le creaba al gobierno sudafricano el fenómeno de ‘los blancos que se están yendo masivamente del país, algunos de ellos hacia Sudamérica’.» La cifra total de emigrados llegó a 26 mil en 1977.

Juan Carlos Wasmosy (segundo, de izquierda a derecha) y Nelson Mandela (tercero), durante la Cumbre del Mercosur en 1998. Wasmosy, entonces presidente de Paraguay, se reunió con Mandela para comunicarle un mea culpa por el apoyo de la dictadura de Alfredo Stroessner al régimen del apartheid que lo mantuvo preso durante 27 años.

Nelson Mandela, Estados Unidos, Cuba

Rolihlahla Mandela nació el 18 de julio de 1918, en un pequeño pueblo llamado Mvezo, en el este de Sudáfrica. Fue la primera persona de su familia en ir a la escuela. Una profesora que no podía pronunciar Rolihlahla lo llamó Nelson. En 1941 viajó a Johannesburgo, donde trabajó en un bufete y estudió derecho. En 1952, estableció con Oliver Tambo el primer estudio jurídico negro de Sudáfrica, ofreciendo ayuda a quienes normalmente no tenían acceso a representación legal.

Luego el Congreso Nacional Africano (CNA), temiendo una prohibición por parte del régimen del apartheid, encargó a Mandela asegurarse que el partido pudiese funcionar clandestinamente. Fue arrestado en 1955 y acusado de alta traición junto con otras 155 personas. Tras cuatro años y medio de juicio, los cargos fueron levantados.

En 1960, tras la matanza de Sharpeville, cuando la policía abrió fuego contra una manifestación que protestaba contra el apartheid, el CNA y su líder, Mandela, adoptaron la vía armada y el sabotaje a empresas y proyectos de importancia económica pero sin atentar contra vidas humanas. Mandela recorrió diversos países de África en busca de ayuda económica y militar para sostener esa nueva táctica de lucha. Lo apresaron en 1962 y en 1964 se le condenó a cadena perpetua, que lo mantendría relegado en una cárcel de máxima seguridad, en una celda de dos por dos metros, durante 25 años, salvo los dos últimos años en los que mejoraron las condiciones de su detención.

Fue liberado el 11 de febrero de 1990. En 1993, Mandela y el presidente sudafricano De Klerk recibieron en conjunto el premio Nobel de la paz por sus esfuerzos para estabilizar Sudáfrica. En 1994, por primera vez en la historia de su país, todas las razas votaron en elecciones democráticas, y Mandela fue electo presidente de forma abrumadora.

Su relación con Estados Unidos estuvo marcada hasta el año 2008, cuando el presidente George W. Bush lo borró de la lista de terroristas. En 1962, la Agencia Central de Inteligencia (CIA) ayudó a orquestar el arresto de Mandela, al infiltrar en el CNA un agente que proporcionaba datos a las autoridades sudafricanas para que pudieran rastrearlo. En 1987, Margaret Thatcher llamó al CNA «una organización terrorista típica», cuando anunció que el Reino Unido no impondría sanciones contra el régimen del apartheid, siguiendo el ejemplo del entonces presidente estadounidense Ronald Reagan. Sin embargo, en los siguientes 21 años tanto Mandela como otros miembros del CNA no pudieron visitar EE.UU. sin una exención expedida por el secretario de Estado, según dictaban las restricciones impuestas por la lista de terroristas vigilados. Esa exención sólo les permitía viajar a la sede de la ONU en Nueva York, no a Washington DC u otras partes de EE.UU.

En cuanto a su amistad con Cuba, el politólogo Atilio Boron lo resume así: «Se dice que (Mandela) fue el hombre que acabó con el odioso apartheid sudafricano, lo cual es una verdad a medias. La otra mitad del mérito le corresponde a Fidel Castro y la Revolución Cubana, que con su intervención en la guerra civil de Angola selló la suerte de los racistas al derrotar a las tropas de Zaire (hoy, República Democrática del Congo), del ejército sudafricano y de dos ejércitos mercenarios angoleños organizados, armados y financiados por EE.UU. a través de la CIA. Gracias a su heroica colaboración, (…) se logró mantener la independencia de Angola, sentar las bases para la posterior emancipación de Namibia y disparar el tiro de gracia contra el apartheid sudafricano.»

«Por eso —añade Boron—, enterado del resultado de la crucial batalla de Cuito Cuanavale, el 23 de marzo de 1988, Mandela escribió desde la cárcel que el desenlace de lo que se dio en llamar la Stalingrado africana fue ‘el punto de inflexión para la liberación de nuestro continente, y de mi pueblo, del flagelo del apartheid». Y en 1995, en la Conferencia de Solidaridad Cubana—Sudafricana, el ya primer presidente sudafricano negro dijo: «Los cubanos vinieron a nuestra región como doctores, maestros, soldados, expertos agrícolas, pero nunca como colonizadores. Compartieron las mismas trincheras en la lucha contra el colonialismo, subdesarrollo y el apartheid… Jamás olvidaremos este incomparable ejemplo de desinteresado internacionalismo».

El periodista Hedelberto López Blanch recuerda: «En los años de la colonia llegaron a Cuba más de un millón doscientos mil africanos como esclavos. Muchos de ellos lucharon en las guerras de independencia. Por eso Fidel Castro decía que yendo a África a luchar contra el apartheid y el colonialismo se estaba pagando una deuda pendiente.»

Paraguay, en cambio, sólo ha pretendido una reparación por el enorme daño hecho a Mandela en particular y a Sudáfrica en general. En julio de 1998, durante la Cumbre del Mercosur, el entonces presidente Juan Carlos Wasmosy se reunió con Nelson Mandela para comunicarle un mea culpa por el apoyo de la dictadura de Alfredo Stroessner al régimen del apartheid que lo mantuvo preso durante 27 años.

Nota del redactor: gracias al aporte del investigador Nemesio Barreto, unos datos fueron corregidos y otros agregados el domingo 8 de diciembre de 2013, un día después de su publicación.

Fuentes

Mandela y Fidel, por Atilio Boron.

El anuncio de la muerte de Nelson Mandela.

Nelson Mandela: los hitos de una vida extraordinaria.

Nelson Mandela y su visita a la Cumbre del Mercosur en 1998.

Cómo Cuba inspiró a Mandela, por Pablo Esparza, de BBC Mundo.

Nelson Mandela estuvo en la lista de terroristas de EE.UU. hasta 2008.

Mandela, el hombre una vez catalogado como terrorista por Estados Unidos.

El eje entre Sudáfrica y Cono Sur. Nueva sociedad Nº 39, noviembre—diciembre, 1978.

 

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