Stroessner reloaded. Democracia 3.0

«Así que es peligroso y es aberrante, señor Presidente Horacio Cartes, ya no nombrar, sino siquiera postular a Alfredo “Goli” Stroessner –a quien usted sostiene tener estima– a cualquier cargo que represente a la República del Paraguay, adentro o afuera de sus confines. ¿Y sabe por qué? Porque concentra sobre su cuerpo un nombre. Y el nombre, ese nombre, es lo que define la función del personaje en cuestión. ¿Necesita más precisiones al respecto?». Opinión.

Foto: Clyde Soto.

Hace pocos días reflexionábamos, como forma de preocupación, sobre la racionalidad de la injusticia respecto del caso Curuguaty (“Curuguaty: el paroxismo de la injusticia”, en E’a). Y allí subrayábamos enfáticamente que lxs campesinxs imputadxs hubieran tenido que ser sobreseídos si efectivamente los procesos judiciales tuvieran un básico de racionalidad institucional democrática. Básico que no se le podía pedir al gobierno ilegítimo franquista porque nació de los despojos de la democracia, pero que sí hay que exigirle al gobierno cartista, que nació de la legitimidad de las urnas. Urnas: dispositivo democrático, pero que no ofrece garantía alguna sobre el ejercicio de esa racionalidad política que decimos Democracia.

Ahí también postulábamos a Curuguaty como una bisagra entre la posibilidad de cambios al sistema y la continuidad de los núcleos que habitan el largo autoritarismo vigente en el Paraguay. Bisagra que se abre hacia el lado del retorno. Y aquí hay que enfatizar retorno: a ese régimen autoritario que fue el stronato. Y precisamente por estos días, luego de la última sesión de acontecimientos sobre Curuguaty, ese retorno vuelve presentando sus contornos más y mejor perfilados con el caso de Alfredo “Goli” Stroessner como candidato a embajador paraguayo ante las Naciones Unidas.

Curuguaty-Stroessner-retorno: al autoritarismo. En democracia. Y estas dos palabritas últimas las ponemos menos como afirmación que como interrogación sobre cómo el gobierno Cartes –enfatizamos porque no se trata sólo de Cartes sino de una responsabilidad de su gobierno, con todas las inflexiones que esto implica– piensa esa racionalidad política que decimos Democracia. Y esto nos preocupa en tanto ciudadanos: subjetividades políticas que somos.

El gesto de proponer al nieto homónimo del dictador como próximo embajador paraguayo ante las Naciones Unidas es posiblemente el más explícito en el conjunto de movimientos que marcan el rumbo del retorno. El nuevo rumbo es en realidad este rumbo del retorno, de los colorados al poder, pero de mucho más: se trata del retorno de un modelo de poder político basado en la concentración incontrolada de potestades en el Poder Ejecutivo, de recurso a la milicia para operaciones internas –es decir, para la instalación de un estado de guerra interna donde todo vale en pos de la destrucción de quienes sean identificados como enemigos–, de grandes negocios estatales o privados que derivan en extremo enriquecimiento de pequeñas porciones poblacionales, de copamiento partidario del Estado –aun con grietas, esto está verificándose– y, sobre todo, de reformateo de la memoria, de elaboración de un discurso y de instalación de referentes apropiados para que el señalado rumbo se deslice a través de cauces adecuados de consenso social. Esto quiere decir, minimizar, desdibujar o incluso eliminar referentes distintos, que cuestionan ese discurso e instalan en la escena pública los horrores del pasado.

Así que es peligroso y es aberrante, señor Presidente Horacio Cartes, ya no nombrar, sino siquiera postular a Alfredo “Goli” Stroessner –a quien usted sostiene tener estima– a cualquier cargo que represente a la República del Paraguay, adentro o afuera de sus confines. ¿Y sabe por qué? Porque concentra sobre su cuerpo un nombre. Y el nombre, ese nombre, es lo que define la función del personaje en cuestión. ¿Necesita más precisiones al respecto? Buenamente, creemos que no. Porque queremos creer que conoce como Presidente el drama político y social del pueblo que hoy le toca gobernar. Y no del pueblo de izquierda o progresista, sino del pueblo paraguayo. Drama que en este caso se superpone con el drama político y social provocado por su partido.

Desde ya, no creemos que las culpas de los padres recaigan, porque no deben recaer mecánicamente, sobre los hijos. Y las atrocidades de los abuelos, menos sobre los nietos. Pero, le preguntamos, ¿qué pasa cuándo se sobrepone conscientemente al propio nombre y al propio apellido –esas cosas que heredamos, tal como heredamos ese heteropatriarcado del cual usted hace gala al decir “¿Te sacó la novia o qué?”– el nombre del Horror?, uno. Y dos: ¿o cuándo se levanta sobre la cabeza una imaginería de los infiernos? ¿O cuándo se hace una campaña para que restos de los infiernos vuelvan ala República del Paraguay? De paso: acaba de morir Priebke: otros restos de los infiernos. Ni la Alemania natal ni la Argentina donde reside un hijo aceptaron esos despojos del Horror.

Le ensayamos una respuesta a la espera de las suyas. Cuando todo eso pasa se está adhiriendo al cuerpo, en tiempo presente, las atrocidades de un pasado que se reivindica. Y de eso, no se vuelve. Menos en tiempos democráticos. Porque en tiempos democráticos recordamos para que el Horror no se repita. Nunca más.

¿O de qué Democracia estamos hablando, cuál esla Democraciaque usted hace carne?

Y una cosa más. En nuestra América Latina democrática hay presidentes que no se parecen a sus pueblos sino que son sus pueblos. Y que le están devolviendo la esperanza a nuestra región. Esa región que nosotros habitamos y de la cual Paraguay puede formar parte. Esa región que políticamente mira al pasado y a su memoria como un territorio relegado pero no olvidado, que hay que recorrer para que lo sido impacte en lo que es, el tiempo presente, democrático, pero de manera invertida, para que lo que pasó no vuelva a repetirse. El pasado está abierto, es una construcción abierta, ya que en el pasado no todo ha sido realizado. No está configurado sólo por los hechos, es decir por “lo ya hecho”, sino también por lo que queda por hacer, por virtualidades a realizar, por semillas dispersas que en su época no encontraron un terreno adecuado. Semillas que hay que plantar en el presente para que impacten en el futuro. Presente y futuro que queremos enfáticamente, vertiginosamente democráticos.

Pero mientras su gobierno diga Alfredo “Goli” Stroessner como representante, está volviendo al pasado con un impacto en el presente, para que ese pasado impacte de nuevo en lo que es tal como fue cuando fue. Un nieto de Stroessner que se hace heredero no sólo de la fortuna, sino también del nombre y de una memoria convenientemente aderezada del sanguinario abuelo (donde los horrores del régimen no aparecen o cuando aparecen son justificados o banalizados), propuesto para representar al país nada menos que ante el organismo de mayor relevancia mundial para los derechos humanos, nacido justamente para superar los horrores de humanidad, es un punto culminante del retorno.

 

Comentarios

Publicá tu comentario

Este mensaje de error solo es visible para los administradores de WordPress

Error: Las solicitudes de API se están retrasando para esta cuenta. No se recuperarán nuevas entradas.

Inicia sesión como administrador y mira la página de configuración de Instagram Feed para obtener más detalles.