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Baldío

Soy de la Chacarita

Un circuito turístico llevó una gran cantidad de visitantes al emblemático barrio Ricardo Brugada.

De la bahía sube una doliente guarania. Che mandu’a sapy’a pe pykasumíre oveve vae’kue. Bajo la calle Mómpox. Tal vez pensando que estaba de rescate, un policía me detiene y verifica mis datos por radio. Moópa reho nde?, me interroga.

Los desfiles, bandas y chirolas llenan el centro por los actos del aniversario de fundación de la ciudad. Así como el 12 de octubre se festeja la masacre del colonialismo bajo el tragicómico título del Día de la Raza, el 15 de agosto se recuerda la institucionalización del genocidio en el territorio de los carios con la fundación del fuerte Nuestra Señora Santa María de la Asunción por Juan de Salazar. Extraño ritual este de rendir tributo a nuestros asesinos.

Llego al local de la Cooperativa Ricardo Brugada. ¿Quiere escuchar mi historia, señor?, parece decir Ireneo, miembro de la cooperativa. Subimos unos escalones y nos enseña la biblioteca del barrio y la sala de ordenadores donde los mitã’i acuden para clases de informática, lectura y otros, para oficios de diversos tipos. Luego se hace una pequeña semblanza histórica del barrio, uno de los más antiguos del país, que según se reseñó surge en el siglo XVIII y la sinuosidad de sus formas habría sido la característica general de Asunción antes de las transformaciones urbanísticas realizadas por el Dr. Francia y C.A. López.

Debe el nombre de a las pequeñas chacras que bordeaban los despeñaderos y el de Ricardo Brugada en homenaje a un abogado comprometido con las causas populares. Sus primeros pobladores fueron pescadores que vendían sus artículos en el Mercado Guasu y otros que se quedaban provisoriamente, en principio, a la espera del tren, el término de la venta de su producción, entre otras cosas, y que luego fueron fijando residencia permanente.

La popular bandita puso el ritmo anticipando el baile de las galoperas. Fuente: SNC

Un cuarto de hora después de lo convenido, empezamos el recorrido. Circuito Turístico-Cultural en Chacarita se denominó la jornada realizada por los pobladores junto con la Senatur y la SNC. Según los organizadores, la intención es valorizar la cultura y la historia del barrio, generar fuentes de trabajo en el campo de la información turística y mejorar la imagen del mismo mostrando esa otra parte más allá de lo que dicen las crónicas periodísticas de policiales.

Los guías eran los propios habitantes que fueron entrenados en materia turística a modo de orientar a los visitantes. El primer segmento del recorrido se detuvo en el mural de la zona de Resistencia, que ilustra diversos episodios de la vida chacariteña, como la pesca y los desplazamientos por la subida de las aguas, cuadro emotivamente descrito por la guarania de Maneco Galeano.

Seguimos por la comisaría 5ª, la ex casa de Manuel Gondra, divisamos el edificio de la Sociedad Indigenista del Paraguay, el Museo Etnográfico Andrés Barbero y nos detuvimos en el Mirador Huracán. Así circundamos la zona alta del barrio para después entrar en uno de los pasillos que nos conduciría más adentro de las venas que forman el tejido de pasadizos internos.

Llegamos a la que fuera la casa del actor Rubén Vysokolán, en proyecto de ser convertida en un centro artístico, tal cual fuera el deseo del mismo “Vysoka”. Franqueamos el llamado puente Ka’i, que cruza una de las divisiones naturales de la “Chaca”, el arroyo Tacuary, hasta llegar al antiguo local de la comisaría 5ª. Entre puentes y desniveles, existen dos grandes fracciones, la zona alta y baja, que a su vez se subdividen en tres sectores, 3 de Febrero, Oriental y Resistencia, con sus respectivos clubes homónimos.

Luego arribamos al clausurado local de la antigua bohemia de la zona, la parrillada San Miguel, convertida en un infranqueable paredón, cuya memoria quiere rescatarse a través de un mural. De pronto, una antigua casa señorial, que fue vivienda del ex presidente Liberato Rojas, provoca el asombro de muchos. Allí empezaron los sones de la bandita, anticipando el baile de las galoperas, que esperaban unos pasos más allá, a la vuelta del último pasillo del trecho.

Galoperas de Punta Karapã dieron colorido al recorrido por la Chacarita. Fuente: SNC

Con sus kambuchi en la cabeza y al paso de los bailes de la danza, las anfitrionas nos conducen a la barranca de Punta Karapã, la terraza de la Chacarita, donde José Trombón cambió el derrotero de nuestra música abriendo surcos como los cauces ahora entubados que hendían la ciudad. Allí funciona la Radio Comunitaria de la Chacarita y el Museo y Biblioteca José Asunción Flores.

En las vidrieras de lo que habrá sido el cuarto del maestro se exponen fotos, partituras, vinilos y recortes de periódicos alusivos a su carrera. Las galoperas danzan al toque de la bandita. “Dame un poco de agua fresca de tu cántaro de amor”, suena y suena ese estribillo cuando empiezo a recordar nuevamente a esa kuñataî.

Maneco no podía faltar. El Soy de la Chacarita estremeció a los que aún resistíamos los embates del Sol puesto a su punto máximo. En eso, un ju’i pakova salta de entre los barrotes y, como leyendo las expresiones mustias de mis cuencas perdidas en los lindes, me canta… “y mañana es volver a empezar… porque siempre empezar y volver a empezar esperando el mañana…”.

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