Sorpresas no tan sorpresivas

Opinión. Los liberales «ávidos de poder, cayeron en la trampa que les tendió el partido Colorado» (…) «no podrán sostenerse ya por mucho tiempo como segunda fuerza política».

Horacio Cartes tras el triunfo electoral. Foto: Fanpage de de Facebook de HC.

Resultados relativamente previsibles y novedades no tan sorpresivas. Por una parte la previsible victoria –pero imprevistamente indiscutible- de la ANR. Esta se viene de nuevo con su bagaje de retroceso social conocido: la cultura del prebendarismo, del autoritarismo, del compadrazgo, de la perversión, herencias del stronismo que se niegan a morir. Y con un presidente que llega en paracaídas. “Horacio Cartes no es colorado, jamás ha votado, no tiene ni la más mínima trayectoria política”, dijo Nicanor en su momento.

Pero el platudo puso plata. Y en torno a esos billetes, los colorados, una vez más, se han unido. Y se alzaron con el poder enseñando, de paso, a los liberales –sus burdos imitadores- lo que estos ya no van a aprender.
Y no van a aprender porque, a partir de ahora, comienza el desmembramiento azul. Se irán desmoronando sin remedio. No podrán sostenerse ya por mucho tiempo como segunda fuerza política, porque decepcionaron hasta a sus propios seguidores.

Ávidos de poder, cayeron en la trampa que les tendió el partido Colorado, convenciéndoles para que se prestaran a la maquinación y realización del golpe parlamentario que devino en golpe de Estado. Y, ya instalados en el Palacio de López, esperaron las elecciones, seguros de que alcanzarían fácilmente el triunfo. En medio de tal necedad, terminaron aliándose con el acaso más grosero de los movimientos que se hayan creado en los últimos tiempos en el Paraguay: el oviedismo. Y así les fue.

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