¿Somos mono o somos varios?

El slogan insistentemente utilizado por el partido colorado (ANR) desde hace varias elecciones, me remite a la cuestión de las fronteras culturales, “somos uno” contiene el mensaje del mono bloque.

Fuente de Imagen: http://portal.capitanbadonews.com

Una agrupación monolítica donde la mono-identidad no deja espacio a diferencia alguna. Un espacio raso y determinado donde la diversidad es comprendida como amenaza.

En la voz de “somos uno” subyace la posible confusión del concepto de unidad por el de unicidad, la unicidad al no contemplar la validez de las diferencias adquiere el aspecto de totalitarismo. La idea de lo total se asocia a “una noción filosófica que refiere al conjunto universalista que acapara todos los aspectos de una realidad. Dentro de un determinado contexto, lo total no deja nada afuera”.[1]

Así, dentro de esta demarcada superficie se ha intentado definir la paraguayidad mas noble y patriótica: el colorado pynandi, cuyo signo y significancia dista mucho de las figuras políticas que hoy lo representan, pienso en los líderes colorados vestidos de traje oscuro con corbata roja subiendo a blindadas camionetas importadas modelo del año. La relación de la representación esta aquí en juego, un juego que con los años se ha pervertido hasta tal punto que, nada tiene que ver el sujeto con su representante. Y sin embargo, desde los bordes de este estrecho espacio único, las miradas acechantes de «los otros», los demás que «no son uno», observan siempre silenciosas y obedientes su exclusión. La diferencia en Paraguay ha aprehendido a permanecer en el margen y en silencio, auto censurada, hasta casi su anulación.

Aquella respuesta que dio la campaña de la Alianza Patriótica para el Cambio (en diciembre del 2007) de “somos seis millones” anunciaba propiciatoriamente la ampliación de esta dimensión, nuestras rígidas fronteras de la tolerancia se relajaron un poco, tan solo un poco, para luego volver a restringirse de la manera más mezquina posible.

Las diversas ciudadanías que expresan la paraguayidad deben ser reivindicadas a través del reconocimiento de las distintas narrativas que componen la historia de la formación social del Paraguay; estas narrativas contienen otras miradas, diferentes comprensiones sobre mismos acontecimientos, los hechos acaecidos en el tiempo deben registrar lo vivido por todos los actores, las guerras deben ser narradas no solo desde la heroicidad de los militares, también desde los civiles, los indígenas, las mujeres, los migrantes, sujetos que desde otros lugares llegaron a habitar un tiempo en Paraguay.

El reconocimiento de la memoria colectiva conllevará la identificación de diversos grupos sociales, hoy en día invisibilizados por una narración única, la historia para todos contada solo por algunos. Este espacio-tiempo paraguayo necesita complejizar la simplicidad que hoy lo limita y que lo convierte en excluyente, intolerante. Configurar una nueva escena discursiva en la que se incluya a todas las voces, a todos los repertorios simbólicos que conforman el espacio paraguayo, de manera a generar identidades sociales diversas, coexistentes en su diferencia.

El repertorio simbólico por el cual se representa y expresa aquella mono identidad (una música, un color, un estilo), debemos pensarlo a la luz de algunos artículos de la Constitución Nacional:

“La República del Paraguay adopta para su gobierno la democracia representativa, participativa y pluralista, fundada en el reconocimiento de la dignidad humana” – Art.1 DE LA FORMA DEL ESTADO Y DE GOBIERNO

“Quedan reconocidas la libertad religiosa, la de culto y la ideológica” – Art. 24 – DE LA LIBERTAD RELIGIOSA Y LA IDEOLOGICA

“Toda persona tiene el derecho a la libre expresión de su personalidad, a la creatividad y a la formación de su propia identidad e imagen. Se garantiza el pluralismo ideológico.”- Art. 25 – DE LA EXPRESION DE LA PERSONALIDAD

“Todos los habitantes de la República son iguales en dignidad y derechos. No se admiten discriminaciones”Art. 46 – DE LA IGUALDAD DE LAS PERSONAS –

“Queda reconocido y garantizado el derecho de los pueblos indígenas a preservar y a desarrollar su identidad étnica en el respectivo hábitat. Tienen derecho, asimismo, a aplicar libremente sus sistemas de organización política, social, económica, cultural y religiosa, al igual que la voluntaria sujeción a sus normas consuetudinarias para la regulación de la convivencia interior siempre que ellas no atenten contra los derechos fundamentales establecidos en esta Constitución. En los conflictos jurisdiccionales se tendrá en cuenta el derecho consuetudinario indígena” Art. 63 – DE LA IDENTIDAD ETNICA –

“El Paraguay es un país pluricultural y bilingüe” – Art. 140 – DE LOS IDIOMAS

De esta manera la Constitución Nacional define al Estado paraguayo como “pluricultural”. Al amparo de estas declaraciones se torna más que difícil el manejo entre la administración del mensaje de unidad nacional, mediante la difusión y convocatoria de los símbolos patrios, y el fomento de la tolerancia y  respeto a la diversidad por parte de las instituciones del Estado.

En más de una ocasión en la historia del Paraguay sucedió que las nociones de estado y de nación fueron fundidas en una sóla idea, en la instancia de la administración de los dos objetivos señalados más arriba. Estos momentos, que por veces fueron muy prolongados, generaron exclusiones sociales. La reparación de estas exclusiones constituye un gran desafío para las instituciones del Estado y para la sociedad paraguaya.

Esta reparación se relaciona con el establecimiento de los derechos ciudadanos, de la implementación de los derechos culturales vigentes en Paraguay, mediante políticas públicas que tiendan a disminuir las distancias entre prácticas sociales y legislación nacional. Constituye un desafío a las políticas públicas propiciar espacios de participación ciudadana; espacios que tiendan a incluir las memorias no registradas, no reconocidas por la hegemonía de una narración total.

Las inversiones públicas que sostengan estas políticas deberán apuntar a flexibilizar las fronteras culturales, a ampliar la estrecha tolerancia que el ser social paraguayo tiene para los diferentes; la inclusión efectiva y respetuosa de los pueblos indígenas, la inclusión participativa de las ciudadanías, la validación de diversos mundos simbólicos mediante los cuales se identifica y representa la diversidad cultural que habita el territorio nacional.

Para concluir, subrayamos de nuevo que este proceso se basa en la necesidad urgente de re establecer la comprensión del concepto de la  “representación”. Mientras el ciudadano no esclarezca su relación de  identificación con sus líderes políticos, la distancia entre: los intereses ciudadanos y los intereses de los líderes políticos, seguirá generando el inmenso espacio vacío de los derechos ciudadanos en Paraguay.


 

 

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