Sobre nuestros hijos e hijas y sus derechos a no viajar como ganado

Todos conocen la expresión de “viajando como vacas”. Lo primero que se me viene a la mente son enormes transganados que no se acaban, olor a bosta y las cabezas y las colas, las cabezas y las colas… Entonces hago otra vez la parada y me subo, y si antes me causaban desesperación los niños y niñas que subían y bajaban de los colectivos en movimiento, ya sea trabajando o sin la compañía de un adulto en horarios jodidos, ahora se suman muchos otros factores.

Convengamos en que las paradas designadas para el transporte público se encuentran en pésimas condiciones, la mayoría no ofrece ni siquiera resguardo contra la lluvia o el fuerte sol (que todos sabemos no es el mismo de hace diez años) y que conseguir agua en las mismas, o a bordo de un bus equivale mínimamente a tener un 10 mil en el bolsillo. Ya que hablamos de pasaje de ida y vuelta (no contamos los trasbordos) y una botellita de 500 ml.

Sí, a 5 mil te venden una botellita de agua y no se puede jugar con la salud y la hidratación y vida de los chicos exponiéndolos al sofocante calor. Leía en otro medio digital hace poquito: “Queda prohibido en todo el país la práctica deportiva ya sea a nivel profesional, amateur y de escuelas de fútbol en los horarios de verano: desde el 1º de noviembre hasta fines de febrero de cada año, de 11 a 17 hs”. Creo que este horario debiera actualizarse.

Deshidratación, mareo, náuseas, golpe de calor, descompensación. Estos son algunos de los síntomas que aparecen en cualquier persona expuesta a elevadas temperaturas. Como ya sabemos siempre corren mayor riesgo las personas de la tercera edad y los más pequeños.

42 grados marcaba el lunes a las 17 hs a bordo de la línea 30. Pude contar de mi lado del bus 3 niños de menos de 5 años de edad y un bebe de meses. Madres e hijos viajaban durmiendo o desmayados. También se escuchaban niños parados que lloriqueaban enlazados a las piernas de algún adulto. Algunos viajan por horas , y apretujados con más de 50 pasajeros que le doblan en tamaño. A esto podría sumarse el tráfico caótico que los obliga a estar en una especie de lata de sardina, bajo el inclemente sol tropical, soportar los interminables semáforos y arterias principales que unen ciudad con ciudad.

Foto: Amadeo Velázquez.

Foto: Amadeo Velázquez.

Así viajan los más chicos en nuestro país, sin aire, sin agua y la mayoría de las veces sin la consideración por parte de los demás pasajeros. “El no paga pasaje todavía podes sentarle en tu regazo nomás para que se sienten los que trabajan y pagan” escuche que decía una inspectora de la línea 5 a una mamá con su niño.

Recuerdo un día ver subir a una madre con un niño de aproximadamente un año en brazos y otro de quizá de 3 colgado de una de sus piernas. Nadie le dio el asiento y como lloraron todo el trayecto del viaje de Asunción a Luque, la gente empezó a quejarse en voz alta. Otra señora, tal vez madre también decía: “A esta hora no se debería luego viajar con criaturas”.

Me pregunto: ¿Si tenes hijos tenes que quedarte encerrada en tu casa todo el día y no salir ni a trabajar y esperar que las cosas te caigan desde el cielo?. La gran cantidad de madres solteras del país pueden contarte otro cuento, igual este ya es otro tema.

Nos quejamos constantemente del comportamiento o de la violencia que domina a los más jóvenes, pero día a día ignoramos a los niños y niñas que utilizan, trabajan y viajan bajo el sol en nuestros transganados públicos. Llorando incluso de desesperación por el intenso calor, por el miedo a la velocidad, por ir parados y apretujados entre numerosos adultos sin poder respirar, sin una sombra amigable que los resguarde del sol cuando viajan a veces largos trayectos o simplemente porque a mamá no le sobra para la botellita del agua.

La situación de vulnerabilidad en la que se encuentran los niños, niñas y adolescentes que utilizan el transporte público en nuestro país debiera ser una prioridad del estado. No importa que no paguen pasaje o solo el medio cuando vuelven colgados de la escuela. Sinceramente creo que nuestros hijos e hijas tiene muchos derechos, y uno de ellos definitivamente debiera ser el no viajar como ganado.

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