Siria o el escenario de derrumbes hegemónicos y emergencias nuevas

Es difícil trazar prospecciones precisas de largo plazo por los múltiples recodos que tiene la historia, y que con variados ritmos van cambiando el paisaje político mundial. Hoy sin lugar a dudas, estamos asistiendo a una coyuntura mundial, en que se produce la mayor modificación  del mapa de correlación de fuerzas de los últimos dos siglos.

Fuente de Imagen: RIA Novosti / Andréi Stenin

A la caída de la Unión Soviética,  el espectáculo del planeta era el de un mundo mono-polar en que los EE.UU. quedaban solos para controlar los designios universales. Pero esa caída era además, el final de  un mundo dividido en dos polos con sus respectivas áreas de influencia, en un marco de tensiones consecuentes con guerras intermitentes, marco al que se dio en llamar “guerra fría”.

Cuando el paisaje universal daba cuenta de un solo centro de poder, no faltaron los cantos de sirenas que auguraban a los cuatro vientos el fin de la historia, que tendría como estación final un mundo hegemonizado por Estados Unidos en el marco de un imperio capitalista que a la sazón, ya tenía en su haber mucha hambre, exclusión y luto.

Pero el escenario en ese recodo por otro lado, estaba ocultando el derrumbe gradual y progresivo de ese aparente centro del universo, que se iniciara a principios de la década del 70 del siglo XX y que a la fecha de la caída de la Unión Soviética estaba  muy avanzado.

La lenta y progresiva caída de la hegemonía norteamericana

El 15 de agosto de 1971 podría ser considerado como una fecha hito o punto de inflexión en que se inicia la progresiva caída hegemónica norteamericana cuando el Pdte. Nixon decretara unilateral y arbitrariamente el fin de la convertibilidad dólar-oro, que regía hasta esa fecha conforme a los términos de los acuerdos de Bretton Woods en 1944, acuerdos que ubicaban a la potencia del norte en un sitial de privilegio consecuente de los altos dividendos logrados tras la segunda guerra mundial.

Pero ese sitial y ese privilegio debían llegar más temprano que tarde a encontrar su techo. Estados Unidos venía de embarrarse en la larga aventura bélica como fue la guerra de Vietnam y los costos corrieron por cuenta de una emisión monetaria desmedida desde la prerrogativa omnipotente de la Reserva Federal, órgano contralado por el gran capital financiero amparado por el Estado norteamericano, que se dedicó a producir los billetes de la moneda constituida en moneda de reserva.

Agosto de 1973 podría ser considerada otra fecha significativa de esa historia de derrumbe. En esa fecha aflora otro recurso de sobrevivencia hegemónica norteamericana cuando la misma acuerda con Arabia Saudita que la comercialización del petróleo se haría en dólares americanos, para dar lugar a lo que se conoció como “petrodólares”.  Esto obviamente provocó una desmesurada demanda de la moneda norteamericana estimulada por el aumento progresivo del precio del petróleo, demanda que a  su vez resulta  en grandes beneficios al cartel bancario norteamericano amparado por la Reserva Federal. La Reserva Federal era por lo tanto la que tenía la máquina de hacer la moneda de reserva y a su vez la institución al servicio de la banca que al fin y al cabo era prácticamente de su propiedad. Y fue a partir de principios de la década del 70 en que la banca encuentra la forma de hacer grandes ganancias en la especulación financiera. Es el comienzo de una gran desregulación que más tarde dará lugar a lo que se conoce como “financiarización” y que hará eclosión en el crack financiero del 2008, marcando el pico de una crisis que hoy parece irreversible. De hecho el desbarajuste estaba declarado; el proceso de la timba financiera era en la práctica inatajable. La derogación de aquella famosa ley Glass-Steagall del año 33 por parte del gobierno de Clinton en los años 90, no fue sino la formalización de una práctica que ya estaba muy  avanzada. Fecha al mismo tiempo, de la caída de la Unión Soviética.

La desregulación financiera  conjuntamente con la industria bélica alimentada por las guerras intermitentes de la guerra fría, no fueron sino  recursos de sobrevivencia hegemónica  para una potencia que fue víctima de las contradicciones de un esplendor alcanzado después de las dos guerras mundiales. Un esplendor marcado por tanto  por la especulación y la guerra.

La crisis de legitimación y una nueva correlación  de fuerzas

Pero el ocaso de ese imperio, que hoy se expresa en una crisis de consenso tanto a nivel internacional como al interior de su territorio, que ya no cree en los recursos retóricos de legitimación de una hegemonía  basada en una ecuación de dos términos: guerra-especulación financiera, le pone en serios aprietos para emprender  un nuevo intento de  capítulo bélico en Siria. Y al mismo tiempo de  esa crisis de legitimación, va dando lugar  a la emergencia de legitimación de aquel otro polo que aparecía  como  contrapeso en la guerra fría, Rusia. Rusia hoy se constituye en una potencia emergente de referencia de una creciente legitimación, al constituirse en mentor de la paz en medio oriente, cuando su propuesta es determinante para resolver la crisis de Siria y evitar la intervención solitaria de EEUU. Tan solitaria que hoy ya no cuenta con la OTAN ni con sus históricos aliados  europeos.  Una potencia cuyo declive se expresa en los titubeos de sus burócratas estatales, por ejemplo en la declaración en una rueda de prensa en Londres,  del Srio.de Estado John Kerry que de acuerdo a algunos analistas  tuvo un lapsus al manifestar que se podría dar la paz si Siria se sometía al control de armas químicas, después que su Pdte. Obama fuera tan categórico en cuanto a la inexorable intervención.

La rápida aceptación de Putin a la declaración de Kerry y con ello, la apertura de posibilidad e frustrar la nueva intentona bélica norteamericana, estaría dando cuenta de un punto de inflexión en una hegemonía que hasta este capítulo actuó con total discrecionalidad cada vez que, acorde con sus intereses, decidiera una acción militar desde su condición de primera potencia. Hoy por primera vez en su omnipotente historia, EEUU  adopta una actitud de repliegue, desistiendo de la intervención en Siria.

Titubeos y repliegue, metidas de pata o no,  por el lado de la decadencia de un polo que por primera vez debe desistir de una intervención bélica y emergencia por parte del otro polo, dan cuenta de la modificación sustancial del escenario mundial, cuando al lado de la legitimación rusa se yergue poderosa la próxima primera potencia mundial como es China.

 

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