Siempre de unos pocos

Tras el juicio político, la intolerancia y la confrontación verbal están en aumento en las conversaciones cotidianas, debido a las posturas mediáticas.

Ilustración de Charles Da Ponte. www.charlesdaponte.blogspot.com.

@SebasOcampos

Ayer, después de varios meses, visité al amigo Venancio, de la peluquería Alex, en barrio Jara, para que en unos pocos minutos diera una forma mínimamente presentable a mi cabello (a pedido de mis seguidoras y, bueno, también seguidores). Como en cada encuentro de corte, desde hace tres años, conversamos sobre los temas del momento o algo más interesante.

El tema obligado de ayer, por supuesto, fue el desquicio político. Apenas entré en la peluquería vi sobre el sofá el diario ABC Color, infaltable en el salón desde la vez primera que fui. Venancio habló sobre el tema casi con las mismas palabras de los titulares de ese medio. Yo me mantuve en silencio, pues lo que menos me interesa en la vida es empezar un intercambio de opiniones sobre algo muy manipulado con alguien que se encuentra a mis espaldas con una tijera y una navaja.

También me preguntó cómo me iba en el trabajo y le respondí que bien, a pesar de que me va del carajo en todos los trabajos, ya que así somos quienes incluso en la adversidad constante decimos que estamos bien, tranquilos. Entonces le devolví la pregunta y me dijo que muy regular. «El jueves y el viernes pasado no hubo nada.» ¿Y en esta semana? «Algo, pero no como siempre.»

Venancio, como incontables compatriotas, tiene una historia de vida excepcional. Desde niño debió hacerse hombre para mantenerse con vida y educarse, sin la ayuda de nadie, hasta que  logró convertirse en un padre responsable, una persona cordial y un trabajador humilde y honesto.

En la televisión, en Telefuturo, si hablaban del desquicio político –mientras mi cabello ya tomaba una linda forma–, lo hacía desde la perspectiva de la oligarquía. ¿Y cómo te informas de todo lo que sucede?, podría haber preguntado a Venancio para corroborar lo sabido, con ABC Color sobre su sofá y Telefuturo en su televisor, pero como aún tenía la tijera y la navaja en sus manos preferí no confirmar la obviedad.

No es de extrañar que unos hegemónicos medios de comunicación, con sus políticas de «Miente, miente, miente, que algo queda», impongan una opinión hermética a sus lectores y televidentes, opinión que en general está contra los intereses del propio trabajador, humilde, honesto y, claro, manipulado.

Las opiniones de la mayoría se forman con las opiniones de unos pocos. Entre los pocos se encuentran algunos que defienden sólo sus privilegios a costa de todo y otros menos que comunican sus reflexiones y análisis honestos de la realidad sin la misma estructura comunicacional, porque carecen de espacios y los medios independientes en el Paraguay son pocos y apenas cuentan con recursos.

Sí, tienen razón, ninguna novedad acabo de comunicar.  Pero en estos casos es muy necesario subrayar que la prensa empresarial nunca representó ni representará la voz de la ciudadanía. ¿Y por qué repito algo sabido? Porque lo más lamentable de todo este desquicio es la capacidad que tienen la política (corrupta) y sus medios de comunicación de dividirnos, poniéndonos frente a frente en discusiones acaloradas, denigrantes y estériles, defendiendo en muchos casos intereses ajenos a los de la mayoría, a los nuestros, con las propias palabras y los mismos seudoargumentos de la minoría privilegiada, que no tiene la menor gana de perder un solo guaraní en beneficio de la vida digna de otros.

No, yo no pienso entrar en ese juego planificado para dividirnos, menos si se trata de discutir con personas trabajadoras como Venancio. Sé que él continuará trabajando día a día para sobrevivir, mantener a su familia y educar a su hijo como mejor le parezca. Que él me diga que Chávez es demasiado soberbio y prácticamente el responsable de todo este conflicto impuesto y que Brasil, Argentina y Uruguay formaron de nuevo la triple alianza contra nosotros, no quebrará nuestra relación cordial, pues sencillamente sé que no son sus palabras, sino las de un medio oligárquico que trata a todos de títeres.

Tampoco lo haré con otras personas amigas reales y virtuales que buscan hablar de la realidad política también con los mismos argumentos que pretenden ponernos contra el mundo, porque desde hace una semana el mundo entero (a excepción del Vaticano y Taiwán) está contra el Paraguay. No pienso eliminar ni bloquear a nadie en las redes sociales por tener una postura de confrontación en esta situación peculiar en la que nos metieron a todos en unas pocas horas.

No, ese perverso juego de ponernos unos contra otros no me interesa. Prefiero, ante las personas amigas y conocidas que hacen eco de otra voz, guardar silencio, tratar sobre los temas que nos une (porque la vida no se resume en la política) y continuar mi labor comunicacional a través de los escasos medios a los que tengo acceso para publicar mi humilde reflexión y mis aportes literarios sobre lo que comprendo un poquito, pues a pesar de todo el factor humano está por encima de la opinión, la discusión y la busca de violencia verbal (y física) del momento, más aún en situaciones políticas como la que (sub)vivimos desde hace una semana por culpa de unos pocos, siempre de unos pocos.

Nota: relato con toque de ensayo escrito y publicado el viernes 29 de junio de 2012 en facebook.com/sebas.ocampos.

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