Si pudiéramos volar (en la Semana del Teatro)

Una obra hermética, como hermética puede ser la vida misma, y sobre todo la vida de Alejandra Pizarnik. La niña pájaro es un juego poético, de gran textura estética, que recorre con acierto el mar y la oscuridad como puntos de fuga permanente en la vida de Alejandra, tan alejada de la certeza y en crisis permanente con una modernidad que de niña te vuelve anciana, muriéndose las flores en las manos, “porque la danza salvaje de la alegría les destruía el corazón”.

Tessa Rivarola y Eduardo García despliegan en código metáfora el mundo Pizarnik. Es su mayor acierto, porque el lenguaje es la ropa salvaje de Alejandra. Ella lo ha dicho: “Voy a ocultarme en el lenguaje porque tengo miedo”. Pero también es su mayor limitación. Para meterse en el mundo propuesto por Rivarola y García hay que conocer algo de Alejandra, sus poemas, sus sentencias, su vida. Y a Alejandra no se la puede conocer a vuelo de pájaros.
El pájaro aparece como alter ego, también como espejo, sombra y celda. No podemos volar. Esa es la cruda realidad. “La jaula se ha vuelto pájaro y se ha volado y mi corazón está loco porque aúlla a la muerte y sonríe detrás del viento a mis delirios”.
Estamos condenados a arrastrarnos, cantando a la memoria, pensando en olvido. Así, “la mano de la enamorada del viento acaricia la cara del ausente. La alucinada con su «maleta de piel de pájaro» huye de sí misma con un cuchillo en la memoria. La que fue devorada por el espejo entra en un cofre de cenizas y apacigua a las bestias del olvido”.
Una experimentación lúdica con títeres y muñecos gigantes marca puntos de inflexión en ese entramado hermético del universo poético pizarniano.
Cualquier abordaje de Pizarnik es una tarea muy pretensiosa. Niña pájaro logra penetrar en la atmósfera y el velo vitales. Una obra que nos devuelve a una cumbre poética, que aletea el abismo con máscaras del infinito para romper “el muro de la poesía”.

Ficha técnica
Guión y dirección: Tessa Rivarola y Eduardo García.
Visualización: Mauricio Rial Banti.
Musicalización: Rolfi Gómez.
Vestuario: Carmen Soledad González.
Fotografía: Juanjo Ivaldi.
Asistencia técnica: Paula Bozzano.

Comentarios

Publicá tu comentario