Sentirse ungido no es ser elegido

Opinión. «En el prontuario de Federico Franco nada hay que lo destaque como un triunfador político con relevante apoyo ciudadano».

Federico Franco. Imagen: presidencia.gov.py.

Desde su dudosa ventaja en puntos sobre Mateo Balmelli, para designar al compañero de fórmula presidencial, hace cinco años, anticipo de su estrepitoso fracaso como segundo del Ejecutivo que abonó su derrota de hace dos meses en la consulta interna liberal, sumado a la pírrica victoria de ahora contra Fernando Lugo, en el prontuario de Federico Franco nada hay que lo destaque como un triunfador político con relevante apoyo ciudadano.

Nunca ha sido elegido con legitimidad popular a la cabezade los mandos que ha ocupado, desde intendente hasta gobernador, pasando por el legislativo, y ahora por el ejecutivo, porque siempre su nominación ha sido fruto de las transas, trampas y corrupción de los mecanismos electorales y burocráticos que tienen más de un siglo en este país.

Desde el 22 de junio, con la expresión de goce de un niño con un lindo juguete nuevo, está sentado en el muy añorado sillón de López (el Mariscal Francisco Solano, héroe nacional, que se inmoló por la Patria en 1870, al término de la infame Guerra de la Triple Alianza, desatada por Brasil, Argentina y Uruguay contra el Estado Republicano más avanzado de la región, que no podía soportar la potencia mundial de entonces, el imperio británico).

Paraguay vive hoy horas complicadas, con un gobierno ilegítimo, que arrancó con altanería y gruesas mentiras, prometiendo irresponsablemente cumplir un programa de beneficios sociales calcado de la saboteada plataforma de la Alianza Patriótica para el Cambio (APC), que ganó las elecciones en abril del 2008 y puso fin a seis décadas de gobiernos absolutistas del Partido Colorado.

Dos diferencias solamente, aunque podrían tener mucha trascendencia inmediata para el país y para la región, separan las posturas del equipo entrante con el desplazado, y ellas son la amplia apertura que se ofrece ahora al capital privado transnacional para operar en Paraguay y el renovado acercamiento con Estados Unidos, al extremo que desde el Parlamento se está pidiendo a Washington que instale una base militar en el Chaco, con vistas hacia Argentina, Bolivia, Brasil y Venezuela.

Altaneras y hasta provocadoras han sido las primeras declaraciones de exponentes del gabinete de Franco, amenazando con terminar “por la fuerza, si necesario”, con las invasiones de tierras fiscales por familias campesinas pobres. Hoy estalló de nuevo, dando un plazo de 24 horas al gobierno,la reivindicación de miles de hectáreas, ocupadas ilegalmente en Ñacunday, este del país, por un testaferro de origen brasilero, donde meses atrás fue escenario de enfrentamientos entre la policía y los llamados carperos.

Alrededor de cinco mil personas, expulsadas de sus parcelas por el avance de los sojales, han retornado al sitio y reclaman parte de las tierras fiscales, alrededor de 12 millones, que usurpan grandes productores de soja y ganado, mayoría extranjeros,con fuerte presencia de brasileros, a menudo llamados brasiguayos que, a mi entender, es una nominación errónea porque esa identificación podría darse a quienes han nacido en este país, pero no a los terratenientes que viven en Brasil, y desde ahí dirigen sus propiedades que tienen en Paraguay, donde ni siquiera pagan impuestos, producto de su vieja complicidad con el Estado.

La soberbia manifestada en declaraciones oficiales y ungida a profusión por los medios de la comunicación empresarial, está alentando la xenofobia, repicando sin cesar que “ha vuelto la Triple Alianza”, y el lenguaje anticomunista propio del estronismo ha reaparecido con fuerza con las etiquetas de zurdos, castristas, bolivarianos, chavistas, marxistas, etc., llegando al de asesinos, vomitado contra partidarios del proceso de cambios y funcionarios de los organismos de la presidencia de Lugo que, en alto porcentaje,están siendo expulsados de su trabajo, en grosera persecución ideológica.

Federico Franco, tal como lo reconocen públicamente miembros de su propio partido, personalidades diversas, gente común consultada por periodistas, entró a la presidencia con mentiras, pues en su discurso del uno de julio ante el Parlamento afirmó que se había terminado el nepotismo, el gobierno de parientes y amigos, pero en ese mismo momento ya había firmado la designación defamiliares en cargos importantes.

El caso más sonado y que es rechazado casi unánimemente, incluso por la prensa partidaria del golpe, tiene por protagonista a  una de sus cuñadas, Mirta Vergara, esposa del Senador liberal Julio César Franco, nombrada Consejera en la Binacional Itaipú, una suerte de fábrica de barones y baronesas, que se mantiene con la misma corrupción que hace 35 años impuso el General Alfredo Strossner.

Nombrada Embajadora en Uruguay por Lugo y de inmediato destituida, en una de las tantas contradicciones del ex Obispo, Vergara de Franco percibe también otro grueso salario en el Tribunal Electoral, en franca violación de la ley que prohíbe acumular doble empleo en la función pública. Un primo de Franco fue nombrado al frente de la Secretaría de Acción Social.

En este momento, se observa un país entristecido, sorprendido buen porcentaje de la población por la interrupción del Gobierno de Fernando Lugo, elegido por amplia mayoría  en abril del 2008 en un acto de los más democráticos que ha conocido el país en sus 200 años de República, cuando faltaban apenas nueve meses para el próximo sufragio.

A los enemigos del proceso de cambios que vivía el país, aunque con impericia e ineficacia,uno de los elementos que más preocupaba y preocupa es el cambio de mentalidad social que se expresa claramente en el ejercicio cívico crítico de la situación, en particular por ramas de  la juventud  que hoy se movilizan contra el golpe.

En el quiebre institucional y la asunción del Vicepresidente, dando apariencia legal al golpe, aunque Franco ha sido calificado de “usurpador” por su correligionario el Magistrado Luis Claude, ha obrado un conjunto de fuerzas que van desde agencias de la estrategia norteamericana contra la integración y autonomía regional, hasta servicios de las corporaciones transnacionales del agronegocioy el sector nacional más cavernario, con la derecha católica en punta.

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