Semillas: historias y vida

La semana de la semilla se realizó desde el lunes 30 de mayo hasta el 1 de junio.

Fuente APE

Una discusión mundial se da en torno al hambre y a la llamada soberanía alimentaria. Las multinacionales han patentado las semillas para lucrar a expensas de las culturas milenarias, a las formas de vida y alimentación de los pueblos campesinos e indígenas de todo el mundo.

En el marco del proyecto “¡Heñói jey Paraguay! Nuestra semilla, nuestra soberanía. Proyecto de Inventario de Germoplasmas de importancia en la Agricultura Familiar Campesina” que lleva adelante el Servicio Nacional de Calidad y Sanidad Vegetal y de Semillas (SENAVE), con el apoyo de la Itaipu Binacional, se busca revalorar las culturas campesinas e indígenas en torno a las semillas en el Paraguay.

La Semana de la Semilla Paraguaya, que tuvo espacio entre el lunes 30  de mayo  y se extendió hasta el miércoles 1 de junio, se expusieron aproximadamente mil especies entre semillas nativas y criollas, y remedios yuyos del Paraguay.

Un tubérculo con historia en la Guerra del Chaco

Según los indígenas del Chaco, el yvy´a es el alimento que salvó a los soldados paraguayos durante la contienda de la Guerra del Chaco con Bolivia. La expositora indígena Elvina Sosa, viajó desde la comunidad Guaraní Ñandeva de Pycasú, distante a 700 kilómetros de Asunción, ubicada en el Departamento de Presidente Hayes, para exponer sus productos. El más vistoso: un tubérculo cargado de líquido, conocido con el nombre de “Yvy´a”(fruto de la tierra).

Elvina refirió que este tubérculo salvó la vida a muchos soldados paraguayos durante la guerra del Chaco. Según el conocimiento popular de su comunidad, durante la guerra, los soldados debieron aplacar la sed con el líquido del yvy´a, cuya forma es parecida a la mandioca.  “Se corta la fruta y se le saca el jugo. Se puede también hacer postre con el fruto. Mi suegro ayudó mucho a los soldados. Nosotros somos celosos de nuestro pueblo, de nuestro territorio. Esto nos salva porque contiene agua”, describió Sosa..

Elvina Sosa refirió que durante la guerra, los soldados debieron aplacar la sed con el líquido del yvy´a, cuya forma es parecida a la mandioca. Fotografía de Roberto Acosta para IB

La expositora explicó que el mangarayety, otro tubérculo parecido a la papa “Es cosechada dos veces al año. Para cocinar se  le pone encima del fuego preparado en el suelo. Al día siguiente se saca de entre las cenizas y ya se puede consumir”.

Elvina Sosa se explayó sobre otro alimento natural, que los Guaraní Ñandeva consumen en la zona de Pycasú en el árido Chaco. “De las hojas de caraguatá, también se pueden hacer jugo. Y de la raíz, se pueden hacer galletas”, explicó.

Botella de plástico: silo del campesino.

La conservación de las semillas para las cosechas siguientes tiene sus historias. Anteriormente, el maíz se ponía al sol de día y luego, por las noches, se debía resguardar de la humedad del rocío, por lo que llevaba una importante inversión del tiempo del campesino/a en ese proceso, volviendo el cuidado de la semilla una cuestión de futuro. En torno a ese proceso que de repetición se volvió casi un ritual, también fueron tejiéndose mitos que muchas veces refuerzan algunas culturas.

La mujer siempre tuvo un rol fundamental en la conservación de la semilla, aunque muchos de los mitos refuerzan su condición opresión y la cultura machista de la sociedad: Hasta hoy existen mitos en torno a la conservación de las semillas y la mujer, especialmente relacionadas a las manifestaciones del cuerpo de la mujer, por ejemplo que las semillas cosechadas o preparadas por una mujer en estado de embarazo o una mujer en periodo de menstruación no germinan, etc.

Vidalia Benítez explica Aquí venimos a mostrar cómo las mujeres campesinas queremos y mantenemos nuestras la semillas nativas y criollas. Fotografía de Roberto Acosta para IB.

El tiempo ha derribado algunas falsas suposiciones. Hoy, las mujeres han tomado espacio en las organizaciones campesinas del Paraguay, pese al machismo imperante.

Vidalia Benítez, coordinadora de las mujeres campesinas del Movimiento Campesino Paraguayo (MCP), explicó que las semillas son esenciales para las campesinas porque ellas  representan la soberanía. “Aquí venimos a mostrar cómo las mujeres campesinas queremos y mantenemos nuestras la semillas nativas y criollas, porque la consideramos que es muy importante y estamos exhibiendo nuestra producción aquí”, sostuvo Benítez al tiempo de explicar que a pesar de lo costoso que es dejar los hijos, la familia y los animales para la mujer campesina, también están organizadas. “Venimos desde 13 departamentos. Aquí nosotros traemos maíz blanco, maíz rojo, maíz tupí, habilla, locro, arroz, maní, una cosa variada”, explicó.

Benítez mostró cómo se conserva el maíz en el campo. Las botellas de gaseosa y agua se reciclan para conservar las semillas. “Esto es el silo del campesino. Es diferente al silo de los sojeros, que tienen plata. Pero aún, con los bajos recursos, nosotros buscamos las formas para mantener nuestras semillas. Con esto nos dura 3 o 4 años”, expresó.

¿Sabían de ellos y ellas, de los indígenas y  de las tunas que  se comen como naranja?

“Nosotros trajimos tuna. Existen varias clases de frutas de tuna. Algunas se comen como la naranja, se pela y se come. Otras, se deben hervir como la mandioca”, cuenta Martina Ozuna al tiempo de precisar que vino en compañía de Isabel Escobar para representar a la comunidad Esperanza del Chaco. Estas mujeres pertenecen al pueblo indígena conocido como Enxet. Martina comentó que muchos de los alimentos que consumen son frutos naturales del bosque chaqueño, aunque otros sí se cultivan.

Martina aprovechó la oportunidad para decir que en su comunidad se necesita la atención del Estado, ya que  su comunidad está distante a unos 45 km de la ruta y se encuentran en el olvido.  “Nunca el Ministerio de Agricultura vino a hablarnos sobre cómo hacer ñemity (siembra) y en nuestra comunidad hace falta, es necesario porque tenemos varias necesidades”, expresó.

La cultura, la trasmisión y los laboratorios

“Trajimos 100 especies aproximadamente del Chaco. Desde frutos del cactus en el monte,  hasta semillas que se cocinan y se conservan y son utilizadas como remedios para las diarreas”, comentó Patrocinio Goosen, de la comunidad Yalve Songa de Boquerón, ubicada en el kilómetro 420 en la Ruta Trasnchaco.

“Hemos hablado para charlar con los ancianos, porque nosotros que somos jóvenes tenemos que saber la cultura de nuestros antepasados. Por momentos, casi se perdió nuestra cultura, ahora tenemos más consciencia y tenemos que mantener, así hablamos en mi comunidad”, explicó.

“Hay cosas que se conseguía en los montes, como el ají silvestre, por lo que con la tala de bosques afecta nuestra alimentación, pero hay cosas que plantamos, como la batata”, comentó el joven Patricio Goosen al explicar que incluso trajeron una planta que cuya fragancia espanta a los mosquitos. Muchos laboratorios saben lo que valen las culturas de los indígenas y cuando saben de alguna comunidad que tiene remedio para espantar a los mosquitos del dengue, pronto los visitan con algún espejito. Es por ello que el Estado Paraguayo tiene una deuda en cuanto a las políticas públicas de rescate cultural.

Los campesinos e indígenas del mundo ponen a disposición de la humanidad gratuitamente sus culturas, pero las multinacionales están al acecho. Defenderlas hoy, es defender nuestro futuro.

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