Se suicidó la ideología

¿Se nace mujer? ¿Se nace hombre? ¿Llega uno a serlo? ¿Son naturales los sexos? ¿Es la homosexualidad una enfermedad? ¿Nacemos heterosexuales? Son algunas preguntas que  surgieron y han alimentado el debate, de lo que se da por llamar ideología de género, la que a estas alturas, ya se habrá suicidado varias veces, o la hemos matado y revivido tantas otras. Estas son algunas reflexiones sobre un tema complejo y amplio, para un debate necesario que como sociedad, deberíamos seguir teniendo. Análisis.

imagen: Pixmac.es

Tengo que confesar que una llamita se me enciende por dentro en las discusiones,  y se vuelve una llamarada, cuando escucho lo que últimamente llaman “ideología de género”. Es que la teoría de género enciende pasiones, porque cuestiona aquello que se afirma como una verdad “natural”, pero la vida nos demuestra cada día, que aquella naturaleza encierra muchas dudas que no suelen tener respuestas tan “naturales”, ni simples.

En este debate, se confunden nuestra cultura, creencias, nuestros propios deseos, historias de vida, experiencias sexuales, sentimentales, románticas, opresiones y mucho más. Estos pensamientos tienen una historia construida y plasmada en normas institucionales, ya sea en las religiosas (en donde se habla de creencias), en las médicas (donde se habla de patologías), del derecho (donde se habla  de penalizaciones), en la educación (donde se habla de trastornos) y otras. La teoría de género cuestiona “lo natural” del sexo, las identidades sexuales, femeninas, masculinas, ser hombre, ser mujer, etc. desmantela “aquellas verdades” al proponer que éstas, son construcciones, ficciones, sociales y políticas[1]. Pero justamente, esa es la disputa de fondo con otras teorías y creencias  religiosas, que están en contra de ella.

El debate, los debates

Uno de los debates sobre la teoría de género en nuestra sociedad, se ha dado alrededor de la propuesta del Marco Rector Pedagógico para la Educación de la Sexualidad Integral, del Ministerio de Educación y Cultura (MEC), que no fue aprobado. En él surgieron varias opiniones, veamos.

Por un lado están las ideas de la religión católica, de donde vienen las creencias de muchas personas y sectores, siempre considerando la matriz cultural colonizadora por siglos, de esta religión. Ellas afirman que el sexo es natural, de ahí que existan solamente dos sexos: hombre y mujer; además de que el único fin de la sexualidad es la procreación, siendo la familia (de hombre y mujer) también una unidad natural, y el único marco posible para la sexualidad. Por lo tanto, todo lo que no se enmarque en estos fundamentos, va en contra de la naturaleza. Y me refiero a todo (sexo no reproductivo y fuera del matrimonio, parejas del mismo sexo, travestismo, transexualidad y otras prácticas sexuales e identidades que salen de “lo natural”). La forma de vida, para quienes siguen estos fundamentos morales, pero no sus prácticas sexuales, es la doble moral. Varios sectores que estaban en contra del Marco Rector, defienden estas ideas, como algunas asociaciones de padres, ciertos grupos religiosos, entre otros.

Por otro lado, están las diversas voces del movimiento feminista y de DDHH, con sus diversas corrientes de pensamientos y acciones que defendieron el Marco Rector basado en la teoría de género. Ellas, han afirmado que la propuesta no habla de matrimonio homosexual ni de la despenalización del aborto, y en algunos casos que nada tiene que ver con los derechos de homosexuales.

Tengo la impresión, que el miedo se coló en este discurso, que cayó en su trampa. Porque evidentemente, con una política pública es imposible cambiar  o aprobar leyes, pero también es obvio que con ella se puede contribuir a generar las condiciones para cambiar leyes, de eso también se trata. Para mí, es indiscutible que una política como ésta, al basarse en un enfoque de derechos humanos, desde una perspectiva de género y contra toda forma de discriminación, sí debería ser un paso más para llegar al reconocimiento de otros derechos, como pueden ser el matrimonio para parejas del mismo sexo, la identidad de género independiente del sexo, así como la despenalización del aborto. ¿Por qué no defender todos los derechos con todas las letras? Ahí, es donde se filtra el miedo.

La mayoría de las personas no quieren ser asociadas a las “perversiones sexuales”, a lo raro,  parecería que la meta en la vida es “ser normal”. Romper con las normas establecidas puede tener consecuencias terribles para la vida de las personas. Te comienzan a mirar mal, cuesta más conseguir trabajo, tu familia puede dejar de hablarte, etc. Y también se genera en los otros un miedo a que “a mí que soy normal” me pase esto, confrontándolos además con sus deseos y dudas. Un amigo trans me dijo una vez: “es que nosotros atacamos el pudor de la gente”. Ser feminista, tampoco te libra de sentirte cuestionada, porque, contrariamente a lo que se cree desde el prejuicio, en Paraguay, muy pocas feministas se identifican como lesbianas y muy pocas lesbianas son feministas.

Por otro lado, las organizaciones del movimiento de lesbianas, gays, bisexuales y personas trans (LGBT), han apoyado la aprobación del Marco Rector sin críticas que fueran visibles, lo que sí reclamaron es la participación en el proceso de elaboración de esta propuesta de política pública. Ya que no existieron espacios de participación abiertos a las organizaciones sociales en su diversidad en donde discutir la propuesta, así como tampoco iniciativas de parte de las organizaciones sociales ni de responsables del MEC, involucradas estas en el proceso de elaboración del Marco Rector, para acercarse y establecer otras alianzas que pudieran dar más fuerza a la propuesta. La falta de apertura a la participación y las alianzas con otros sectores (no solamente el LGBT), contribuyó a que la propuesta llegue con muchas críticas, y pocas voces que puedan defenderla, especialmente de las fuertes acusaciones de las organizaciones religiosas. Parecería que todavía cuesta entender que, para contrarrestar “lo que dice la palabra de Dios”, se necesitan de todas las voces terrenales posibles ¿no?

No era ni fue, tan simple…

El concepto de género apareció como entidad psicosocial por primera vez en el área de las ciencias médicas, a mediados del siglo XX, para explicar aquello que se denominaba “aberraciones sexuales”[2]. Antes de eso, según esta misma autora, que realiza una cronología del travestismo, los primeros registros sobre las “aberraciones sexuales” vienen del Derecho Penal. Es decir, las instituciones médicas empeñadas en explicar estas desviaciones, que estaban penalizadas, las comenzaron a estudiar, y en este proceso fue que nació el concepto de género (por decirlo resumido y corto).

Es así que este concepto,  desde sus inicios estuvo relacionado a la sexualidad y más concretamente a lo que se denominaba “aberraciones sexuales”. Las teóricas feministas, tomaron la distinción entre sexo y género, de la sexología, y la usaron para desarrollar explicaciones sobre la opresión de las mujeres, el sexo fue definido como biológico y fijo, por lo tanto las “desviaciones sexuales” quedaron fuera de su mirada[3].

No se nace mujer, llega una a serlo”, como escribió Simone de Beauvoir, en su magistral obra El segundo sexo, creo que ella necesitaba ponerle palabras, como pensadora y filósofa que era, a lo que vivía en su existencia desde su ser mujer. Fantaseo con la idea de que a ella también algo se le encendía por dentro, porque no le gustaba el lugar donde la ponían, siendo tan inteligente, igual o más que su pareja el filósofo Jean Paul Sartre. Pienso que habrá sido parecido a aquel ardor que corría por mis venas (desde niña), y llegaba a mi boca para protestar, cuando me decían: eso no es para nenas, eso es de los nenes. Cada día cuando me recuerdan mi lugar “por ser mujer” siento lo mismo.

La teoría de género fue y es la herramienta teórica del movimiento feminista internacional, con la que se ha demostrado el lugar de subordinación de las mujeres con respecto al de los hombres, en ella se han basado muchas de las acciones y cambios logrados. Hoy forma parte del marco conceptual que da sustento a las políticas públicas, que muchos Estados, a lo largo y ancho de la geografía mundial, han adoptado para alcanzar la igualdad entre mujeres y hombres. Ha sido incorporada también, por la Cooperación Internacional, la mayoría de las Organizaciones No Gubernamentales, parte importante del movimiento social, como el sindical, el campesino, el estudiantil y otros. Lo que ha sido este camino recorrido,  liderado por el movimiento feminista denominado el de la igualdad y/o institucional, sus logros, sus críticas, avances, etc. es otro debate muy importante.

Asistí a varias capacitaciones con feministas, de Paraguay y otros países, en donde las explicaciones sobre género y sexo, eran las mismas. El sexo es biológico, no cambia, el género es social y cultural y se transforma con el tiempo, por eso: “No se nace mujer, llega una a serlo”. Para mí, en el fondo, se abría una incertidumbre con un gran signo de interrogación,  especialmente cuando surgían las preguntas temerosas y en voz baja de parte del público (y las mías propias), sobre ser travesti, transexual, homosexual. Pero como yo creía que ese feminismo y su planteo era la gran propuesta para la liberación de todas las mujeres, por mucho tiempo subestimé mis propias preguntas. Y algo que el feminismo me dio, es tener la fortaleza necesaria para creer que mis preguntas son importantes.

Por eso, le hice caso a mis preguntas y seguí mi búsqueda. Así me encontré con autoras y autores, y muchas otras corrientes del mismo movimiento feminista (de ahí vienen los feminismos, así en plural) que criticaban el esquema binario en el que se basaba una de esas corrientes feministas. Como por ejemplo, el movimiento de feministas negras, feministas lesbianas, feministas socialistas, anarquistas, indígenas, así también a activistas travestis, intersexuales hombres trans y de la teoría y el movimiento queer, entre otras. Todas ellas cuestionaban estas bases teóricas, por ser excluyentes. Ya que en este esquema binario, se invisibiliza y niega la complejidad de las diversas opresiones de las mujeres según su clase, origen, opción sexual y otras, así como la de otras identidades sexuales y de género. Se cae en lo mismo que se critica, ya que se esencializa el cuerpo, la anatomía, negando la diversidad humana.

Me di cuenta que este esquema, si bien servía para cuestionar aquel lugar de opresión, de servilismo violento y agresivo para las mujeres, al mismo tiempo, negaba nuestras subjetividades, nuestras diferencias como seres humanos, dando certezas binarias y comprimidas. Las respuestas que se daban eran  incompletas, y muchas preguntas quedaban sin formularse.

De la cárcel, al consultorio médico y a las calles

Así, varias feministas han tratado de desmarcar el concepto de género de “las aberraciones sexuales”, cuando ese concepto nació para explicar a éstas, como se nota en el debate del Marco Rector. Imposible callar las otras voces, el concepto de género abre muchos debates, no sólo el lugar de las mujeres. Varias autoras y activistas trans, afirman que el surgimiento del concepto de género en la sexualidad, contribuyó a que ellas salgan a las calles por la defensa de sus derechos, parece que hay muchas conexiones que se tejen silenciosamente, y que luego podemos verlas.

Una de las primeras reivindicaciones del movimiento homosexual a nivel internacional fue la lucha por la despatologización de la homosexualidad, ya que existían “terapias psicológicas” para curar lo que se consideraba una enfermedad, que incluían electroshocks y violaciones/abusos sexuales para reencausar el deseo sexual hacia “la normalidad mental y sexual”. Aún hoy existen casos en Paraguay y el mundo, de personas que son tratadas en este tipo de terapias.

La homosexualidad se encontraba categorizada en la lista de enfermedades mentales, la Organización Mundial de la Salud (OMS), la eliminó de su listado de enfermedades en el año 1990. Hasta hoy la transexualidad, el travestismo y también la intersexualidad están incluidas en el DSMV (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Transtornos Mentales)[4], ahora como disforia de género, anteriormente como trastornos de la identidad de género. Hoy sigue la misma lucha, que propone la despatologización de las identidades trans, es decir, que sean excluidas de este manual, al igual que lo fue la homosexualidad. También, en muchos países, como por ejemplo Estados Unidos, hasta hace relativamente poco tiempo, existían leyes que penalizaban  la homosexualidad.

¿No habrá revolución, es el fin de la utopía?[5]

Si alguna certeza tengo, es que el debate sobre la teoría de género, lo que ella despierta y pregunta, es complejo, difícil, por momentos hasta shockeante, por eso también muy apasionante. Y más que dar sentencias y verdades sobre los temas que propone, deberíamos poder preguntarnos, reflexionar, para luego actuar, y dejar las certezas que nos están haciendo daño como sociedad (pienso en los embarazos adolescentes, las muertes por abortos clandestinos, los asesinatos de travestis, entre otros).

Tendríamos que poder ponernos de acuerdo, respecto a los límites que se marcan e inscriben sobre nuestros cuerpos, fundamentalmente para que todas las vidas de los seres humanos sean posibles de ser vividas, no solamente las que cada uno cree, individualmente por su creencia, experiencia, deseo, o en lo que se base su opinión.

Abrirnos a la incertidumbre, desterrar los miedos y las culpas que aquella colonización de siglos nos legó, y que siguen ancladas en lo profundo de nuestro ser. Porque aún así, nuestras utopías, siguen más vivas que nunca, sin ideología o con ella.

 

 

 



[1]Entrevista a Beatriz Preciado, http://www.youtube.com/watch?v=VtIKD7DOomA (en línea 9/12/2013).

[2] Fernández, Josefina. Cuerpos desobedientes. Travestismo e identidad de género. IDAES, Edhasa, Buenos Aires, 2004.

[3] Ídem, Fernández.

[4] Este es un manual publicado por la Asociación Americana de Psiquiatría (APA), utilizado como guía para la psiquiatría y psicología. Cada cierto tiempo es revisado y actualizado, este año fue aprobado el DSM V, en donde se cambió la definición de transtornos de identidad de género por disforia de género, referidas a la transexualidad, travestismo, y en este último, también fue incluida la intersexualidad.

[5] Como dice Joaquín Sabina en su Muro de Berlín.

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