Se disfrazaron uno del otro

Paraguay y Venezuela intercambiaron roles históricos.

Dejaron la impresión de que a la selección de Martino le falta mucho para sustentar el aparato publicitario.

El gol de Salomón Rondon. Foto: AP

Se me ha vuelto difícil definir a esta selección. El otro día la catalogaba de contradictoria: jugó los dos anteriores partidos mejor que en los últimos años, agresiva, con pocas pero algunas variantes en ataque, con Santa Cruz prendido; pero no ganó, por falta de coraje y de decisión defensiva. Lo de anoche fue desconcertante de principio a fin.

Con los mismo once que jugaron y bien desde el incio contra Brasil, Martino armó otro equipo. Cambios posicionales que superan mi capacidad de comprensión, presentaron un equipo incómodo e inseguro. Y a Venezuela, un equipo joven que ha dado pasos sólidos, no le costó complicar con un recurso tan usado por la albirroja, la presión ante una defensa desordenada y lenta.

Curiosamente, este equipo sin salida clara, sin defensa sólida, con el mediocampo y la delantera empujando sin demasiado orden, logró lo que faltó en los demás partidos, estar en ventaja de dos goles y sin merecerlo. Mérito de los futbolistas paraguayos y desatenciones de los venezolanos, que plácidamente fueron compensadas en los últimos cinco minutos del partido.

Estos dos equipos dieron la sensación de intercambiar roles históricos a lo largo del partido, pero apreciablemente al final, cuando los albirrojos se asemejaron más a los inocentes equipos venezolanos de décadas pasadas, mientras los de la vinotinto pusieron garra y fútbol, y terminaron apretando y vulnerando a un timorato Paraguay. Por primera vez desde que tengo memoria, Paraguay se deja empatar sobre la hora, no uno, dos partidos.

Se clasificó por diferencia de goles sobre Costa Rica como segundo mejor tercero. O sea, octavo entre doce. El fin de semana la selección juega ante Brasil su karma en la Copa América: en el formato actual no ha pasado de cuartos ni de local. La última vez que llegó a semis fue campeona. Y sí, en una copa sin equipos superiores se prevén varias tandas de penales y el lugar común del «cualquier cosa puede pasar» tiene cabida, plenamente. Con respecto a Paraguay, para el vaso medio lleno queda el cómo se jugó en los dos primeros partidos. Para el medio vació ya sabemos.

De los últimos ocho partidos oficiales, la selección paraguaya ganó un partido, perdió otro y empató los seis restantes. De los rivales que enfrentó, tres tienen mayor historia y jerarquía: Brasil e Italia, sendos empates y España, derrota. Los otros cinco rivales eran de igual o menor jerarquía e historial, solo se le ganó a Eslovaquia. Que el circo mediático y publicitario que se arma gracias a nuestra debilidad de hinchas no nos nuble lo que hemos, o no, conseguido en la cancha.

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