Sacerdote católico desafía a mafia de Calabria y se muda a una de sus casas confiscadas

El sacerdote que se convirtió en un símbolo de la resistencia civil contra la mafia en el país.

En su campaña contra la mafia del país, un sacerdote católico Giacomo Panizza junto con un grupo de incapacitados en sillas de ruedas se mudó a una casa en Calabria, sur de Italia, que había sido confiscada al crimen organizado, informaron medios internacionales de información.

Panizza que describió su oposición a la mafia en un libro muy popular en Italia, declaró que la adaptación de las instalaciones de la casa a las necesidades de los usuarios con sillas de ruedas fue  muy complicado porque fue difícil encontrar trabajadores entre la población local que no se sintieran intimidados por el clan mafioso “Ndrangheta” predominante en Calabria.

El acto del sacerdote  fue considerado de inmediato como un abierto desafío a “Ndrangheta” debido a que la gente por temor a sus vidas por lo general no se muda a las casas que antes pertenecieron al crimen organizado.

Teniendo en cuenta las múltiples amenazas de los antiguos propietarios de la casa, que albergaba un casino donde se vendían drogas, la policía brindó protección al sacerdote que se convirtió en un símbolo de la resistencia civil contra la mafia en el país.

Para privar de poder financiero a la delincuencia organizada, las autoridades italianas desde hace 30 años confiscan sus propiedades. Sin embargo, su reutilización es problemática debido a las amenazas de los antiguos propietarios.

Los obispos católicos de Italia,  que denunciaron en varias ocasiones a la mafia, en 2009 publicaron un documento que explica la actitud de los fieles de la Iglesia con la mafia,  que comparan con un cáncer que «envenena la vida social, oscurece la mente, hiere los corazones de los jóvenes, distorsiona la economía y deforma la auténtica imagen del sur del país.»

Los sacerdotes consideran que la mafia, al dictar sus propias reglas en la economía y la política, amenazan a la democracia del país al paralizar el poder de las instituciones estatales y públicas, promueven el crecimiento de la corrupción y perturba el equilibrio en el mercado laboral.

Contra la mafia también se manifestó el Papa Benedicto XVI durante su visita pastoral a Sicilia en octubre del año pasado.

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