Rumania entra en la turbulencia de la crisis

Las “vivas” a la restauración capitalista en Rumania, proceso que viene desde los años 80, ahora se transforman en lágrimas contra la economía de mercado.

Exprimer ministro Emil Boc, quien algunos meses antes de dejar el cargo, aprobó las nuevas medidas de ajuste exigidas por el FMI y la Unión Europea. Fotografía: Eurasianhub.

Veintidós años después de la caída del régimen stalinista encabezado por el dictador Nicolae Ceausescu (diciembre de 1989), Rumania exhibe el vergonzoso título de segundo país más pobre de la Unión Europea (UE), después de Bulgaria, con una renta muy inferior a la de las naciones del oeste del continente.

Miles de trabajadores y estudiantes salieron a las calles de la capital rumana, Bucarest, para festejar la renuncia del primer ministro Emil Boc.

La caída del gobierno encabezado por Boc (de derecha conservadora) fue considerada una primera victoria contra los planes de austeridad del Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Unión Europea (UE), aplicados para que el país pague su deuda. También festejaban una victoria contra lo que consideran una clase política corrupta.

Boc renunció el 6 de febrero, presionado por las manifestaciones que agitan a Rumania desde noviembre del año pasado contra el aumento de los impuestos y la reducción de los salarios. El presidente Traian Basescu nombró al jefe del servicio de inteligencia internacional, Mihai-Razvan Ungureanu, para formar un nuevo gabinete.

La crisis que sacude a Rumania está fuertemente ligada a la grave situación económica europea, ya que es uno de los países más endeudados de Europa del este. Para calmar a los acreedores, Ungureanu se comprometió, luego que asumió el gobierno, en mantener las impopulares reformas económicas y, por eso, es poco probable que vaya a aplacar la ira de la población y calmar al movimiento de masas.

Préstamo del Fondo Monetario

En 2009 el país pidió un préstamo al Fondo Monetario Internacional (FMI) para tratar de salvar una economía tambaleante, lo que sólo hizo aumentar su dependencia de los organismos internacionales y la obligación de ajustar su estructura económica a sus planes.

En ese año, el FMI le concedió un préstamo de 26 mil millones de dólares (que en marzo del año siguiente ya se había transformado en US$ 34 mil millones), con la condición de que el gobierno recorte gastos públicos y aumente los impuestos, lo que agravó aún más el nivel de vida de las masas.

La crisis de Rumania viene en la misma marea de la crisis de la impagable deuda soberana que afecta a Grecia y otros países europeos, como Irlanda, Holanda, Finlandia, Dinamarca, Portugal, Hungría, República Checa, Bélgica, España e Italia.

Como viene ocurriendo en esos países, Rumania ha sido monitoreada por técnicos del FMI y la UE, encargados de supervisar la aplicación de las medidas de ajuste. Según el último informe de ese grupo, “las autoridades hicieron buenos progresos en la aplicación de las políticas acordadas, en un clima internacional muy difícil”.

Rumania hoy exhibe el vergonzoso título de segundo país más pobre de la Unión Europea (UE), después de Bulgaria. Fotografía: Publico.es.

Bueno para el FMI, malo para la población

Lo que es bueno para el FMI no es bueno para la población, por eso, ese informe significa que los trabajadores tendrán que pagar la cuenta, sintiendo en carne propia todo el peso y los males de la restauración capitalista.

No fue un futuro mejor para todos, como prometieron los restauracionistas, sino más miseria, desempleo, privatización y pérdida de la soberanía nacional, con el control directo del país, económica y financieramente, por los organismos multilaterales manejados directamente por EE.UU. y la UE.

Algunos meses antes de dejar el cargo, Boc aprobó las nuevas medidas de ajuste exigidas por los acreedores internacionales. En los últimos dos años, cerca de 200 mil empleados públicos ya habían sido despedidos, y las nuevas medidas acabaron por reducir los salarios del sector público en 25% y las jubilaciones fueron congeladas.

La situación fue insostenible y Boc (conservador, forma parte del mismo partido del presidente Basescu) resolvió salir “para distender la situación política y social del país”.

Basescu trata, con eso, calmar los ánimos y salvar su propia cabeza. Garantizó que la dimisión de Boc “no es una maniobra”, sino una forma de “dar nueva credibilidad al gobierno”, lo que parece imposible ante las medidas de austeridad que ya venían motivando las mayores protestas en Rumania en más de una década, reprimidas con violencia por la policía.

A pesar de las fuertes nevadas en la capital, miles de manifestantes se reunieron en la Plaza de la Universidad, lugar simbólico de la revolución que, en 1989, derrocó al dictador Nicolae Ceausescu.

El principal objetivo de los manifestantes es el propio presidente: «La renuncia de Boc es inútil, ya que Basescu es quien controla todo», dijeron los participantes de la protesta.

La restauración capitalista muestra su fracaso

Las masas protagonizaron un hecho histórico en 1989, derrumbando al régimen stalinista que restauró el capitalismo. Hoy, esa restauración capitalista muestra todo su fracaso: la productividad del trabajo no avanzó, la industrialización del país se mantiene en una de las más atrasadas de Europa y la población vive al límite de la pobreza.

La salida de Boc, a pesar de ser un importante paso en la lucha de las masas contra esa situación, no resolverá el problema mientras el país continúa en la órbita del FMI y la Unión Europea.

El presidente Basescu, hombre de confianza de la banca internacional, continúa en el poder y nombró a Mihai Razvan Ungureanu, como nuevo primer ministro, encargado de gobernar hasta las próximas elecciones legislativas, previstas para noviembre.

Como forma de aplacar la ira de las masas y, al mismo tiempo, mantener las buenas relaciones con el FMI, mostrando que Rumania no será una “nueva Grecia”, Ungureanu se comprometió a seguir las políticas de ajuste: “Mi objetivo es la estabilidad política y económica”, dijo.

Si las masas rumanas continúan luchando y movilizándose como lo vienen haciendo hasta ahora será difícil para Ungureanu cumplir su objetivo.

Llegó la hora del ajuste de cuentas con las promesas del capitalismo que, de seguir, llevarán a Rumania a una crisis sin precedentes en toda su historia.

Fuente: Litci.org.

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