Rubén Villalba: “La lucha no va a parar, a pesar de la persecución”

El dirigente campesino de Curuguaty relató qué fue lo que pasó el día de la masacre; dijo que la policía no quería dialogar y que quienes estaban encargados de hacerlo, la fiscala Ninfa Aguilar y el comisario Arnaldo Sanabria, se quedaron a 300 metros.

Rubén Villalba lideraba el último grupo que exigía la recuperación de las tierras públicas invadidas por Blas N. Riquelme. Foto: Radiotranscontinental.com.py

La ocupación en Marina Cue tenía dos líderes: Avelino “Pindú” Espínola y Rubén Villalba. El primero era el histórico, quien había estado en los seis intentos de desalojo y seguía luchando por recuperar las tierras públicas para los campesinos desde hacía casi una década. El segundo estaba al frente de las últimas familias que habían entrado a la propiedad que usurpaba Blas N. Riquelme. Antes, Villalba había participado de la recuperación de tierras robadas por los brasileños en una comunidad llamada Pindó. Luego luchó por  95 hectáreas también invadidas por Riquelme en el kilómetro 45 de Canindeyú.

Tres semanas después de que Rubén Villalba y su grupo entraran a la ocupación de Marina Cue se dio la matanza. En una entrevista concedida a  Radio Fe y Alegría, en el Penal de Tacumbú , relató que ya antes habían sido amedrentados por civiles armados que solían ir a disparar sobre la ocupación. Los campesinos respondían con gritos y silbidos, pero no más que eso.

Hacía ocho años que “Pindú” y sus compañeros peleaban por recuperar 2000 hectáreas que antes pertenecieron a la Marina y de las que se adueñó Blas N.

El día de la matanza, según Rubén Villalba

Los labriegos sabían que vendría una comitiva fiscal-policial. Antes Rubén había recibido el llamado de un oficial quien le advirtió que tenían 30 ambulancias preparadas para sacarlos de ahí.

Prepararon el desayuno temprano. Poco antes de que salga el sol, la comida estaba lista. Decidieron guardarla y comer luego de negociar con la fiscala y el comisario encargado del operativo. Eso no pasó. Ni la representante del Ministerio Público, Ninfa Aguilar, ni el comisario Arnaldo Sanabria fueron a negociar, como lo establecía el protocolo. Enviaron al Grupo de Operaciones Especiales (GEO) y a su comandante, Erven Lovera, para dialogar.

“Creíamos que íbamos a hablar, pero vimos que vinieron como para una guerra”, dijo Villalba. No hubo fiscalía. El testimonio del dirigente da cuenta de que Aguilar se quedó a 300 metros de las negociaciones comiendo empanadas. Con ella el comisario Sanabria.

Rubén tenía un garrote y una hondita, según su relato. Las dejó de lado y fue a hablar con Lovera. Cuando llegó, el jefe del GEO le golpeó en el pecho y Villalba cayó. Cuando se levantó ya empezaron los forcejeos, se oyó el primer tiro y empezó la masacre. “Cuando me levanté recibí un disparo. ‘Pindú’ estaba conmigo”.

El dirigente recibió un tiro y quedó medio inconciente, caminó 50  metros, llegó cerca de un estero y se quedó ahí. Se recuperó media hora después de la masacre y habló por teléfono con Radio Fe y Alegría. Dijo lo que pudo y quedó inconsciente. Los medios lo habían dado por muerto. Ese mismo día, el 15 de junio, sus compañeros lo rescataron y lo llevaron a la compañía 1500 de Curuguaty.

Complot

Para el líder campesino la matanza fue orquestada por la oposición política al gobierno. Lo que ocurrió no se explica de otra forma a su entender. Villalba aseguró que el objetivo de los campesinos organizados era recuperar la tierra malhabida y que quienes ocupaban eran gente trabajadora. “La lucha no va a parar a pesar de la persecución… estamos decididos”, concluyó.

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