Roberto Goiriz: «quisiera publicar más en mi país, pero nuestro mercado es muy dificil»

Roberto había aprendido algunas pocas cosas en los años 60: a desconfiar de una camioneta colorada que llamaban caperucita, a huir de los uniformes y a jugar sin juguetes. “Un montón de piedras podía ser un castillo misterioso. Unos cuantos trapos y un par de medias podían convertirse, mágicamente, en una pelota de fútbol. Y una revista de historietas era una puerta a la fantasía desenfrenada”, cuenta.

Hiras, hijo de Nippur, historieta dibujada por Roberto Goiriz.

En casa de sus vecinos, los Plá habían descubierto las revistas. Entonces, vivía sobre la calle República de Colombia casi Estados Unidos. Frente a su casa estaba la de la “vieja bruja”. Tiempo después descubrió que ese era el hogar de la genial Josefina Plá. De vez en cuando un perrito escapaba de su hogar para ir a perseguir a los muchos gatos de la vecina.

Hoy, convertido en gran artista y académico, Roberto Goiriz recuerda que iba al rescate de su can, “aguantando los retos de la legendaria creadora. Ariel Plá se apiadaba y me prestaba algunos números de ‘Dartagnan’ o ‘Fantasía’, relata.

Un día, impresionado por algún dibujo, lo copió laboriosamente. El resultado fue impresionante. El pequeño le enseñó su obra a un amigo, quien le dijo: “El dibujo está demasiado bien hecho como para que lo hayas hecho vos”. Fue cuando supo que sabía dibujar, “pero que eso no bastaba para convencer a nadie. Había, además, que contar una buena historia”, recuerda Goiriz.

DE EXPORTACIÓN

Escritor y dibujante, autor prolífico y emprendedor incansable, trabaja en los más diversos proyectos: cómics, diseño, libros, publicidad, eventos. Actualmente dibuja a “Hiras hijo de Nippur”, con guiones de Robin Wood, en la continuación de las historias del tuerto de Lagash. Además está adaptando creaciones suyas como “The damn cómic” o “Nikolas Klon” al formato de las pantallas de teléfonos celulares.

La producción artística de Goiriz es más conocida en el exterior. Lo que se comprueba en el hecho de que es difícil ver sus obras en el país. El extremo es “7 Mitos Guaraníes”, con guión y dibujos de Goiriz, de la editorial italiana Panini. Para que el libro llegue a Paraguay algún medio local deberá llegar a un acuerdo con la empresa europea. A pesar de todo algo nos queda a mano: el álbum de historietas del Bicentenario: 1811, disponible en su edición completa en Goiriz-Imagen y Cia, e “Historia del humor gráfico en Paraguay”, entre otras.

– ¿Qué tipo de historietas te gustaban, te gustan?

– Hoy soy bastante abierto. Me gustan todas las que contengan una buena trama y en la que, tanto el escritor como el dibujante, o el autor, pongan sus talentos al servicio de la historia. Antes, prefería más las de aventuras, fantasía heroica, ciencia ficción. Eso cambió rápidamente: desde la pubertad me convertí en un lector voraz de todo tipo de material de lectura.

– ¿Por qué tu trabajo es tan exportado y no podemos ver más obras tuyas en nuestro medio: Paraguay?

– Yo quisiera publicar más en mi país. Amo las historias, los mitos, las leyendas de mi país. Lamentablemente, nuestro mercado es muy, muy… ¿Ya dije muy? difícil. Me parece que la vía natural para la historieta es la de los medios escritos –en papel o internet– ya existentes. Además, el cómic le da un atractivo extra a esos medios. Pero, mientras esa conciencia no se plasme en los editores y dueños de periódicos, es lógico que los creadores locales busquemos una salida a nuestras creaciones, sea a través de la auto-edición, o la exportación.

LA FALTA DE LECTURA

– ¿Cuál es tu visión sobre la producción de cómics en Paraguay? ¿Se podría dar un despegue? ¿De qué depende?

– Soy un poco pesimista en cuanto a eso. Pero, en forma contradictoria, nunca pierdo la esperanza de que se den las condiciones, que fundamentalmente se reducen a dos: apoyo del Gobierno y del empresariado. Debemos recordar que la escasez de historietas en nuestro país es parte de una problemática mayor, la falta de lectura. Y, precisamente, la historieta es una herramienta increíble para incentivarla, además de tener su propio valor como género artístico-literario.

– ¿Seguís de igual manera la historieta norteamericana, europea y latinoamericana? ¿Qué diferencias encontrás?

– Trato de estar al tanto de lo que se produce. Hay algunas diferencias. Una de las más obvias es la temática: el mercado norteamericano tiene una gran abundancia de superhéroes. Superpoderes. Supercrisis. En fin, ya me entienden. El mercado europeo sigue quizá prefiriendo la historieta de autor, las grandes aventuras, desde un punto de vista más humano. Y aquí, no hay que olvidar que existen otras tendencias, como el manga, que es de origen japonés y es también muy fuerte. Yo ya no tengo preferencias. Si la historieta es buena puede tener cualquier origen o temática.

– ¿A qué dibujantes y/o guionistas admirás y por qué?

– La lista es muy larga. Pero puestos a seleccionar a algunos, puedo hablar de Windsor McCay, autor de “Little Nemo”, una tira de comienzos del siglo XX, que revolucionó el género y se anticipó al surrealismo. Harold Foster, autor de “El Príncipe Valiente”, cuyos dibujos intentaba copiar en mi infancia. Alex Raymond, autor de “Flash Gordon”. Y, más cerca en el tiempo y el espacio, José Luis Salinas, el argentino dibujante de “Cisco Kid”. Alberto Breccia, el uruguayo, cocreador de “Mort Cinder”. Arturo del Castillo, el chileno, dibujante de tantas historietas de “Western”. Y, por supuesto, varias de las obras escritas por Robin Wood con las ilustraciones de diferentes dibujantes argentinos, como Lucho Olivera o Ricardo Villagrán. Por otro carril, el del humor gráfico, admiro desde siempre a Quino, Fontanarrosa y Mordillo. Y siguen las firmas.

Comentarios

Publicá tu comentario