Roa Bastos y la Revolución cubana

Por Miguel Ángel Fernández.

Roa se encuentra con Fidel Castro en Asunción. Foto de Miguel Angel Fernández

Roa se encuentra con Fidel Castro en Asunción en el 2003. Foto de Miguel Angel Fernandez.

El 26 de abril de 2005 ―hace nueve años―, se extinguió la vida de Augusto Roa Bastos, el poeta y narrador que honró a su patria y a lahumanidadcon una obra de extraordinario valor, tanto en el orden estético como en el orden social.

El Paraguay ―su historia, el coraje de sus hombres y de sus mujeres en la defensa del suelo ancestral y en las luchas contra la opresión y la explotación― fueron temas constantes de su ingente producción literaria. Lo testimonian sus poesías, sus narraciones, sus artículos, su inclaudicable adhesión personal a los procesos de liberación de nuestros países en lucha por su liberación.

La dimensión política de su literatura y su defensa de la causa popular han sido silenciadas por la cultura oficial y por los administradores oficiosos de su legado literario. Pero es hora ya de que se diga en voz alta que Roa Bastos fue una de las grandes voces revolucionarias de nuestra cultura, en la estela de Rafael Barrett, Hérib Campos Cervera y José Asunción Flores.

Roa y la revolución cubana

Roa Bastos fue expulsado de su patria por el baboso y sangriento dictador Stroessner el 30 de abril de 1982, supuestamente por haber viajado a Cuba.Poco afecto a manifestaciones políticas ostentosas, hasta entonces no había manifestado su simpatía hacia la revolución cubana y no la expresó sino mucho después, cuando arreciaba sobre la isla el acoso imperialista, en un artículo memorable de 1992. Tiempo después, el 23 de agosto de 2003, el autor de Hijo de hombre pisaba tierra cubana por primera vez para recibir la máxima condecoración de manos del Presidente Fidel Castro.

En aquella ocasión, Roa expresó su adhesión a la Revolución Cubana en estos términos:

«La emoción a veces impide que la palabra del hombre sensible se expanda y exprese en su totalidad este mundo maravilloso del ser humano a través de sus grandezas y sus miserias, porque el Paraguay, feliz o desgraciadamente ha hecho de sus desgracias o de sus infortunios el mayor caudal de energía que puede desarrollar un pueblo a favor de los ideales de perennidad que puede tener un pueblo sufrido con dos guerras. Y que ha hecho de mí simplemente el cronista del hombre perseguido y acosado.

Este es mi protagonista y este protagonista es el que se ha ido creciendo hasta convertirse en un héroe imbatible en la historia humana y social del Paraguay.

Yo entrego este legado ―concluyó Roa Bastos― a esta reunión de amigos, hermanos, tan queridos de Cuba, en este acto para entregarles mi devoción de americano y paraguayo, para desear al pueblo cubano que siga siendo nuestro ejemplo y nuestro estímulo para que podamos lograr esa excelencia que es el objetivo de todo pueblo que ha sufrido y que ha hecho del sufrimiento su maestro».

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