Río Tinto Alcán: el colosal subsidio energético que desangrará al Paraguay (IV)

Las condiciones para una fundidora de aluminio en Paraguay son tan desventajosas que se necesitarán enormes subsidios en energía para compensar la inversión.


RTA pretende un ajuste de la tarifa eléctrica con base en los fluctuantes precios del aluminio. Foto: Nuevamineria.com

Como bien señalan los ingenieros Ricardo y Mercedes Canese en el libro “La estafa del Rio Tinto Alcan”, al carecer el Paraguay de materias primas, insumos, mercados para el aluminio y ser, además, mediterráneo (lo que aumenta los costos de flete), una inversión como la propuesta por RTA solo será factible con un colosal subsidio energético totalmente inconveniente para el país.

De acuerdo a la obra citada, la materia prima y los insumos representan un 59% de los costos directos de fundición. Frente a esto, el segundo mayor costo operativo es la energía eléctrica, con un 32% sobre el total. Al presentarse cuantiosos sobrecostos en la importación de materias primas e insumos, esto solo puede equilibrarse con enormes subvenciones en la energía.

Ahora bien, ¿cuál es el monto del subsidio energético que pretende RTA? El informe de la CRU Strategies es tajante al asegurar que RTA no contempla pagar precios de energía superiores al margen de los 35 a 38 MWh.

“Creemos que el precio que RTA estaría dispuesto a pagar en la región es de 30-35$/MWh (en dólares del 2011). (…) Hemos estimado el extremo superior de la zona de negociación, o el precio máximo que RTA estaría dispuesta a pagar, ya que en la región es de 33-35$ /MWh. Sin embargo, hemos observado el alto grado de incertidumbre de los futuros precios futuros del aluminio, así como también el factor de riesgo que RTA puede evaluar. Por lo tanto, sugerimos que la posición de apertura del Gobierno debe ser fijar el precio de la energía en el rango de 35-38$/MWh, con el fin de darse un margen de maniobra. Estamos bastante seguros de que RTA no consideraría un precio de energía superior a los 38$/MWh” (CRU Strategies, Energía y Aluminio en Paraguay; p. 14-15).

Resulta hasta jocoso cuando CRU “propone” una “posición de apertura” al Gobierno, pero es intransigente al señalar que RTA ni siquiera consideraría un precio de energía superior a los US$ 38/MWh. De hecho, los expertos han criticado duramente que el Estado haya pagado US$ 470.000 por un estudio hecho en función a cuánto está dispuesto a pagar RTA por la electricidad.

Estimemos ahora cuál sería la diferencia entre el precio real de la energía y lo que RTA pretende pagar. En el libro que ya hemos citado, los ingenieros Ricardo y Mercedes Canese señalan que el monto que actualmente paga el Brasil por la energía paraguaya en Itaipú es de US$ 43,8 MWh más US$ 8,4 MWh en concepto de cesión, lo que da un total de 52,2 US$ MWh. A esto hay que agregar unos US$ 7,5 MWh por gastos de transmisión. Es decir, el precio actual de la energía paraguaya es de US$ 59, 7 MWh, o directamente US$ 60 MWh para este cálculo. Teniendo en cuenta que RTA no considera precios superiores a los US$ 38 MWh, el subsidio a favor de la firma canadiense estaría en el orden de los US$ 22 MWh.

A fin de confirmar el monto total derivamos la consulta a la ingeniera Mercedes Canese, quien detalló la cantidad de energía a ser utilizada por la planta y el monto del subsidio que pretende.

Foto: Nuevaminería.com

“Son 9600 GWh al año, o sea 9.600.000 MWh al año, por lo que empieza con un subsidio de (9,6 millones de MWh x 22 US$/Mwh =) US$ 211 millones al año para empezar y que va creciendo a medida que aumenta nuestro precio de mercado de la energía”.

Teniendo en cuenta que la planta sería de una potencia de 1100 MW, “para tener en energía se debe multiplicar por el tiempo, de ahí salen los 9.600 GWh por año”, puntualizó.

Dentro de 20 años, cuando nuestra energía previsiblemente tendrá un precio de mercado de US$ 150 MWh o, incluso, se tendrá que generar energía térmica a ese precio ya que se habrá consumido el total de la energía eléctrica disponible, consideremos “que vendemos nuestra energía de Acaray a Argentina a 150 US$/MWh, o sea que si logramos que nuestra energía de Itaipú en 20 años se venda a ese precio (considerando que podremos vender en el mercado brasileño e incluso a terceros países) entonces el subsidio sería (150-38)x9,6= US$ 1.075.200.000”, agregó.

A esto hay que añadir que RTA pretende negociar la compra de energía a plazos de hasta 50 años con factores mínimos de ajuste, como el precio del aluminio. Es decir, mientras la energía eléctrica se cotizará al alza, RTA prevé un factor de ajuste con base en los fluctuantes mercados del aluminio, con claras tendencias a la baja en los cíclicos periodos de crisis. De hecho, la CRU reconoce la alta incertidumbre que existe sobre los futuros precios del aluminio.

“El precio del aluminio es altamente volátil. Por ejemplo, tomando una tendencia en el tiempo histórico de los precios, el precio puede caer tan bajo como 20% o más por debajo del promedio en una base media anual, e incluso menos sobre una base promedio mensual o trimestral. Los puntos bajos en el ciclo de los precios generalmente coinciden con las crisis o recesiones económicas, como ocurrió en el año 2009” (p. 194).

Es decir, el ajuste de precio que propone RTA está diseñado en función a poder pagar menos si es que los precios de aluminio no se recuperan o caen abruptamente, como de hecho se espera que ocurra en el actual contexto de recesión.

“Este precio asequible a corto plazo no representa un precio de la energía sostenible a largo plazo. El propósito de este tipo de análisis de asequibilidad de corto plazo y el punto relevante a considerar en el contexto de las negociaciones es que, una de las consideraciones para RTA al momento de asesorar cualquier propuesta de contrato de energía será analizar cómo se ve afectada la rentabilidad de la fundición ante la eventualidad de una fuerte caída en el precio del aluminio” (p. 195), aclara la CRU.

De esto resulta que en el corto plazo, y en un escenario de recesión como el que cíclicamente afecta a la economía, el margen de asequibilidad para RTA es –en el periodo 2016 a 2023– de “25,9$/MWh (US$ del 2011) ó 29$/MWh (US$ del 2016)” (p. 196).

A pesar de todo este escenario, en un gesto inútil los funcionarios del gobierno saliente, empeñados en rematar el patrimonio nacional, insisten en que no se subsidiará a RTA, pero el propio informe se encarga de imponer claramente las condiciones de la fundidora. “En cuanto a la adquisición de la energía a precios del mercado, es casi seguro que a RTA no le interesa esta opción, debido al riesgo de los precios relacionados” (p. 184), sentencia la CRU.

En otra muestra de incoherencia, la consultora se escandaliza por el subsidio que aplica Argentina al consumo doméstico de gas, afirmando que ello provoca distorsiones en el mercado. Sin embargo, la CRU es totalmente ciega a estas “distorsiones” cuando se trata de que los beneficiados por los subsidios en este caso sean los grandes capitales transnacionales, por lo que insta al Paraguay a aceptar la instalación de la fundidora. En definitiva, el proyecto de RTA corrobora una vez más la falacia de la retórica del libremercadismo muy bien descrita por aquella cruda máxima: “para los ricos, el Estado; para los pobres, el mercado”.

 

 

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