Ricardo Franco Lanceta

Reseña biográfica de este ilustre ciudadano, cuyas cualidades esenciales fueron su coherencia ideológica, su clara inteligencia, su prodigiosa laboriosidad y su inagotable espíritu de servicio.

Ricardo Franco Lanceta, de traje gris, en la simbólica palada inicial de la reconstrucción del Ferrocarril Carlos Antonio López, durante la mañana del viernes 16 de diciembre de 2011. En la misma lo acompañaron los inversores del Grupo Europeo “R&M”.

En sus años de mocedad, su rebeldía juvenil le hizo empuñar las armas, integrando la legión civil que se alzó con una parte del Ejército contra la dictadura del General Higinio Morínigo, en la sangrienta Guerra Civil de 1947.

En el largo exilio al que lo condenó la dictadura stronista, decidió renunciar a la violencia y servir a su patria y a la patria grande americana con las luces de su privilegiado intelecto, doctorándose en economía, finanzas y leyes.

Paseó su prestancia de maestro en la Argentina, Venezuela, México y Bolivia.

Liberado nuestro país de la larga dictadura stronista, la providencia le dio la oportunidad de servir a sus conciudadanos durante 25 años.

Fue convencional constituyente en 1992, habiendo sido uno de los representantes de la Coordinadora Cooperativista para la Convención en el movimiento denominado Constitución para todos. En este carácter elaboró uno de los proyectos presentados a la Comisión Redactora de nuestra Carta Magna.

Integró el núcleo fundador del Instituto de Estudios Tesis Nacional, entidad que envió numerosos anteproyectos al Congreso, respondiendo siempre a inquietudes ciudadanas.

Participó activamente en la elaboración del anteproyecto de la Ley N° 438/94 que rige el funcionamiento de las cooperativas.

Con el anhelo de perfeccionar nuestra aún infecunda democracia, fundó y presidió la República Moral Cooperativa, auténtico faro que ilumina el camino de los valores y principios que deben inspirar a las entidades solidarias.

Finalmente, fue el propulsor de la Cooperativa Ferrocarril Carlos Antonio López, para revitalizar esa vía férrea que fue durante 50 años la principal vía de comunicación de la región Oriental del país. Logró interesar a un grupo financiero austríaco, dispuesto a realizar el proyecto sin garantía del Estado. Lamentablemente le sorprendió la muerte sin ver realizado el fruto de su empeño.

Ésta es la semblanza de un ciudadano ejemplar que mantuvo hasta el fin de su larga y fecunda vida la utopía de conseguir un país con auténtica democracia, que en un clima de libertad alcance la equidad social que merece nuestro sufrido pueblo, tan necesitado de estadistas visionarios y políticos patriotas.

 

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