Ricardo Franco Lanceta, padre de la empresa solidaria

Ironía de la vida: el día del cooperativismo se fue físicamente uno de los grandes padres de la empresa social solidaria, como debe ser toda cooperativa digna.

Ricardo Franco Lanceta con su familia

Ricardo fue otro Supremo, un Señor integral sobre esta tierra, un sembrador y un cultivador de semilla buena, un pedagogo por excelencia de la ciencia humanista, un utópico revolucionario que tuvo el privilegio bien ganado de ver como se hacían realidad algunas de sus utopías, en varias regiones del planeta,  esas que tanto amó imaginar, diseñar y practicar, las que pudieron ser más, sin la eficacia pérfida de los enemigos del bienestar humano, esos negadores de los sueños, como el de la Revolución, para intentar convencer de que ella es imposible, cuando la realidad demuestra que todos los grandes saltos que ha dado la especie humana buscando su emancipación, han sido triunfos de utopías negadas, sólo concebidas, acariciadas y echadas a andar, por seres generosos, solidarios y esclarecidos, muchos de los cuales han dado su vida por sus convicciones, conducta  que jamás podrán ver como posible todas esas almas ruines que muchas veces le pusieron palos a las ruedas del querido compañero que ha iniciado su merecido descanso.

Sin duda que el universo de la inteligencia frondosa, ese que se esfuerza día tras día en el mundo para empujar el proceso de los cambios sociales de construcción de una sociedad más humana, se debilita con tan tremenda partida, agravando un drama que comenzó con la ida de otras figuras descollantes y muy entrañables, en Paraguay y en otros países, en la tarea intelectual y la militancia social, en momentos que la participación de ellos resulta tan necesaria en esta guerra ideológica que los pueblos de todos los continentes están librando contra el capitalismo, ese sistema que nació inhumano porque su matriz ideológica y su práctica están basadas en la adoración del dinero y la explotación humana, conformando un genocidio que encabeza Estados Unidos  en una demencial carrera, guiada por un odio ciego contra quienes combaten su abyecta política, y en respuesta incrementa las mentiras, la alienación mental de la población a través de los medios de comunicación serviles y las universidades prostituidas, las invasiones militares, financieras y culturales de países y las agresiones de toda persona que no comparta su amoralidad, violando impunemente toda intimidad familiar, científica y estatal, sosteniendo su economía decrépita con el saqueo acelerado de los recursos naturales ajenos, asociado a los gobiernos mercenarios, instalados para practicar ejercicios de recolonización.

El mejor homenaje que debemos rendirle a Ricardo Franco Lanceta, a Tomás Palau, a Papi Díaz Bordenave y a tantos gladiadores que han dejado su vida en la batalla por conquistar el bienestar humano, es retomar sus instrumentos de lucha y, como esos magníficos atletas olímpicos, saltar cuantas vallas queden por delante enarbolando las banderas de la victoria popular revolucionaria, consagrando triunfal a la más cara de todas las utopías.

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