A 73 años de la histórica Revolución de Febrero

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Rafael Franco

Febrero recuerda para el Paraguay una de las páginas más gloriosas, quizá la mayor, del movimiento popular revolucionario, luego de la Guerra Grande.

Desde el 17 de febrero de 1936 hasta el 13 de agosto de 1937, las masas trabajadoras fueron beneficiarias de medidas gubernamentales sin parangón en la historia paraguaya.

Entre los logros más notables del gobierno que presidió Rafael Franco se encuentran: la fijación de la jornada laboral de ocho horas diarias, el establecimiento del aguinaldo y de derechos hasta entonces no reconocidos para los obreros: la obligatoriedad de los pagos en efectivo, ya no en «vales», y que el salario laboral incluya vacaciones; promulgó derechos laborales especiales para las mujeres en cinta y estableció el derecho a la libre sindicalización.

Además fueron reivindicadas: la Revolución Comunera y la Revolución Independentista, fue proclamado como héroe nacional sin ejemplar al Mariscal Francisco Solano López, se desarrolló la primera reforma agraria y se repartieron tierras a los campesinos, fue derogada la Constitución liberal de 1870 y se llamó a una Asamblea Nacional Constituyente.

En ese tiempo fueron abolidos los derechos que gravaban los estudios secundarios y primarios. Se terminó de construir el Oratorio de la Virgen de Asunción y fue convertido en Panteón Nacional de los Héroes, hasta donde fueron trasladados los restos del Mariscal López, del Teniente Rojas Silva y de un Soldado Desconocido. Fue instituido como feriado nacional el 1 de marzo.

El gobierno brindó pensión a los lisiados y ex combatientes de la guerra, hasta entonces sumidos en la miseria, reorganizó la Flota Mercante del Estado, estipuló un precio base para la producción de algodón, abolió los exámenes de ingreso para los Colegios Nacionales y se mantuvo en su férrea postura de no ceder ningún territorio conquistado por el ejército paraguayo en la Guerra del Chaco.

Antecedentes y desarrollo de la revolución de febrero

La Revolución de Febrero fue un hecho que se dio luego de la Guerra del Chaco. Al término de la contienda, el gobierno paraguayo estaba constituido por el llamado “Gabinete de la Victoria”. Los problemas sociales del país fueron metidos bajo la alfombra en tiempos de guerra. Con su final reflotaban todos los reclamos.

La situación económica del país, ya muy deteriorada antes de la contienda, empeoró. Los contingentes militares que fueron desmovilizados. Los efectivos llegaron a sus hogares más pobres que antes, sin siquiera una pensión provisoria que les permitiera sobrevivir.

La miseria en que se encontraba el país se agravó con el alza inmoderada del precio de los artículos de primera necesidad. Toda la realidad que golpeaba con fuerza a las clases trabajadoras las movió a reorganizarse en sindicatos para alzar su voz de protesta.

El caso de los militares también era lamentable. Estaban en permanente zozobra debido a la falta de víveres y a la injusticia para el otorgamiento de ascensos y condecoraciones. El sueldo era muy bajo y la amenaza de recibir el “sobre azul” (pase a retiro sin consideración por los tres años de servicio) se cernía todo el tiempo sobre ellos.

Lo que hizo que estallara todo fue el hecho de que el General Estigarribia haya aceptado una pensión vitalicia de 1.500 pesos oro. Luego de esto, el levantamiento armado llegaría en pocos días.

Según el historiador paraguayo, Efraín Cardozo, el lunes 17 de febrero de 1936 estalló un movimiento revolucionario contra el Gobierno presidido por el Dr. Eusebio Ayala. Los Tenientes Coroneles Federico Wenman Smith y Camilo Recalde fueron llamados para dirigir la acción revolucionaria.

El tiroteo se inició a las ocho de la mañana. El Departamento de la Policía fue atacado con bombas de mortero. Las fuerzas gubernistas abandonaron el edificio y se replegaron primero sobre el local del Correo y luego sobre el Departamento de Marina.

«Mientras tanto una por una las Comisarías caían en poder de los revolucionarios. Se luchó durante todo el día. El Presidente Ayala se trasladó al anochecer al “‘Paraguay”, buque cañonero estacionado en la Bahía. El jefe del mismo, capitán de Fragata Báez Pin, pidió autorización para levar anclas y marchar al norte, a fin de buscar contacto con las tropas de Concepción y las del Chaco, que no se habían pronunciado y donde se encontraba, desde el día anterior, el General Estigarribia. Ayala se negó a dar la orden. “Estoy dispuesto a renunciar para evitar mayor efusión de sangre’ dijo al capitán Báez Pin. Momentos después subía a bordo el Tte. Coronel Recalde, quien recibió del Dr. Ayala su renuncia a la Presidencia de la República. Eran las nueve de la noche…», detalla Cardozo.

Dos días después, Rafael Franco, quien había sido deportado a Buenos Aires a raíz de sus intervenciones políticas, volvió al país en una avioneta del diario Crítica. El movimiento popular que derrocó al Ayala solicitó que sea él quien dirija el gobierno revolucionario. Este estaba integrado por colorados, socialistas, militares, anarquistas, además de la Liga Nacional Independiente. Franco juró el 20 de febrero de 1936, como Presidente Provisional del Paraguay.

El supuesto gran héroe del Chaco, General y Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas José Félix Estigarribia se encontraba en Capirendá, Chaco paraguayo. Volvió a Asunción por vía aérea el miércoles 19 para guardar reclusión en la Departamento de la Policía de la Capital, con el ex presidente Ayala.

Estigarribia recibió entonces la visita del Ministro del Interior Gómez Freire, quien le indicó que sería fusilado a causa del armisticio que el Paraguay propuso durante la guerra del Chaco después de la batalla de Campo Vía. Esto, sin embargo, no se concretó. Ayala y Estigarribia fueron deportados al exterior seis meses después.

Franco, luego de llegar al gobierno, estaba obligado a dar respuestas al movimiento popular que llevó al poder. Así lo hizo.

La importancia de la revolución

La revolución de febrero es comparable a los más grandes alzamientos populares de la historia del Paraguay. Las masas oprimidas manifestaron su voluntad de comenzar una etapa nueva, revolucionaria.

Trasciende la actitud que asumen los paraguayos luego de la guerra, lejos de quedar obnubilados con una victoria militar, y presionados por una acuciante realidad social, levantan su voz contra el mal gobierno.

La postguerra ofreció a la ciudadanía toda, un escenario macabro. El atropello del que fueron víctimas, luego de la guerra, era intolerable. Juan Pueblo regresaba de los campos de batalla tras haber detenido y repelido a un enemigo superior en armamento, sin tener qué comer.

La revolución de febrero no fue simplemente un alzamiento donde, una cúpula buscaba empotrarse en el poder, como se dio en un sinnúmero de veces en la historia paraguaya, fue un levantamiento estructurado y apoyado por las masas trabajadoras.

Gobierno socialista derrocado por un golpe liberal

La revolución de febrero representó para el Paraguay, la experiencia del primer gobierno socialista de su historia. Tuvo como gran referente, en el gabinete presidencial a Anselmo Jover Peralta, quien, se sabe, tuvo la intención de crear, el año de la revolución, un Partido Socialista, de la fusión de la Unión Nacional Revolucionaria y el Partido Comunista Paraguayo. Sin embargo, Oscar Creydt, referente comunista, se negó y la fusión de los dos partidos de izquierda no se dio.

Algunas de las creaciones del gobierno socialista fueron: el Departamento Nacional del Trabajo, la Central Nacional de Trabajadores (CNT), la Unión Nacional Feminista, las Universidades Populares, las Granjas-escuela Rurales, el primer Aeropuerto Civil, la Asociación Nacional de Ex combatientes, el Ministerio de Salud Publica, el Ministerio de Agricultura, la Comisión de Fomento y Trabajo, el Comité de Movilización Civil, el Banco de la República del Paraguay, la Facultad de Odontología, la Facultad de Ciencias Económicas, la Facultad de Ciencias Agrarias, la Escuela de Arte y Oficios, entre otras.

El gabinete de la revolución estuvo integrado por, Juan Stefanich (canciller), Gómez Freire Esteves, Germán Soler, Arístides Rivas Ortellado, Luis Freire Esteves, Alfredo J. Jacquet, Emilio Gardel, Anselmo Jover Peralta, Bernardino Caballero (nieto del General), Guillermo Tell Bertoni, Pedro Duarte Ortellado, Felipe Molas López y Damián Bruyn.

El 13 de febrero de 1937, la primera experiencia socialista del Paraguay, fue derrocada por un golpe de estado planeado por los liberales.

Después del golpe del 37, y la vuelta del Partido Liberal al poder, algunos febreristas fueron al exilio. Otros se quedaron en Paraguay para rearticular el movimiento revolucionario. En 1938, el grupo liderado por Jover Peralta, fundó en el exilio, en Buenos Aires, el Partido Revolucionario Paraguayo. Fue estructurado en un “Comité Nacional Provisional”.

El movimiento de Peralta representaba al socialismo y al obrerismo durante la Revolución del 36. El citado partido publicó en el 1938 dos libros: «Declaración de principios y programa de reconstrucción nacional» y «Manifiesto a la nación», del que se extrae el histórico lema febrerista: «Por la liberación integral del Paraguay».

En 1951 sería fundado, en el exilio, el Partido Revolucionario Febrerista, inspirado en aquella histórica revolución.

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