Reflexiones colectivas post electorales y un poco más allá

Por Gabriela Schwartzman Muñoz

Aclaración: Estas reflexiones fueron construidas de manera colectiva a partir del debate que se dio en Facebook en relación a algunos posteos míos que luego se ampliaron y enriquecieron con el aporte de varias personas.

Tomando como referencia las últimas 4 elecciones (2003 – 2018) utilizando los datos oficiales del TSJE1 se puede observar que:

La participación electoral mantenía una tendencia ascendente y bajó significativamente (unos 7 puntos porcentuales) en las últimas elecciones.

Participación electoral

2003 2008 2013 2018
64,29% 65,48% 68,52% 61,40%

Los votos blancos y nulos iban aumentando en porcentaje en las sucesivas elecciones generales y bajaron levemente en estas últimas.

Votos blancos y nulos

2003 2008 2013 2018
VB- 22977 – 1,49%

VN- 24015 – 1,55%

Total – 3,04

VB- 38485 – 2,05%

VN- 27818 – 1,48%

Total – 3,53%

VB- 72066 – 2,99%

VN- 59637 – 2,48%

Total – 5,47%

VB- 62052 – 2,3%

VN- 71821 – 2,7

Total – 5%

El margen de victoria entre la dupla presidencial ganadora y la siguiente más votada viene disminuyendo. Aún no tenemos resultados oficiales pero hasta el momento, ésta sería la elección general en la cual la ANR ganaría con la menor distancia en relación con su contrincante directo, la Alianza Ganar.

Margen entre dupla presidencial ganadora y segunda dupla más votada.

2003 2008 2013 2018
ANR 13,19% APC 10% ANR 8% ANR 4%2

Una primera aproximación sobre estos datos puede evidenciar que el desgaste de la ANR, aunque lento y no muy lineal, es un hecho y en el 2023 podría ser derrotado. La ciudadanía que no vota es clave, es la que puede marcar la diferencia. Habría que profundizar en las características y compositiva de estos electores que no ejercen el voto, muy probablemente sean jóvenes teniendo en cuenta la proporción de jóvenes en la población de nuestro país.

Otras complejidades no cuantitativas a discutir son: el fraude electoral, el poco protagonismo de las mujeres (de 9 candidaturas ninguna candidata a la presidencia ni vice presidencia), el desinterés aparente en la participación electoral de las nuevas generaciones, el financiamiento de las campañas que incide directamente en los resultados, la manipulación de la información mediática, las dinámicas territoriales en las regiones de la soja, del narcotráfico, de la ganadería, etc., la coyuntura regional tanto política como económica, la cultura política stronista que nunca se fue entre otros factores.

En otro plano, los partidos del espectro progresista3 pasaron de 10 bancas (6 Frente Guasu y 4 Avanza País) a 6 bancas (Frente Guasu). Es llamativo que en la Cámara de Diputados no habrá representantes de estos partidos. En contrapartida, emergen y se fortalecen en el escenario político nuevos y viejos partidos conservadores como Hagamos, PPQ, PEN y otros. Con 13 Gobernaciones coloradas y ningún/a diputado/a de estos partidos progresistas en los territorios se va a sentir un importante repliegue para los sectores populares.

¿Y más allá de lo electoral?

Observando las fichas en todos los niveles quizás el gran debate post electoral, desde una perspectiva de izquierda, sería la necesidad de construir un proyecto político capaz de disputar y transformar el poder político.

Una de las líneas de ese proyecto estratégico podría ser desarrollar la alternativa agroecológica en Paraguay.

Para esto necesitaríamos construir una plataforma política en la cual se articulen movimientos campesinos, partidos políticos progresistas y organizaciones sociales, desde la cual se pueda pensar estratégicamente la construcción de una nueva correlación de fuerzas y un proyecto contra hegemónico. 

Una condición de origen fundamental para tal proyecto es el reconocimiento de la matriz patriarcal del actual modelo económico productivo predominante, en el cual se ejerce una relación jerarquizada y de dominación entre el hombre, la mujer y la naturaleza. Empezar reconociendo que en nuestra historia de conquista y colonización, la acumulación originaria de la clase privilegiada se dio mediante la expropiación de las tierras y la explotación de las mujeres indígenas, y que a lo largo de los siglos se ha invisibilizado el trabajo y los saberes de las mujeres rurales para la creación y recreación de la vida. 

Esta plataforma política podría trabajar desde los comités de base, los distritos hasta el nivel nacional el recupera miento de nuestras tierras para la agroecología, las malhabidas, las tierras que campesinos e indígenas están arrendando por necesidad a extranjeros. 

Se podrían implementar estrategias para desalojar a los cultivos que invaden ilegalmente las franjas destinadas a bosques protectores de cauces de agua y a los cultivos que no respetan las distancias establecidas alrededor de las zonas urbanas, llegando a rodear las escuelas y las comunidades. 

En articulación con los Municipios se podría lograr que en los planes de ordenamiento territorial no quepan más monocultivos ni veneno, así como lo hizo el distrito de La Pastora en Caaguazú. 

Desde los jóvenes y las mujeres se podría formar una gran red de formadores populares de agro ecología para capacitar y acompañar las comunidades campesinas. 

Por otro lado, trabajar en las ciudades el consumo responsable de productos agro ecológicos, multiplicar ferias en todos los barrios, fortalecer el mercado justo para estos productos.

Más allá de la desesperanza y la frustración la lucha continúa y no hay tiempo que perder.

1 Los datos del 2018 son preliminares proporcionados por el TREP. TSJE.

2 Los datos del TREP están en este miemnto siendo cuestiinados por la cantidad de

3 Puede discutirse quienes conforman este espectro progresista, en este análisis se incluyen al Frente Guasu y Avanza País por ser las coaliciones de izquierda o centro izquierda que aglutinan a partidos y movimientos de esta tendencia.

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