Red Hot Chili Peppers: otro milagro de la música que se presentó en Asunción

El pasado martes la banda californiana se presentó en el Jockey Club ante más de 25.000 personas. Este es un recorrido por los mejores momentos del show.

Anthony Kiedis, el frontman de Red Hot Chili Peppers. Atrás el señor de la batería Chad Smith. Foto: Aida Villasanti.

Sin importar la cantidad de bandas que últimamente vienen, la llegada de Red Hot Chili Peppers era una de las más especiales que pudimos tener desde que casi se hizo costumbre que importantes grupos se presenten en nuestro país. Si en algún momento de los noventa o principios del 2000 alguien decía que tendríamos a los Red Hot Chili Peppers en Asunción hubiese sonado a un buen chiste. De hecho, hace un par de años corrió el rumor de que vendrían y en aquel tiempo todavía muchos se mostraban incrédulos.

En los papeles previos no resultaba nada extraño ver la variedad de gente que pueden convocar los Peppers. Desde treintañeros para nada nostálgicos y muy emocionados por ver a una banda que le puso mucha música a su adolescencia, pasando por veinteañeros que sabían muy bien lo que estaban por ver e iban con muchas ganas de divertirse, hasta muchos que iban a escuchar solamente los hits, además de curiosos varios. Así se vio un Jockey Club casi colmado en todos sus sectores.

Los Red Hot Chili Peppers arrancaron pegando bien fuerte con dos hits súper bailables, ‘Can’t stop’ y ‘Dani California’. Luego le engancharon la canción con la que quizás muchos conocieron a los Peppers a fines de 1999, ‘Scar tissue’, que se escuchó corear en todo el Jockey. Con ‘Look around’ volvió el baile, siendo esta la primera canción que presentaron de ‘I’m with you’, el último disco de la banda.

Ya para el quinto tema uno terminaba de confirmar que estaba presenciando un gran show, con un sonido fortísmo (esto siempre depende del lugar donde uno se ubica dentro del predio) generado principalmente por esa base impresionante que conforman Flea y Chad Smith. Llegaba el turno de  ‘Snow (Hey Oh)’, directo de ‘Stadium Arcadium’, otro clásico de la era Frusciante. Hay que destacar las pantallas ubicadas detrás de los músicos y lo increíble que resultaban las imágenes en ellas, igualmente las luces desplegadas durante todo el show.

Además de toda la onda musical que carga encima, sería Flea el responsable de comunicarse con el público a lo largo del show, cuando uno quizás esperaba que sea Anthony Kiedis quien realice este trabajo, pero fue el bajista el encargado de conectar con las casi 30.000 personas presentes en el Jockey. Y lo bien que lo hizo.

“La música es Dios”, diría Flea, quien dejó la gran frase del show. El músico hizo lo que quiso durante toda la noche. Además de ejecutar como un maniático las cuatro cuerdas de su bajo (es un maestro del instrumento), saltó por todos los rincones, habló en un más que correcto castellano y hasta caminó con las manos sobre el escenario. Todo lo que Flea haga siempre va a estar bien y será festejado por el público.

Josh Klinghoffer se ganó el respeto de la audiencia, no será Frusciante, pero realmente parece ser una versión muy parecida a la del anterior guitarrista de la banda. Verlo ahí parado o arrodillado al emocionarse haciendo un solo de guitarra fue como ver a la versión más joven de Frusciante. Josh Klinghoffer dejó una muy buena impresión, además de la seguridad de que con él la banda tiene mucho futuro por delante.

Resultaba muy grato ver como Anthony Kiedis disfrutaba cada uno de los temas que cantaba. Al parecer para Kiedis no pasan los años por la manera en que se mueve sobre el escenario. El cantante tiene la voz intacta. En tanto, Chad Smith sigue siendo el gran responsable de imprimir ritmo a esta máquina de música que representan los Red Hot Chili Peppers, no por nada su puesto ni se discute con el correr de los años.

El show por fortuna no se basó solamente de los grandes éxitos de la banda. Por ejemplo, sorprendió a esos treintañeros para nada nostálgicos muy emocionados que toquen ‘Soul to squeeze’, aquella canción que no está incluida en ningún disco de estudio del grupo, sino que forma parte del soundtrack de la película The Coneheads (sí está incluida en el Greatest Hits) cuyo video te pasaban a todas horas cuando en los noventa MTV era un buen canal de música.

Promediando el show la banda iba intercalando un hit con otro tema no tan popular, que sin embargo se destacaba por su inmensa calidad musical, caso “Me and my friends” (que para quien suscribe fue una maravilla conocerla en vivo). Eso hizo que para muchos el show sea mucho más interesante, mientras que a otros sorprendió que hayan dejado de lado algunos de los hits que la tenían como una fija. Tocaron temas de sus discos más relevantes, pero ignoraron por completo ‘One hot minute’.

Sucede que los Red Hot Chili Peppers tienen un repertorio repleto de grandes hits que simplemente les resultaría imposible dejar contentos a todos. ‘Under the bridge’ y ‘Californication’ son canciones que te emocionaron tanto en su momento pero que quizás de tantas veces que uno las escuchó la magia y el disfrute ya no eran lo mismo. Sin embargo, se te erizaban los pelos de tantas sensaciones que provocaban verlos tocarlas en vivo.

Así, con ‘By the way’ amagaron terminar el show, pero volvieron para tocar ‘Sir Pshyco sexy’ y ‘Meet me and the corner’. El gran cierre llegó con ‘Give it away’, con los cuatro Red Hot Chili Peppers prendidos fuego sobre el escenario más el Jockey convertido en una verdadera pista de baile. Se fueron saludando brevemente, quedando la gente con una gran euforia por haber visto a una de las bandas que marcaron a la música desde los ochenta en adelante, con el deseo de que se repita una vez más la visita de esta gran banda.

Vídeo gentileza de www.lamarquesina.com

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