Quiénes son los grandes secuestradores del país

Con el secuestro de Fidel Zavala ha alcanzado su pico máximo una campaña mediática de derecha que asocia a la izquierda con el secuestro. Hoy en día en Paraguay, ser de izquierda es arriesgarse a ser tildado de secuestrador o “amigo de los secuestradores”. Sin embargo, nuestra historia nos muestra que, de forma abrumadora, quienes han realizado la enorme mayoría de los secuestros en nuestro país y quienes en definitiva han instalado no sólo al secuestro sino también a la tortura, ejecución y  desaparición masiva de personas no son otras sino las fuerzas represivas del estado. Fuerzas apoyadas, financiadas, entrenadas y dirigidas por los grandes poderes nacionales e internacionales. Si queremos un país libre de secuestros, de quienes más debemos cuidarnos es de quienes han realizado la gran  mayoría de los secuestros y otras atrocidades en nuestra historia: la policía y el ejército.
 
Inseguridad
Cuando la Señora Torres divisó por fin el puerto de Itá Enramada, pudo apreciar a los hombres uniformados que lo custodiaban.
Las fronteras generalmente tienen hombres armados que los custodian. Quienes más miedo tienen a éstos hombres son generalmente los extranjeros. En cambio, cuando uno llega a su propia patria, éstos hombres no conllevan amenaza alguna. Esto es especialmente cierto para personas de edad avanzada. ¿Que peligro debería temer una abuela al volver a su propio país?
La Señora Torres caía precisamente en ésa descripción. Contaba con 53 años el día que cruzaba la frontera proveniente de la Argentina. Usaba lentes, pues su vista ya no era la de antes. Ella no debería haber temido nada de la policía, y sin embargo, estos hombres uniformados le causaban una profunda desconfianza. Y es que la Señora Torres tenía sobradas razones para desconfiar de ellos.
Corría el mes de Marzo de 1970. Para entonces, muchos de sus conocidos habían ya sido secuestrados, torturados y ejecutados por las fuerzas de “seguridad”. Antes que estar feliz por volver a su tierra, se preguntaba si éste seria su turno. Y lo fue. Al llegar al puerto de Ita Enramada, la Sra. Torres fue secuestrada y torturada por la policía.
Nunca más se supo de ella. Sin embargo, los medios de comunicación nacionales se dieron a silencio respecto a su caso durante la dictadura y también al término de ésta; no hubo un clamor de “paz” mientras era torturada; nadie puso carteles de “muerte a la policía”; nadie habló ni habla de la “derecha secuestradora” del Paraguay; quienes denuncian de manera vehemente la actual ola de secuestros en nuestro país nunca han mencionado su caso, y ninguna, camioneta importada, ningún negocio de renombre ni ningún medio de comunicación del Paraguay ha mostrado nunca un moño blanco en protesta por su secuestro y desaparición forzada.
Un mar de secuestros
Hacemos énfasis en el término que utilizamos para describir éste acto: la Sra. Torres fue secuestrada. No nos podemos imaginar una palabra más adecuado para describir su detención pues secuestrar es “retener indebidamente a una persona para exigir dinero por su rescate, o para otros fines”[1]. Su retención fue indebida, pues Agapita Faustina Torres de Quintana no cometió ningún crimen más allá del de pertenecer al Partido Comunista Paraguayo; era miembro del comité central de ese partido.
Su retención fue doblemente indebida pues, aparte de ser ilegal, estuvo acompañada de acciones ilegales en contra de su persona y se desarrolló en un contexto de realización constante y sistemática de crímenes de lesa humanidad.
El hecho de que su “retención” haya sido indebida se encuentra más allá de toda discusión. El Estado Paraguayo a través de la Comisión de Verdad y Justicia ha considerado como confirmada la denuncia de desaparición en su contra y la ha tipificado como una violación a los derechos humanos por parte del mismo Estado.
El fin de ésta retención ilegal era claramente el de infundir terror en la población para así mantener el régimen dictatorial de Alfredo Stroessner.
Su caso, como bien sabemos, no es el único. Las fuerzas de “seguridad” del Paraguay constituyen el grupo armado que ha realizado más secuestros y también torturas, ejecuciones y desapariciones en nuestro país.
Secuestrados y desaparecidos también fueron Mario Shraer Prono, Arturo López Areco, Victorina Godoy Viera, Carlos Mancuello, Federico Tatter y miles de otros compatriotas y extranjeros en éste país.
Las fuerzas represivas del Estado Paraguayo han utilizado el secuestro como metodología política de forma sistemática a lo largo de décadas. Ningún otro grupo armado de cualquier tendencia política en nuestro país tiene un historial tan nefasto en el campo del secuestro como el de las fuerzas de seguridad del Estado Paraguayo.
Para quebranto de Foucault, el control social sigue pasando hoy en día largamente por el cuerpo. Es en las fuerzas represivas que el Estado deposita el control sobre la persona física de los ciudadanos. Cada detención indebida, durante la dictadura y de forma posterior a ésta es un secuestro.
Competencia desleal
Tan acostumbrada está la policía nacional a que el secuestro sea patrimonio suyo que naturalmente siente invadido un territorio que considera propio cuando delincuentes comunes realizan secuestros extorsivos. Es bien sabido que la fiscalía y la policía en algunos casos ha puesto en riesgo a las víctimas con el objetivo de quedarse con parte del dinero del rescate e incluso se cree que en algunos casos han resecuestrado a las víctimas para exigir rescates posteriores.
Esto ha creado una desconfianza contra la policía y la fiscalía que investigan secuestros. La desconfianza se ha hecho patente incluso entre las clases acomodadas y de forma aún más llamativa en las personas que tienen relaciones cercanas al poder de mismo Estado Paraguayo. Dicha actitud fue puesta en evidencia en el caso del secuestro extorsivo por parte de delincuentes comunes de la joven María Belén Argaña ocurrido el 11 de Octubre del 2007. Esta joven era pariente de Luis María Argaña y del general retirado Alejandro Fretes Dávalos[2].
En éste caso, el padre de la secuestrada, Luis Salvador Argaña Guanes, acudió no a la policía a través de los canales oficiales, sino directamente al Ministro de Interior del gobierno de Nicanor Duarte Frutos, Guillermo Delmás Frescura. Delmás Frescura era una persona de confianza de la familia. El mismo Delmás Frescura escogió y dirigió personalmente a un grupo comando de la policía para negociar y dirigir el operativo de rescate de la joven, contraviniendo los procedimientos regulares, los cuales deben involucrar a la fiscalía y a la unidad de la policía encargada de secuestros. Estos hechos son de conocimiento público. El Ministro afirmó en una entrevista “desconfiar” de la Policía[3] y haber actuado con total “hermetismo” dejando en desconocimiento del operativo tanto a la fiscalía como al resto de la Policía Nacional.
Días después el fiscal a cargo de secuestros, Rogelio Ortuzar, de manera inaudita, amenazó con acciones legales en contra de la familia de la secuestrada pues la misma no involucró a la fiscalía ni a la unidad correspondiente de la policía nacional.
Incluso fuera de los casos bien sabidos de secuestros políticos en América Latina, la policía es la que promueve, protege e incluso efectúa los secuestros extorsivos comunes. En México la policía ha estado históricamente involucrada en el “negocio” del secuestro. Lo mismo ha ocurrido en Argentina. La ola de secuestros extorsivos en dicho país terminó cuando el entonces Presidente Kirchner tuvo una pulseada de poder pública y muy tensa con la Policía Federal Argentina, fuerza con una larga tradición de secuestros que alcanzó su pico máximo en la dictadura de ese país. En un periodo de semanas, en varias ocasiones Kirchner descabezó a la PFA y a los altos mandos hasta que la seguidilla de secuestros se detuvo.
No Más Secuestros: No Más Poder a las Fuerzas Represivas
Los hechos históricos dan un panorama muy claro: si no queremos más secuestros en éste país, de quienes más nos debemos cuidar es de la policía nacional y el ejército.
El EPP es un grupo políticamente aislado y rechazado incluso por la izquierda. Es un grupo minoritario, sin perspectivas mínimas de crecimiento político. Este grupo tiene una muy limitada capacidad de acción operativa significativa y en consecuencia no representan un problema de seguridad para la mayoría de la ciudadanía. En todo caso, un enorme grupo armado y entrenado como lo son la Policía Nacional y el Ejército, fuera de control, sí constituyen un peligro de seguridad nacional en materia de secuestros.
La solución que plantea, reclama a gritos y festeja la derecha es la de iniciar una ola represiva con el supuesto fin de aniquilar a un grupo de “izquierda extremista” y hacerlo con el apoyo logístico y material de otras fuerzas represivas de Colombia y de Estados Unidos. Se corre el peligro de caer en una amplia represión a las fuerzas progresistas que nada tienen que ver con éstos secuestros teniendo un  claro trasfondo político.
No debemos olvidar que el secuestro seguido de torturas, una ejecución ilegal y luego la desaparición de Agapita Faustina Torres de Quintana, así como el de miles otros, se han planteado y justificado precisamente como olas represivas con el fin de aniquilar a grupos de “izquierda extermista” y han contado con el apoyo logístico y material de otras fuerzas represivas latinoamericanas y de Estados Unidos. En esa ocasión, ciertamente se realizó una amplia e indiscriminada represión con un claro trasfondo político.
La conexión entre izquierda y secuestro es estadística e históricamente ínfima si se la compara con el historial nefasto de las fuerzas represivas. La conexión que existe es claramente la de fuerzas represivas realizando violaciones a los derechos humanos y secuestro.
No más secuestros. No más poder a las fuerzas represivas.
 
[1] Real Academia Española. Diccionario de la Lengua Española. Editorial Espasa-Calpe, 21ª edición, 2002.
[2] “La nieta de Fretes Dávalos fue secuestrada de su dormitorio, dijo el padre”. ABC Color, 12 de Octubre de 2007.
 
[3] “Titular del Interior desconfía de la Policía”. ABC Color, 12 de Octubre de 2007.

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