¿Qué se disfruta?

Lecturas desde la otra gradería.

Foto: hojeemdia.net.br

No es precisamente la derrota del rejuntado de la franja negra, ensalzados hasta las nubes por un periodismo mediocre y parcialista.

Se disfruta la derrota de la soberbia inconmensurable.

Se disfruta la derrota de la bravuconada innecesaria y engreída, esa que escupe aún en la cara de los que no son como ellos, días antes del segundo partido.

Se disfruta el cese del blanqueamiento de un dirigente que hace unos años fue uno de los que dirigió el vaciamiento de bancos, dejando en la calle a cientos de ahorristas de todos los clubes.

Se disfruta la caída de una institución cuya afición ha apañado a un Trotte golpeador de mujeres, a un ODD  y a otros impresentables en su dirigencia.

Se disfruta del triunfo del fútbol por encima del amañaje arbitral que los llevó hasta esa instancia.

Se disfruta del estate quieto a la discriminación hacia el club del pueblo y el pueblo mismo.

Se disfruta del fin de lo ilógico, el absurdo orgullo de unos aficionados que se alegran porque sus componentes «llegaron» hasta ahí, con sueldos atrasados, algo que en cualquier parte del mundo sería motivo de indignación y repudio.

Se disfruta el fin de la mentira.

Se disfruta de la justicia histórica con aquellos humillados que entregaron su esfuerzo y recibieron palos y mugre a cambio de ello.

Se disfruta que se desinfle el globo de la petulancia.

Se disfruta esa sonrisa contra aquellos que ahora se indignan con el disfrute pero que explotaron, explotan y explotarán petardos cuando estén del otro lado.

Se disfruta el fin de la absurda hipocresía de pedir «apoyo» mientras su barra brava está con barras extranjeros.

Se disfruta cuando los que se creían dioses pagan karma como cualquier humano más.

Se disfruta ver las consecuencias del efecto boomerang.

Se disfruta en síntesis, el dulce gustito de la revancha que nos da el fútbol.

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