Qué entiende por soberanía el stronismo neoliberal

El canciller paraguayo Eladio Loizaga ha dicho que en nuestro país no se puede permitir que se “exporten actitudes antidemocráticas”, en referencia con la prisión del dirigente juvenil chileno Patricio Flores. A la sazón, el canciller está de acuerdo con la expulsión de este muchacho, para resguardar “la soberanía nacional”. El muchacho, para quienes no hayan seguido el caso, fue apresado por policías vestidos de civil, en una camioneta sin chapa ni logo, afín a los procedimientos clandestinos durante las dictaduras. Fue sometido a un intenso interrogatorio en el marco de una detención “preventiva”, una figura jurídica insólita. Patricio había participado, con cámara en mano, de la toma pacífica y simbólica del Ministerio de Educación y Culto aquel 2 de octubre por parte de estudiantes de la Federación Nacional de Estudiantes.
El discurso del canciller y el procedimiento policial fiscal están extraídos del baúl stronista. De este baúl, con lustres del diario Patria y la Voz del Coloradismo, se sacan discursos y medidas impunemente todos los días.
La razón siempre ha sido una mala compañía de la moral. Sin embargo, no nos queda otra que echar manos a esta institución de la era moderna para tratar de comprender y responder discursos y medidas que solo se sostienen en su absoluta decadencia.
¿Qué entiende por soberanía el stronismo neoliberal?
Desde el golpe parlamentario del 15 de junio del 2012, se habilitó una variedad de semillas transgénicas producidas por la Monsanto. Se emitieron los “bonos soberanos” que en dos años endeudaron al país en 1.500 millones de dólares. El gobierno de Cartes contrató asesores de MOSSAD, la inteligencia israelí. Cartes dijo a los empresarios extranjeros que el país era fácil como una chica linda –será para él- y que usen y abusen de las “oportunidades” que ofrece el país.
Se amplió la dependencia de las empresas trasnacionales de la estructura agraria (dominada por Monsanto, Cargil, ADM, Bunge, con infantería brasilera), y ahora se echan manos a la Alianza Público Privada, que, con garantías ofrecidas por el Estado, se ceden administración y recursos públicos a empresas, pretendidamente extranjeras, sin riesgo alguno para el capital inversor.
Ya durante la dictadura stronista, de la cual son hijos predilectos el canciller Loizaga y el presidente Horacio Cartes, se habían entregado millones de hectáreas a “fazendeiros” brasileros en las fronteras del país, para la extensión ganadera y  la revolución verde.
Esta realidad es la que en la actualidad posibilita que gente como Tranquilo Favero maneje, a través del Grupo Favero, un millón de hectáreas de soja en el país. O que los jefes intermedios del narcotráfico, metidos en enormes haciendas, sean brasileros. Medidas de esta naturaleza chorrean sangre por todos lados y nos demuestran que el discurso, bastardo, de soberanía es, al igual que durante la dictadura, parte de un panfleto de la Guerra Fría con la intención de arrinconar a nuestra gente en el miedo para mantener un impune poder.
¿Si no es así, de qué hablamos cuando de soberanía hablamos?

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