Prohibido fumar, escupir y también los vendedores

Por Paulo López

Son casi las 13:00 en el Mercado 4. El tereré con abundante pohã roy’sã apuntala un vare’a que se hace incontenible. “A dos mil la rica chipa. Chipa caliente a dos mil”. “Eme’e chéve peteî”, digo mientras extiendo el importe justo a fin de hacerme de un py’a joko para seguir el resto del camino.

–Nde, ha ko’ãnga oje prohibicé hína la vendedor umía ojupi la colectivo-pe -comento.

–Ha upéicha chamigo. Pero no correi vaerã péa porque o si no piko mba’e jajapopáta -dice el hombre de pelo bien rebajado y media estatura que baja raudamente y ya no quiere seguir conversando cuando le pregunto si no le molesta que lo grabe.

Bajo del micro y deambulo bajo el sol calcinante por la avenida Rodríguez de Francia sin que nadie acceda a decir algunas palabras. Tan acostumbrados a ser pintados como malandros en las crónicas rojas de la TV, no pueden ver ninguna buena intención detrás de alguien que haga preguntas con grabadora en mano. “No, chera’a”, es la respuesta mientras suben a los colectivos o cruzan la acera para evadirme.

Un hombre canoso que lleva colgados en el cuello unos cartones de bingo y sorbe un vaso de jugo mientras descansa accede tras un breve titubeo.

–Yo creo que se ha equivocado esta gente porque muchos pobres que no tienen trabajo en el Paraguay viven de la venta -responde Daniel Cardozo sobre cómo toman la resolución del Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones (MOPC) que pretende prohibir que los vendedores ambulantes suban a los colectivos.

Cuenta que este lunes tienen una audiencia en el ministerio para intentar encontrar una solución.

–Si no resuelve vamos a ir masivamente unos 30.000 vendedores encima de ellos. Es mucho eso. Si no resuelve va a haber más problemas porque va a haber más ladrones, muchas personas que van a tener hambre y no van a tener para darle de comer a su familia. Tienen que resolver. Tienen que pensar bien lo que van a hacer -advierte.

Desde una tienda de ropas estalla el reguetón a todo volumen como una manera de llamar la atención de los clientes. La barrera parece infranqueable y empiezo a renunciar a la idea de hablar con alguien más hasta que compro un jugo de piña a ver si así corro mejor suerte. Un joven que porta chaleco y carnet de vendedor habilitado me invita a corrernos un poco del ruido para poder hablar.

Me dice que su nombre es Roberto Herrera y me muestra un mensaje de texto que le ha enviado un amigo chofer. Allí le habla de una multa de 8 millones de guaraníes en caso de que suban a los borrachos o vendedores, pero que según les dijeron funcionarios del Viceministerio del Transporte la medida aún no entró en vigencia.

En cambio, el MOPC señala que la resolución 50/15 –que fija multas de 35 a 173 jornales mínimos para las empresas en caso de maltrato a pasajeros, escuchar música a alto volumen, subir a ebrios o vendedores ambulantes– ya se encuentra vigente e incluso se facilita un número de teléfono para que los usuarios hagan la denuncia.

Los trabajadores se encuentran concentrados y expectantes ante la audiencia anunciada para el próximo lunes, en la que defenderán hasta el último aliento sus puestos de trabajo.

–Vamos a ver qué pasa el lunes. Si el lunes no nos soluciona habrá huelga general de todos los vendedores -anuncia Herrera.

Nos despedimos con un apretón de manos y me apresto a subir a un bus donde la sensación térmica es de unos 50 grados. El único acto de rebeldía que me queda es comprar lo que puedo a cuanto vendedor suba al colectivo.

–Eme’e chéve peteî la nde manzana, eme’e chéve pete î la nde pera, eme’e chéve peteî la nde ka’i ladrillo.

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