Presos políticos

El juez Bonzi ahora sabe que “por orden superior” debió condenar a los 14 campesinos, aun sin pruebas. Así sentenció el sistema jurídico. Opinión.

Sindulfo Agüero, 70 años, puede volver a prisión, pese a que no se pudo demostrar nada en su contra. Foto: SPP.

Un mes atrás, el juez Gustavo Bonzi rechazó una acusación sin prueba contra 14 personas señaladas como apoyo logístico del Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP) en el secuestro de Luis Lindstron.

Algo de sentido común no le vendría mal a nuestro sistema jurídico, habría dicho este señor al refutar a unos fiscales que presentaron supuestos indicadores sin aportar datos concretos de cómo esta gente ayudó al EPP en su tarea del secuestro.

El sentido común no está muy bien visto. En un santiamén el Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados, encabezado por Enrique Baccheta, suspendió al juez, en tanto que la Cámara de Apelaciones reabrió el caso sin atender las razones del juez.

Los acusados, presos por un año cinco meses, deberán enfrentar todo el procedimiento sobre los mismos indicadores.

Uno de ellos, Sindulfo Agüero, 70 años, es un antiguo dirigente de las Ligas Agrarias, aquel importante intento de organización de las familias campesinas en defensa y promoción de la vida en el mundo rural. En vasta trayectoria de lucha social, sufrió persecución sistemática del régimen de Stroessner, un modelo que parcelaba las grandes tierras entre amigos y empresarios.

En la “democracia”, Agüero siguió con la tarea de siempre hasta constituirse en una pieza importante, insobornable según muchos testimonios, de la Organización Campesina del Norte (OCN), un movimiento de familias que resiste en defensa de sus territorios de producción y vida ante el avance de la soja, el tráfico y las haciendas para ganados.

El juez Bonzi ahora sabe que “por orden superior” debió condenarlos aun sin pruebas. Esta orden superior ya no depende de Alfredo Stroessner o de algún secuaz. Todo el sistema político, jurídico y económico que montó -recreado en el pacto de gobernabilidad- se encarga de que gente como Sindulfo parezca sospechosa de apoyo logístico del cambio de viento que provoca en el campo la afección pulmonar de miles de criaturas o tal vez de haber cebado tereré al hijo del compadre de un tal Mieres, cabecilla de los tantos cabecillas que tiene el frondoso EPP. En tanto ocurren estas cosas menores como mantener presa a la gente sin necesidad de probar nada, me entero por la tele que doña Pocha se metió en otro lío con su vecina pobre de Bañado por el hijo vago que arma rencillas en la comunidad. Y de paso, fugazmente, que la Corte, con cinco de los nueve miembros, confirmó la suspensión de Bonzi.

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