Premian en España al pa’i Meliá por su defensa de la lengua y cultura guaraní

Recibió el premio Bartolomé de las Casas por su entrega a las causas de los pueblos indígenas.

El sacerdote jesuita Bartomeu Meliá, más conocido entre nosotros como pa’i Meliá, es un estudioso de la lengua y de la cultura guaraní. Es uno de los más destacados del mundo en ese campo.

Don Felipe entrega el Premio Bartolomé de las Casas al jesuita Bartomeu Melía- EFE

Dedicó más de 50 años de su vida al estudio, la investigación y la defensa de los indígenas de Paraguay, una causa por la que incluso fue expulsado del país por la dictadura de Stroessner y el Partido Colorado.

Toda esa ardua labor fue reconocida esta vez por la Secretaría de Estado de Cooperación Internacional y la Casa de América, que le otorgaron el premio Bartolomé de las Casas ya en diciembre pasado. Este miércoles último le fue entregado en Madrid, España.

El galardón tiene como objetivo distinguir a aquellas personas, instituciones u organizaciones que se hayan destacado en la defensa del entendimiento y la concordia con los pueblos indígenas de América, en la protección de sus derechos y el respeto de sus valores.

“Es un reconocimiento muy justo al Pa’i Meliá porque sus estudios antropológicos y lingüísticos son muy útiles a todo este movimiento mundial y regional de rescate, reivindicación y revalorización de la lengua y la cultura guaraní”, dijo a E’a, Susy Delgado, la directora de Promoción de Lenguas de la Secretaría Nacional de Cultura.

“Yo estoy muy contenta con que sea Meliá quien haya obtenido el premio, por él mismo pues se merece y porque también va a ser muy favorable a la causa de promoción de la lengua y la cultura guaraní”, agregó.

Los estudios antropológicos y lingüísticos son muy útiles a todo este movimiento mundial y regional de rescate, reivindicación y revalorización de la lengua y la cultura guaraní”, dijo a E’a, Susy Delgado, la directora de Promoción de Lenguas de la Secretaría Nacional de Cultura.

Meliá nació en la isla mediterránea de Mallorca, en Porreres en 1932 y vino a nuestro país en 1954 donde compartió vivencias cotidianas con los indígenas. Vivió en Brasil donde convivió con los Ena Wene Nawé y participó, desde siempre, en diversos programas de educación intercultural en estos dos países, así como en Bolivia y Argentina.

El jurado, reunido el pasado 14 de diciembre, valoró en Meliá su férrea e inquebrantable defensa del pueblo Aché, su labor como defensor de la lengua guaraní «a través de numerosas publicaciones», sus análisis etnológicos y antropológicos de las poblaciones guaraníes y su contribución a la educación escolar de los pueblos indígenas.

También valoró su defensa activa de la lucha de estos pueblos por preservar sus tierras, territorios y costumbres.

Genocidio

A Meliá le tocó ser testigo del genocidio que se llevó a cabo contra el pueblo Aché durante la dictadura de Alfredo Stroessner, el Partido Colorado y las Fuerzas Armadas. «Eran perseguidos. Se entregaban a la civilización pero en su mente entraban en un mundo de muerte», dijo a la prensa.

«Allá por los años 70 eran secuestrados y a veces, incluso vendidos para ser criaditos y, cuando ya eran mayores, esclavitos”, relató.

Para denunciar esto, publicó un libro llamado “La agonía de los Aché-Guayaki”, que acabó suponiéndole la expulsión de Paraguay.

“En realidad, el premio en este caso bien sirve para quien lleva un mensaje, lo instale y diga las verdades que deban decirse, como este señor las ha dicho mil veces delante de quien le aguantara escuchar”, dijo Federico Tatter, de la Agrupación de familiares de detenidos, desaparecidos y asesinados por razones políticas del Paraguay (FADDAPY).

El Estado

Meliá también habló con la prensa sobre el Estado y se reafirmó en su convicción de que “los Estados deben dejar en paz a los indígenas”.

«Dejarles en paz ha sido el leitmotiv de mi trabajo desde que empecé. Sin embargo, hay una condición previa: que se les devuelvan los territorios. Hoy en día todo el mundo dice que es imposible, pero los sojeros han formado su territorio de soja, los menonitas y los ganaderos también lo han hecho».

Aunque cree que es posible, reconoce que es algo muy difícil, «ya que el proceso de usurpación es tan grande que ya casi no nos atrevemos a imaginar que los indígenas puedan recuperarlos».

De todas maneras, la esperanza es lo último que se pierde y la lucha es lo único que da posibilidad de conquistar las reivindicaciones más sentidas y necesarias.

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