Prebendarismo ruin

En la catástrofe humanitaria más grande que haya sufrido el país en décadas, partes desesperadas del Partido Colorado intentan recrear la relación clientelar con el pueblo. Por Julio Benegas Vidallet.

Uno de los tantos intentos: un dispensario médico «colorado», recientemente inaugurado por Cartes. Foto: Gentileza.

Ellos, y muchos más, nos impusieron a un presidente que representa el agronegocio, el narcotráfico y a las cadenas trasnacionales. Lo usaron –se usaron- como patrón al perder en el 2008 el control del Ejecutivo. Un poder ruin, infame, mezquino, apuró el golpe de Estado a través de la matanza de campesinos el 15 de junio del 2012. Ese poder, macabramente, se apropió de la voluntad destruida de la gente en las elecciones del 2013. Un entramado mafioso, electoralmente científico.

El antiguo gerente volvía a la Presidencia de la mano de un poderoso, Horacio Cartes. A este poderoso no le interesan las antiguas relaciones prebendarias y clientelares, aunque haya usado y abusado de ellas para llegar donde está.

Le interesan otras cosas. Su cabeza funciona como relación costo- beneficio en la protección y promoción de grandes negocios, suyos y los de sus socios.  

Ni siquiera en la exposición mínima de sentido común, su cabeza no está en función de lo que a la gente le pasa.

Esa la razón por la que, entre otras cosas, se pierde incluso una visión fiscalista del asunto al rechazar un impuesto del 10% de la exportación de los granos transgénicos que, solo este año, podría haber metido en caja fiscal más 300 millones de dólares.

Ahora no hay dinero, nos dicen. Ahora que miles de familias están reexpulsadas de sus hogares, nos dicen que no hay plata.

En este contexto de miseria absoluta, partes del Partido Colorado intentan reconstruir el tejido prebendario, sobre todo en Asunción. Una seccional colorada que se “convierte en dispensario médico”, aguas minerales arropadas con la insignia de la ANR, presidentes de seccionales que digitan ayudas de Emergencia Nacional y de la Municipalidad solo hacia “los amigos” y “correligionarios” aparecen como acciones desesperadas por mantener maniatada a la gente “por los favores recibidos”.

Mucha gente realmente solidaria, lo sé, está trabajando a brazo partido para que a nuestra gente no le falte comida y un techo. Donaciones de todas partes nos muestran que las redes de solidaridad en nuestro país superviven. El gesto de las familias campesinas de enviar toneladas de alimentos sanos es extraordinario. Un golazo contra la ruindad y el mezquino poder.

Pero al partido “en el poder” solo se le ocurre recrear el antiguo oficio de convertir los derechos en favores.

 

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