Postales amarillas de noviembre

Los diarios llenos de anuncios de “Felicidades mi General. Que Dios y la Virgen lo sigan iluminando a usted y su familia. Viva el Partido Colorado!”, recordaban cada 3 de noviembre el cumpleaños de Stroessner. A estas horas el nostálgico estará pegado a esa foto, mirándola con el orgullo que se abre paso entre las cataratas que el glaucoma deja en su vista. Pensará ¡Qué tiempos aquellos cuando vivíamos felices y sabíamos que la justicia nunca nos iba a alcanzar! Estará mirando la foto largo tiempo mientras escucha la radio esperando oír a otro como él, festejando el cumpleaños del general que ya no está. Y buscando alguna radio que pase aquella polca de “General Strossner nde ko artillero corazón de acero de mi Paraguay  ni el mundo entero ndane mbojojai”· Y los recuerdos cuando escuche  el detonar de los cada vez más escasos petardos.

Una postal de 35 noviembres para la generación de paraguayos de los últimos 20 años: las radios atronando el éter con todo el mosaico de polcas dedicadas al general. La larguísima fila de chupamedias venidos de todos los rincones del país, instalados desde las tres de la mañana del 3 de noviembre frente a la residencia presidencial, a la espera de la lamidafelicitación al único líder. Los dos únicos canales de aire, que generalmente iniciaban sus transmisiones a las 11:30 de la mañana, pasando desde las 5 de la mañana la maratónica chupamedieada, mencionando nombres, apellidos, seccionales, barrios, pueblitos, comités, etc. Los diarios llenos de anuncios de “Felicidades mi General. Que Dios y la Virgen lo sigan iluminando a usted y su familia. Viva el Partido Colorado”. Otra vez la radio, convertida en aquelarre de llamadores más excitados que el mismo cumpleañero. Y plazas, calles, pueblitos y todo lo que podía ser bautizado con el nombre del dictador se multiplicaba más aún en la surrealista fecha, creciendo como hierba mala.  Postal amarillenta, patética, impregnada para siempre en la memoria colectiva de las generaciones que la vivieron.

Pero tanta adulación y medias húmedas se perderían entre la pólvora  de los primeros disparos de la noche del tres de febrero del 89. Ahí quedó abandonado el  salvador de la patria, el macho cabrío nacional, el que reató el hilo de la historia (que por lo visto no lo ató bien por eso se le volvió a soltar), él, que en su discurso de asunción al cargo, logrado también a cañonazos, había dicho que «Como ciudadano, como soldado y como gobernante, expreso ante la nación paraguaya, por vuestro honorable conducto, que me hago cargo con vosotros ante la historia de la consigna que recibiéramos de Francia, de los López y del general Bernardino Caballero». El, rodeado de adulaciones y que dio y recibió condecoraciones como premio a la sumisión. El asesino abandonado por los cómplices del crimen impune durante 35  y más años.

Han pasado cuatro años de soledad absoluta para el nostálgico desde aquel miércoles de agosto en que el mariscal de acero se oxidó para siempre. Sabe que cada día son menos los que se emocionan al hablar del tirano, aunque de vez en cuando se sume uno nuevo a la paupérrima legión. Pero su convicción es más fuerte que los achaques de la salud, juez irremediable que no se puede sobornar ni con toda la fortuna malhabida. Tal vez le recoforte pensar que así como el vida, excelentísimo señor ex presidente de la república y ex comandante en jefe de las fuerzas armadas de la nación, general de ejército don Alfredo Stroessner no está solo. Así como fue en la vida, sigue rodeado de gusanos.

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