Porqué los jóvenes van dejando el uso del guaraní

“Para qué pio hablar, si no me sirve luego”, es una frase que se escucha entre los jóvenes citadinos.

Los jóvenes de la ciudad van dejando el guaraní, según encuesta. Foto: Paraguay.com

El resultado de la encuesta elaborada por Base Is (publicado en este medio) que muestra que las nuevas generaciones van dejando de hablar el idioma guaraní, parece indicar una curva de repliegue de este idioma, luego de siglos y siglos de supremacía absoluta de los guaraní hablantes.

Los motivos son innumerables, y complejos. Aquí enumeraré sólo algunos que, en mi opinión, son transversales en este aparente avance del castellano y retirada de la lengua de origen indígena en el hablar de las nuevas generaciones.

El proceso de descampesinización y su correlato de migración interna del campo a las ciudades, que se disparó en los últimos 20 años con el avance del capitalismo agrario en el país, dislocó el paisaje natural del que se alimenta históricamente el guaraní hablante. La mayoría de los hijos de los migrantes campesinos abandonan el idioma de sus padres porque en las ciudades parece no ser tan necesario hablarlo. Sí es necesario hablar el castellano, porque este es el idioma usado en los espacios de poder, que por cierto, en Paraguay, siempre estuvieron en las ciudades. Para entrar a los espacios de poder y sacar beneficios de ellos, es imprescindible hablar el castellano, no el guaraní. Además, el guaraní que habla la gente de la calle, el pueblo, carece de muchas palabras con las que se puedan nombrar los objetos y el pensamiento de la ciudad, razón por la que no es muy útil. Por esto se escucha mucho entre los jóvenes la frase: “Para qué pio hablar, si no me sirve luego”.

La educación escolar-académica ha convertido al guaraní en una lengua aburrida, compleja y pesada al insistir con la enseñanza de la gramática y los neologismos creados artificiosamente por los que escriben los libros en guaraní. Los docentes enseñan el idioma de origen indígena no desde éste, sino desde un castellano cerrado. Así, la política escolar del Estado va convirtiendo al guaraní en una lengua de museo, con cada vez menos signos de vida. Y los jóvenes van aprendiendo a odiar este idioma.

El poder de los medios tecnológicos de comunicación de masas es, en esta fase del Capitalismo planetario, más que importante en la construcción de cultura y de lengua. Los grandes medios de comunicación que trasmiten desde  las principales ciudades del país, y desde toda la región americana, usan fundamentalmente el castellano. Los medios, con su impacto mediático (principalmente los audiovisuales,  radiales, digitales) en la gente, construyen ciudadanía, y lengua.  Salvo palabras y frases simbólicas en guaraní, los productores de imagen, oralidad y escritura (los periodistas y comunicadores de los grandes medios) usan el castellano. Casi todo lo que las nuevas generaciones escuchan o ven es en castellano, no en guaraní.

Pese a lo que dice la Constitución Nacional y a la promulgación y “vigencia” de la Ley de Lenguas, las elites que administran el Estado Oligárquico Paraguayo no han permitido que el guaraní avance hacia el interior de éste. Conscientes o no de sus actos, hace ya 20 años (contados a partir de la disposición constitucional del guaraní como idioma oficial de país) que las elites políticas, económicas y culturales  del país bloquean el uso del guaraní en el sistema judicial, en la producción de documentos públicos, en los medios de comunicación estatales, en la redacción de leyes, reglamentaciones, ordenanzas, decretos; en la atención ciudadana en las instituciones centralizadas y descentralizadas, en las declaraciones orales de las autoridades. Las elites taponan el acceso del gauraní al Estado.

La mitad del medio siglo puede encontrarnos con un guaraní muy debilitado. Foto: Presidencia.

El guaraní (sus hablantes) es una lengua de resistencia, como las demás lenguas amerindias muertas o aún vivas. Varios factores históricos y culturales han confluido para que, extrañamente, siga siendo hoy un idioma nacional, pese a la persecución y desprecio que sufre de las élites que hablan español y que históricamente concentraron el Poder.  El guaraní (sus hablantes) ha desarrollado  innumerables y potentes recursos de resistencia en su conflictiva relación con el español, tan efectivos que, después de cinco siglos, sigue teniendo más hablantes que su adversario.

Pero así como se ingenió creativamente de recursos para defenderse, ha aprendido muy pocos recursos, tiene muy poca creatividad para el ataque, para el avance hacia espacios de poder social, hoy estratégicos para que siga vivo en el tiempo.

Si sus hablantes no aprenden nuevas estrategias para ocupar espacios de poder real (Estado, medios de comunicación, escritura), no es descabellado proyectar que, tal vez, la segunda mitad de este siglo lo encuentre muy debilitado, con una significativa disminución de hablantes en el país, y con la perspectiva de que, más hacia el futuro, se convierta en una lengua muerta, simplemente de símbolos que quedan en la memoria colectiva.

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