Por qué Brasil envió su embajador

Itamarati defiende su expansión económica en nuestro territorio.

Reunión del Embajador del Brasil en Paraguay Eduardo Dos Santos, colonos brasileños y Fernando Lugo. Foto: Presidencia.

El martes último, Brasil envió al embajador Eduardo Dos Santos a la reunión del gobierno con los abogados de Tranquilo Favero y unos cinco productores de soja.

Cualquiera podría pensar que Brasil intervino oficialmente en el conflicto de tierras entre unas 600 familias campesinas y el grupo favero para defender los intereses de sus ciudadanos radicados en Paraguay. Hasta parece una intervención de buenos oficios, basada en la protección del Estado brasilero hacia su gente, como lo hiciera en el caso de los hinchas de Santos que destrozaran locales en San Lorenzo y golpearan, en una escena catártica, a cuantos se les resistieran.

Mas un Estado tiene mucha manera de intervenir y cuando lo hace en una reunión con el presidente de un país, en este caso Fernando Lugo, y los abogados de Favero y unos cinco colonos productores de soja, emite un mensaje de signficación geopolítica que amerita una mirada más cauta y explorativa de las intenciones reales. En esta búsqueda es importante recrear aquel contexto de reubicación estratégica del Estado brasilero con nuestro país, cuando, reciente el gobierno de Alfredo Stroessner, imaginó la expansión del capital agroexportador negociando con el stronismo la venta de unas cuatro millones de hectáreas del suelo paraguayo a empresarios brasileros, en Alto Paraná e Itapúa, en un principio. Es probable que haya sido una de las monedas de transacción con el régimen para acordar el Puente de la Amistad y la construcción de Itaipú, dos líneas que luego se consolidarían como las principales patas de la economía paraguaya de reexportación, agro exportación y triangulación.

En los sesenta Brasil había definido los territorios del Paraná como el epicentro de la revolución verde. Sin bien al principio la soja incorpora a familias campesinas paraguayas en la producción, rápidamente se fue convirtiendo en un monocultivo a gran escala, hasta que en los 90, con la incorporación clandestina (legalizada en el 2000) de la soja trasgénica avanzó sobre los territorios antiguamente minifundiarios y se internó en San Pedro, Canindeyu, Caaguazú, ya en esa variante de completa desforestación, tractores y fumigación aérea con el poderoso veneno llamado roundup.

Los territorios paraguayos resultaron ser muy prósperos para el capital brasileño. Con una ley medioambiental débil, de penas irrisorias y un Estado al servicio del modelo, en nuestro país deforestar e incumplir todas las leyes medioambientales cuestan poco. Dos años atrás, Favero pagó una multa de 66 millones por desforestar unas 17.978 hectáreas, cuando que tenía habilitación para hacerlo solo en 6.300 hectáreas. Casi ningún gran productor de soja respeta la franja boscosa que la ley obliga para proteger los arroyos, las calles vecinales, las compañías, matriz, entre otras razones, de tremendos daños medioambientales y humanos. En este punto es importante recordar el estudio realizado por la doctora Estela Leite que demostró que en un año, en la zona de Itapúa, el 40% de las mujeres expuestas a las fumigaciones concibieron hijos deformados.

En este territorio sin Estado, el gran capital de la soja ya ha avanzado sobre casi tres millones de hectáreas, en la Región Oriental, peligrando con esto una progresiva desertización de nuestro suelo, la expulsión de miles de familias campesinas más y el desabastecimiento progresivo de productos agrícolas para consumo: maíz, mandioca, verduras, porotos…

La mayor parte del dinero financia el sistema económico y financiero del capital brasilero. Y en medida bastante

La incursión militar brasileña en territorio fronterizo paraguayo de manera amenzante y violando la soberanía territorial desató una crisis en el 2008. Muchos vieron esto como una advertencia del Brasil, en defensa de sus intereses.

rentable, a las matrices transnacionales, la Monsanto y Cargil, las dos compañías más grandes del mundo dedicadas al rubro y cuya matriz se encuentra en EE.UU. En Paraguay no pagan por exportar en bruto la semilla y además solo declaran una renta del 3%, según lo señalara el viceministro de Tributación Gerónimo Bellasai. Es un negocio redondo: desforestan sin miramientos, usan tractores y otras maquinarias con sus respuestos importados (de contrabando en su mayor parte) de Brasil, no pagan impuesto por exportación en bruto y solo declaran una rentabilidad del 3%. Casi todo el dinero de la renta es depositado en bancos “brasileños”, con bajísima redistribución. Este cuadro de expansión del capital “brasileño” sobre los territorios fronterizos es lo que el embajador de Brasil fue a defender en la reunión con Fernando Lugo. Itamarati acompaña esta expansión económica con conocimiento acabado de los intereses en juego. Y es este cuadro el que también, extrañamente, defienden gruesos sectores del poder político, económico y mediático de nuestro país, que vomitan rabia contra las familias campesinas y por poco declaran víctima de infame martirio a gente como Favero.

Es hora de que Paraguay construya Estado y reordene nuestro territorio y nuestra economía. Están en juego soberanía territorial, la salud de la gente, la generación y distribución genuinas de riquezas para nuestra gente.

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