Por qué atacan al Instituto Agroecológico

Es probable que la campaña informativa contra el Instituto IALA Guaraní ya forme parte de alguna decisión política de la actual dirección de Itaipú de cortar el financiamiento.

 

Familas campesinas formadas en el Instituto labran al tierra. Fuente: ea.com.py

Dos fiscalizadores de Itaipu fueron el viernes 24 de agosto de 2012. El lunes 6, algunas fotos tomadas por estos y la planilla de alumnos aparecían en ABC Color, atacándose las bases mismas del emprendimiento, con datos sacados de la imaginación y sospechas desparramadas como juego de naipes. Un ejemplo al vuelo, una persona (Miguel Rejas, de Bolivia), por tener una cédula superior a los seis millones, sería un niño, se dijo.

No era, sin embargo, la primera vez que el Instituto Agroecológico Latinoamerico (IALA Guarani) estaba en el centro de una campaña de difamación. Allá, en Curuguaty, Boris Pérez, alumno venido de Chiloe, recuerda que el día de la masacre de campesinos y policías, el ex diputado Julio Colmán, en su programa radial, pedía la intervención del Instituto por parte de la fiscalía, acusándolo de haberse preparado ahí la ocupación de Campos Morombi. R.M, de Pindo, una comunidad de Yasy Cañy, asegura que este señor también exigía a gritos ese día que a los campesinos se los sacara vivos o muertos de ese terreno de dos mil hectáreas del estado que en el 2004, por decreto del presidente Nicanor Duarte Frutos, se trasfiriera al Indert para reforma agraria.

En medio de Santa Catalina, una comunidad que se yergue a unos cinco kilómetros de la ruta principal y a unos 15 kilómetros del casco urbano de Curuguaty, el IALA Guarani. Allí viven y estudian 72 jóvenes campesinos, de bases campesinas organizadas  paraguayas y latinoamericanas.

Este primer intento de carrera universitaria  agroecólogica del país nació del esfuerzo del Movimiento Campesino Paraguayo (MCP), Cooordinadora de Mujeres Rurales e Indígenas (CONAMURI), la Mesa Coordinadora de Organizaciones Campesinas (MCNOC), la Organización de Lucha Por la tierra (OLT)y el Movimiento Agrario Popular (MAP). La idea es contar con una carrera que eleve a categoría de ciencia la producción agroecológica, con manejo de suelos, abonos orgánicos, recuperación de semillas nativas y protección comunitaria ante el avance del agronegocio nos cuenta el ingeniero agrónomo Freddy Jara, director administrativo. El emprendimiento cuenta con un convenio marco con la universidad de Pilar para elaborar el proceso de creación de la carrera con la malla curricular y los procedimientos necesarios para su reconocimiento en el Consejo de Universidades.

“Nuestra educación es técnica y política, porque defendemos una forma de producción de alimentos sanos y protección comunitaria”, remata. El instituto cuenta con una instancia política y pedagógica, que incorpora a representantes de las organizaciones campesinas. Josefina Ruiz Díaz, de Conamuri, nos cuenta que ella se encarga del área de salud, en el estudio y recuperación de plantas medicinales. Vicente Romano, del MCP, por su parte, nos cuenta que todo el manejo de la institución es compartido por estudiantes, docentes y coordinadores. Y que se sostiene con núcleos de trabajos prácticos para mantener las huertas, la producción primaria de alimentos, la cocina y toda la infraestructura.

Freddy nos narra que toda esta infraestructura fue levantada con manos de los estudiantes y la comunidad de Santa Catalina. Santa Catalina es una comunidad que hace diez años incorporó un latifundio ganadero del brasilero Joaquín Rodríguez, de cinco mil hectáreas, en luchas lideradas por el asesinado dirigente campesino Mariano Jara, cuya muerte merece todo un capítulo aparte. Si entrásemos por la ruta que nos conduce a Curuguaty queda luego de Santa Rosa del Curuguaty, el poblado paraguayo más antiguo de la zona, alguna vez parte de los senderos de la Guerra Grande.

Es probable que la campaña contra el Instituto ya forme parte de alguna decisión política de la actual dirección de Itaipú de cortar el financiamiento. Es un convenio con ambas direcciones, de Brasil y Paraguay. Pero si finalmente le cortan el suministro, Freddy Jara asegura que así como de la nada se hicieron, ahora que ya tienen un predio, ahora que cuentan con la donación de unas 100 hectáreas de la comunidad para llevar ahí la carrera, ahora que la idea se hace materia, “nos ajustaremos los cinturones y seguiremos”

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