Por los pasillos del Congreso

Crónica. Un recorrido por los pasillos, las salas y las oficinas de ambas cámaras del Congreso revela cómo se mueven funcionarios y legisladores, dentro de un privilegiado edificio que hoy está siendo asediado por manifestaciones ciudadanas.

Foto: Magali Casartelli.

Es viernes en el Congreso. Los largos pasillos de las oficinas de los 80 diputados y 45 senadores están en silencio, sin gente. Las secretarias de casi todas las 125 oficinas fingen trabajar o conversan con algún mozo que tampoco tiene mucho que hacer. Es que los parlamentarios asistieron a la sede hasta ayer: desde el jueves a la tarde, ese Poder Legislativo tan cuestionado por estos días para, deja de funcionar hasta el martes a la tarde de la siguiente semana. La mayoría de los diputados asisten a la sesión ordinaria de su cámara los miércoles a la tarde, y el día siguiente ya no aparecen. Los senadores inician su retiro de cuatro días y medio tras la sesión ordinaria del jueves a la mañana.   

“Aquí se produce los martes, miércoles y jueves…los demás días de la semana no hay nada. Lo único que se ve es al funcionariado esparcido por todo el edificio”, me comenta de paso un periodista acreditado en el Senado. Y es así: las 28 comisiones asesoras de Diputados y las 22 del Senado –en las que se trabajan los proyectos de leyes- funcionan solo esos tres días. “Los otro cuatro días de la semana ocupan su tiempo –diputados y senadores- en sus eternas campañas políticas partidarias, o en sus cuestiones personales”, me cuenta mi locuaz colega.           

Hay unos 3000 funcionarios en el Congreso paraguayo. Foto: Magalí Casartelli.

Un takuru de funcionarios 

Recorriendo el edificio del Congreso, nos da la impresión que entramos en un takuru en donde incontables hormigas trajinan por sus laberínticos pasajes. Alrededor de 3.000 funcionarios de ambas cámaras con sus respectivos legisladores ocupan y transitan sus más de 400 oficinas con sus incontables pasillos. Nuestro recorrido nos permite observar el ingenio de los trabajadores para caber en esa edificación de 1.500 metros cuadrados, espacio reducido para aquella cantidad de personas. Una edificación en la que conviven el antiguo casco histórico de la Casa de la Cultura y el moderno casco terminado de construir 10 años atrás. Vemos que se ocupan de sus tareas, y también que simulan trabajar: unos practican el jagua juka en las escaleras de emergencia; otros se ocultan en los rincones de las oficinas; otros chatean en sus celulares, y los más osados toman tereré o simplemente se sientan y miran el panorama legislativo.

“En 1990 éramos apenas 45 funcionarios en la Cámara de Senadores”, me dice R.R., un antiguo funcionario, mientras almorzamos en el comedor de Senado, atiborrado de comensales al medio día. “Y ahora somos mucho, es cierto. Es que cada legislador que es elegido cada cinco años trae su gente. Entran como asesores, entran como contratados, pero termina el periodo legislativo y ya se quedan…así fuimos sumando desde hace más de 20 años”, reconoce R.R., confirmando las últimas publicaciones de los medios.

Foto: Magali Casartelli.

Las bellas funcionarias 

De los miles de funcionarios, se destacan las bellas asistentes de los parlamentarios: cuerpos esbeltos, maquillados con buen gusto, en trajes de ejecutiva o en pulcros vestidos de funcionaria. Una de estas mañanas del día tomamos atrevidamente una foto a dos de ellas mientras conversaban relajadamente en una oficina de la Cámara de Diputados. Sintiéndose descubiertas, se molestaron y llamaron a la guardia policial que acudió y nos interpeló pidiéndonos nuestros credenciales de acceso al edificio. La reacción refleja el clima de temor que sienten los funcionarios por estos días, acosados por publicaciones periodísticas y por las manifestaciones ciudadanas. Pero lo llamativo de ellas no es tanto su belleza, sino su cantidad en el Congreso. “Ja…son las chongas de los parlamentarios, que cada año entran a montones”, suelta un funcionario a quien preguntamos en un pasillo sobre el fenómeno.

Sesión en la Cámara baja. Foto: Diputados.

Un día de sesión 

Es jueves, 10 de la mañana, en la sala plenaria de la Cámara Alta. Los senadores entran ceremoniosos y se sientan en sus curules. Muchos entran con sus computadoras portátiles y sus celulares en mano. Los periodistas aprovechamos los minutos previos al inicio de la sesión para realizar entrevistas. La sala se convierte en esos minutos en un espacio mediático, con los senadores dando declaraciones a los canales de televisión, a las radios y a los medios impresos. Un jolgorio de exposición pública. Luego la voz del presidente de la cámara, Julio César Velázquez, anuncia el inicio de la sesión y pide que los “señores de la prensa se sirvan abandonar la sala”.     

Ya en el sitio de la sala para periodistas, arriba, observamos a través de una de las amplias vidrieras, que sirven de mirador a los trabajadores de prensa, el desarrollo de la sesión. Desde allí contamos la cantidad de senadores presentes: 37,  casi la mitad de ellos chateando frenéticamente con sus celulares mientras se escucha de fondo el aburrido hablar del senador Adolfo Ferreiro, leyendo un escrito de homenaje a un militar y político del Partido Febrerista. Notamos también que Fernando Lugo, tieso, mira perdidamente hacia arriba; Enrique Baccheta sorbe un mate de su tereré mientras habla con Mirtha Gusinky; Luis Alberto Wagner escribe concentrado en su laptop, y Desirée Masi conversa animadamente con Carlos Filizzola. Un rato después escuchamos que el secretario general del Senado leía los pedidos de permisos de varios senadores que viajaron al exterior “por trabajos legislativos”. A eso de las 13, los senadores se levantan de sus curules y abandonan la sala. Terminó la sesión. Tres horas de trabajo exactos.    

Nos viene entonces a la memoria las publicaciones de estos días: diputados y senadores ganan un promedio de 30 millones de guaraníes mensual, con casi 18 millones de guaraníes para contratar asesores y asistentes. Se nos ocurre preguntar a un funcionario administrativo el presupuesto del Congreso en este 2013: 253.691 millones de guaraníes,  pagado por los contribuyentes que en estos días protestan.

Un día de mucho lobby. Foto: Arístides Ortíz.

Por los corrillos del poder

Hoy es miércoles a la mañana. La gente bulle por los pasillos sentada y parada frente a las oficinas particulares de los parlamentarios, mientras esperan su turno para la entrevista. El panorama es opuesto al clima quieto y casi silencioso del lunes pasado. Caminando por los pasillos de Diputados, vemos un adorno de tela roja con la insignia tricolor colgada de la puerta de la oficina del diputado Oscar Tuma. En frente esperan tal vez 15 o más personas. Fingiendo ser un operador, comento distraídamente a uno de ellos: “Hetaitéma piko la gente ohaârova hína…quien sabe mba’e horapa oñatendeta che rehe hína diputado”. Y me responde con confianza: “Yo estoy hace dos horas ya aquí. Vengo de Ciudad del Este. Allá estamos organizando de a poco la base del diputado”.

Alguien me comenta que en el Congreso es normal que los días martes y miércoles los incontables pasillos de ambas cámaras estén llenos de operadores políticos partidarios. Frente a la puerta de cada oficina vemos a montones de ellos, algunos impacientes, otros tranquilos, esperando su turno mientras toman tereré o revisan sus agendas.  

“Mba’e para tratar proyectos de leyes piko van a venir…”, me dice un colega de radio. “Algunos vienen a buscar laburo…pero la mayoría son operadores partidarios que vienen a recibir instrucciones y plata para trabajar en política”, añade.

Foto: Magali Casartelli.

“Corre mucha plata por aquí” 

Como en todos los poderes legislativos del mundo, los lobbistas caminan por los pasillos y visitan las comisiones asesoras detrás del proyecto de ley que les interesa. En el Senado vimos que altos directivos de la Cámara Vial Paraguaya se reunían con el senador Luis Castiglioni, presidente de la comisión de obras públicas y comunicación. Castiglioni, ingeniero de profesión, tiene negocios en la construcción de rutas en el país. Y es el contacto en el Senado de los grandes empresarios constructores de rutas.

Minutos después, los empresarios salen raudos de la oficina de Castiglioni. Un camarógrafo de uno de los canales y un periodista de un medio impreso muy influyente corren detrás de ellos para entrevistarlos. “Esto pio es importante cubrir”, le pregunto a mi locuaz colega, que cubre hace 15 años el Congreso. “Claaroo…corre mucha plata por aquí viejo”, me responde.

Durante cinco días recorrimos el interior del edificio del Congreso asentado en las adyacencias de las calles Paraguayo Independiente, De la República, 14 de Mayo y 15 de Agosto. Es una manzana de 8.800 metros cuadros cuyos ocupantes parecerían ser de Clase A,  en medio del mar de pobreza en el que se va convirtiendo este país. Una manzana que en las últimas semanas está siendo asediada por los ciudadanos de Asunción.   

Foto: Magali Casartelli.

Foto: Magali Casartelli.

Por lo general, las salas de sesiones de diputados y senadores se vacían los días lunes y viernes. Foto: Magali Casartelli.

Los pasillos del Congresos también disminuyen su caudal de lobbistas los días que no hay sesión. Foto Arístides Ortíz.

Foto: Magali Casartelli.

Foto: Magali Casartelli.

El antiguo casco histórico de la Casa de la Cultura es hoy sede de las numerosas comisiones del Congreso. Foto: Magali Casartelli.

Calé. Foto: Magali Casartelli.

Foto: Magali Casartelli.

Foto: Magali Casartelli.

 

 

Foto: Magali Casartelli.

 

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