“Por la vida, la tierra y la justicia”

El pasado 6 de marzo activistas sociales protestaron en el Palacio de Justicia para visibilizar las demandas de los campesinos presos por el caso Curuguaty. Exigieron, entre otros puntos, el apartamiento del caso del fiscal Jalil Rachid y del juez José Dolores Benítez, cuya recusación fue finalmente resuelta a favor de los demandantes. 

Los manifestantes, miembros de varias organizaciones sociales, entre ellos el pa’i Oliva, tomaron por sorpresa al sistema de seguridad, pues una vez dentro de la sede del tribunal empezaron a desplegar carteles y entonar consignas por la libertad de los presos del caso Curuguaty y contra el proceso judicial.

Entre las reivindicaciones citaron el apartamiento del caso del fiscal Jalil Rachid por parcialidad manifiesta, ya que mantiene vínculos con una de las partes –la familia Riquelme– y por direccionar la investigación exclusivamente contras los campesinos, negándose a explorar otras líneas de investigación e hipótesis, como la referente a la actuación policial.

Además, pidieron que se haga lugar a la recusación presentada por la defensa de los acusados contra el juez José Dolores Benítez por prevaricato, solicitud que finalmente fue aceptada. Fue nombrada en reemplazo la abogada Yanine Ríos, la jueza del Menor que resolvió en el caso del adolescente culpado en sentencia abreviada por esta misma causa. La información fue dada a conocer por la defensa, aunque aún no hay notificación oficial al respecto.

El pasado 28 de febrero los presos Néstor Castro y Rubén Villalba, quienes llevan 39 y 42 días de huelga de hambre respectivamente, dieron a conocer una declaración pública en la que reclaman, entre otros puntos, el arresto domiciliario para las presas Fani Olmedo y Dolores López, con 5 y 7 meses de embarazo, quienes se encuentran en una situación delicada y necesitan atención médica especial y sicológica.

“Hay demasiada sangre derramada de los campesinos en nuestro país. Nuestra lucha es por la vida, la tierra y la justicia”, señaló Fabricio Arnella, portavoz de la decena de manifestantes, al ser abordado por los periodistas que se encontraban en tribunales.

El cordón policial iba avanzando en torno a los activistas, quienes seguían entonando, entre otros lemas, “¿Qué pasa en Curuguaty?”. “Pregúntenle a Lugo”, reaccionó ofuscada una señora canosa que se hizo un hueco entre la fila de policías para increpar a los activistas. “Fuerza, hay que luchar por la justicia”, acotó en señal de apoyo un señor de saco claro y corbata azul, quien se acercó a intercambiar unas palabras con el pa’i Oliva.

La orden para abandonar el recinto era cada vez más enérgica y los oficiales ya empezaban a agarrar de los brazos a los militantes para conducirlos afuera. Finalmente estos decidieron retirarse de forma pacífica del lugar y, mientras se dirigían a la salida escoltados por la policía, exclamaron las últimas consignas: “Poder Judicial, corrupto y criminal”, “Rachid, cobarde, tus manos tienen sangre”.

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