Por la plata baila el mono

«Los pulpos transgresores de la soberanía nacional operan un despojo consentido por los tres poderes del Estado y, en particular del Parlamento, que nuevamente se ha opuesto a gravar la agroexportación, que este año  facturará unos 5.000 millones de dólares sin pagar impuestos, solo en el rubro soja, seguido de cerca por la venta al extranjero de la mejor carne que produce Paraguay». (Opinión)

«No por racionalidad ni por respeto a los principios democráticos y pluralistas, sino por pura avaricia y mezquinos cálculos de rentabilidad comercial, activos sectores del rancio poder paraguayo declaran ahora que Venezuela ha pasado a ser un país aceptable». Foto: Cámara de Diputados.

El Senado paraguayo, con excepción de un sector de la bancada del agónico Partido Liberal, se pronunció por aplastante mayoría a favor de reconocer a Venezuela como miembro pleno del Mercado Común del Sur (Mercosur), en un viraje de 180 grados respecto a su postura de hace cinco años, cuando se opuso a ello con fuerte e insultante campaña antichavista, con el claro propósito de golpear de muerte al bloque de integración regional.

El punto había agitado a los 125 parlamentarios en los últimos cinco años, registrándose una montaña de contradicciones en las diferentes bancadas, a tal punto que el extinto presidente de Venezuela, Hugo Chávez, denunció en el 2011 que congresistas habían chantajeado a representantes de su gobierno, pidiendo 11 millones de dólares para aceptar a Caracas como nuevo miembro.

Esta situación pone fin a un absurdo que, finalmente, se comprobó de varias maneras fue parte del plan golpista pergeñado por la derecha local más rancia, asesorada por diplomáticos de Estados Unidos y ejecutivos de las corporaciones transnacionales de los transgénicos tóxicos y de la megaminería, que se concretó el 22 de junio del año pasado, cortando el proceso de cambios encabezado por el presidente Fernando Lugo, quien fue destituido por un juicio político parlamentario de tipo relámpago, ilegítimo e ilegal.

El viraje parlamentario, fruto de la fuerte presión del presidente Horacio Cartes, tiene gruesos efectos paralelos, entre ellos un notable alivio interno a un mandatario atenazado por la presión del 80 por ciento del empresariado vernáculo que le reclama terminar con el aislamiento regional del país, suspendido del Mercosur desde el quiebre institucional hasta el 21 de abril, cuando se realizaron las elecciones nacionales.

La voz de la ciudadanía mejor informada y políticamente más consciente, que venía reclamando en forma creciente la admisión de Venezuela como miembro pleno, es otro de los factores importantes que Cartes ha debido contemplar, consciente seguramente del malestar que le ocasiona a Estados Unidos su nueva postura y que en su momento le pasarán factura, sirviéndose, entre otros recursos, de la fragilidad que sufre el advenedizo político en el regazo del caótico Partido Colorado, en el que está inscripto pero sin identificación doctrinaria, lo cual ya le está complicando las cosas, y promete agravarlas en los próximos meses.

Hay sectores internos, con considerable influencia, que están convencidos de que Cartes, para estimular aún más su multimillonario caudal financiero y posiblemente el de otros capitalistas locales y foráneos nada santos, se aprovechó del profundo debilitamiento que acusa el vetusto partido, para erguirse en su representante y, con base en una insuperable inversión de dinero, ganar la presidencia como trampolín para copar el poder estatal, como lo está haciendo, como exitoso profesional de la especulación.

En una decisión táctica, pensando nadar en los cauces contaminados sureños  y conservar la ropa seca, Cartes ha intensificado en las últimas semanas sus contactos telefónicos y a través de emisarios personales con sus colegas de la zona, visitando las capitales vecinas para entrevistarse con los mandatarios de Argentina, Bolivia, Brasil y Uruguay, sin descuidar su amistad con representantes diplomáticos de Estados Unidos y otras naciones, casos Israel, Colombia, Inglaterra y Canadá.

No por racionalidad ni por respeto a los principios democráticos y pluralistas, sino por pura avaricia y mezquinos cálculos de rentabilidad comercial, activos sectores del rancio poder paraguayo declaran ahora que Venezuela ha pasado a ser un país aceptable e, incluso, hay buen ambiente en Diputados para levantar la resolución contra Nicolás Maduro, a quien se le considera persona non grata desde el 22 de junio del 2012, cuando condenó, junto con los demás cancilleres de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), el golpe de Estado contra Lugo.

El espectacular cambio de postura seguramente sorprenderá a quien desconozca el grado de corrupción y mediocridad que predomina en el mundillo político de este país, una suerte de tumor maligno que, en vastas áreas de la actividad, pública como privada, acusa metástasis y donde la ilustración personal nunca ha llegado.

Desde hace cuatro meses, el gabinete de Cartes viene denunciando el saqueo de las arcas del Estado por obra del gobierno golpista que, en agosto pasado y en medio de una repulsa generalizada, terminó su espurio ejercicio de 14 meses, cometiendo toda clase de abusos de prevaricación, maniobras financieras dolosas con bonos del Tesoro Nacional, gran apertura a las corporaciones transnacionales del agronegocio y la megaminería, y una feroz  persecución ideológica a miles de funcionarios en los entes estatales.

En poco más de un año, el Partido Liberal coronó un período de profundo sectarismo que reverdeció pasajes de la tiranía estronista, obra de su miope conducción que se dejó llevar  por la diplomacia norteamericana que, con similares planteos tácticos, aplicó en Paraguay su plan de desestabilización regional, que había comenzado tres años antes en Honduras.

La dirigencia liberal, torpe y avarienta, interpretó el plan golpista contra un gobierno cuya Vicepresidencia asumía, como un gran triunfo político, sin atisbo de conciencia de que era una trampa que la condujo a una victoria pírrica que terminó por ingresar en terapia intensiva a la centenaria organización, en beneficio del Partido Colorado que ha recuperado el gobierno perdido, aunque no el poder, después de 60 años de absolutismo.

Un largo medio siglo de retroceso nacional en todos los niveles, con un ímpetu criminal en la descomposición y prostitución de valores humanos, de cultura del delito, de corrupción administrativa, cimenta un marco social que impide la dignificación personal y estimula un impudoroso consumismo, con la vida ciudadana controlada por poderes fácticos, lo que, en conjunto, representa una dramática deuda democrática de los partidos políticos.

Frente a la protesta social, el Estado responde incrementando la represión, en particular del campesinado que reclama tierra y se opone a la siembra transgénica con sus paquetes venenosos en pesticidas y herbicidas, fumigados por tierra y aires por las corporaciones transnacionales que han invadido el país y que, con la complicidad de las autoridades del Estado y de los gremios productores, violan todas las normas de protección del ambiente y de la salud de las poblaciones vecinas.

El pretexto para avasallar los poblados de labriegos por las fuerzas conjuntas de la Policía y el Ejército es el combate del terrorismo que representaría el Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP), presentado por la prensa comercial y la derecha política, como una organización guerrillera, sin que jamás haya librado un solo combate, aunque siempre  aparece imputada en cuando asalto o asesinato se produce. En los últimos ocho años, 17 agentes uniformados han encontrado la muerte en su búsqueda, pero los campesinos rematados por balas superan el número 130 y sus victimarios nunca son identificados.

Los pulpos transgresores de la soberanía nacional operan un despojo consentido por los tres poderes del Estado y, en particular del Parlamento, que nuevamente se ha opuesto a gravar la agroexportación, que este año  facturará unos 5.000 millones de dólares sin pagar impuestos, solo en el rubro soja, seguido de cerca por la venta al extranjero de la mejor carne que produce Paraguay.

El tres por ciento de las grandes empresas que operan en el país acaparan el 90 % de los ingresos totales, desbordando un mapa productivo que registra 91% de pequeñas y medianas (MIPYMES), con escasa rentabilidad, informa el Censo Económico del 2012, que consigna la existencia legal de 224.242 firmas nacionales y extranjeras en la industria, los bancos y los servicios, 55 por ciento comerciales y 34 en los diferentes servicios, empleando un total de 800 mil personas de una población de siete millones.

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