Policía clandestina amedrenta a dirigentes estudiantiles

Muy asustada, ella prefiere mantener la reserva de fuente. A la salida la movilización contra la prisión del dirigente chileno y la persecución contra dirigentes del Fenaes, fue seguida por dos hombres que se trasladaban en una camioneta blanca, sin logo, con el vidrio polarizado, durante casi 6 cuadras. Ella pensó que se trataba de algún acoso común, se paró, los miró, pero estos no bajaron la ventanilla. En la zona más oscura aceleró los pasos, ya muy nerviosa. La camioneta la seguía a corta distancia. En un intento de llamar a sus compañeros, ella se percató de que había terminado la batería. “Peicha voi ko la ñande vida mi. Naha’éiro saldo opa la batería”, resume, un poco más relajada durante la entrevista.
En el camino, intentaba poner en orden la cabeza pero era imposible. Los nervios la habían devorado. “Aceleré nomás”. Al mirar de reojo, el ritmo de la camioneta le parecía imperturbable.
Entonces recordó lo que pasó con Patricio, fugazmente, pero “también me asaltó miedo a la violación (la otra). En realidad me costaba mucho pensar”.
Al llegar a la casa, buscó las llaves con desesperación. El vehículo quedó a unos metros. En la desesperación las llaves se cayeron al suelo.
Las recogió pero “no podía abrir. Ya estaba temblando”.
La calle, en los alrededores del Mercado 4, se había despoblado a esas horas. Uncamente los hombres del vehículo blanco eran testigos de esta desesperación.
Por fin logró que una de las llaves encajaran y que hicieran el trabajo mecánicamente.
Pudo abrir el portón. Corrió a la pieza. Desvistió la ventana para mirar a la calle. Tres veces vio recorrer la camioneta la calle de la casa. No le dijo nada a su casera. No quería asustarla. Además, “ya se sabe que la gente tiene mucho miedo”. Enchufó el cargador de la batería. Recobró algo de sensatez y llamó, aún quebrantada, a sus compañeros.
Luego, ya en reunión con sus demás compañeros universitarios, se enteraría de que, con algunos matices diferentes, dos de ellos sufrieron acoso en vehículos idénticos.

El caso del chileno

Patricio Flores, 26 años, fue tomado preso por policías vestidos de civil, en camioneta sin logo. Lo sometieron, según sus testimonios, a un intenso interrogatorio. Está acusado por perturbación a la paz pública por haber participado, filmado en realidad, la toma simbólica de la sede del Ministerio de Educación y Culto, el 2 de octubre pasado.
Esta modalidad era muy extendida durante la dictadura stronista, recuerda el presidente del Partido Comunista, Luis Casabianca. “Estamos ante un evidente terrorismo de Estado”, refuerza.

 

 

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