Pobladores de Ñeembucú se manifiestan en defensa de los humedales

Se manifestaron el martes “por la vida, la legalidad y la salud de la gente campesina, de los humedales y la biodiversidad”.

"No queremos que los arroceros deterioren nuestro medio ambiente ni nuestra salud".

Desde las 9 de la mañana, centenares de ñeembuqueños se manifestaron en el kilómetro 60 de la ruta cuarta, en el distrito de Tacuaras, “en contra de los terroristas ambientales que con sus ambiciosos proyectos económicos quieren destruir nuestros recursos naturales; y con los agrotóxicos, envenenar todo ser viviente de la zona: pobladores, animales silvestres, flora, fauna”, dijo Mauricio Acosta.

La manifestación fue convocada por la Unión de Organizaciones Ciudadanas de Ñeembucú, UOCÑ, “para defender la vida, la legalidad y la salud de la gente, los humedales y la biodiversidad, contra la impunidad, la soberbia y la injusticia”.

El problema central en este momento es el cultivo extensivo de arroz que utiliza la fumigación aérea con glifosato. Durante la manifestación, el rechazo a esta situación fue total. Los manifestantes pidieron la expulsión del arrocero itapuense Juan Andrés Zabrodiek y la suspensión de todos los trabajos en la nueva arrocera que consideran ilegal.

“Es ilegal porque no tiene licencia ambiental de la SEAM ni permiso de las autoridades municipales del distrito de Tacuaras”, explicó Acosta.
El Intendente Lorenzo Irún afirmó que si continúan los trabajos, se tomarán medidas más enérgicas para detenerlos. Otros oradores exigieron que fiscales y jueces actúen en beneficio de la población y no a favor de los agroexportadores.

“No permitiremos que Ñeembucú sea convertido en pueblo fumigado con agrotóxicos empleados en las plantaciones extensivas”, dijeron.

Un pueblo movilizado pidiendo justica

“Fue una movilización ciudadana que por varias horas, a pesar del intenso calor, demostró de qué lado está el pueblo ñeembuqueño”, dijo el ambientalista Andrés Contreras.

“Fue un rotundo NO a los ilegales que trabajan de manera clandestina, con total impunidad destruyendo y fragmentando paisajes, alterando cuencas hídricas, eliminando flora y fauna nativas, envenenando cuerpos de agua y suelo con fumigaciones aéreas y afectando a poblaciones campesinas del lugar”, explicó.

“La manifestación es un mensaje para el tibio y ambiguo Ministerio Público que no actúa como es debido, ya que el ilegal debería haber cesado su actividad e incluso debería haber pagado una fuerte multa y/o estar preso, en base a todo lo hecho, intervenido, documentado, denunciado y sumariado”, agregó.

“Pero parece que la justicia no actúa en Ñeembucú cuando el poderoso don dinero o el poder político están detrás. La movilización continúa, cada vez será más intensa; la audiencia pública de febrero de 2011 fue muy clara cuando se manifestó de manera unánime en contra a los cultivos extensivos y venenos arrojados desde coloridas avionetas”, dijo finalmente.

Manifestación “por la vida, la legalidad y la salud de la gente campesina, de los humedales y la biodiversidad”.

Alarma

La alarma comenzó a funcionar cuando José Mazurek, presidente de la Asociación de Productores de Arroz de la Cuenca Baja del Río Tebicuary, aseguró en un programa de radial que “para acceder a los mercados de extrazona, el país cuenta con recursos para aumentar el área de siembra de arroz a 400 mil hectáreas”.

“Eso significa que hay excesivo interés por Ñeembucú, si no, de dónde van a salir esas 400 mil hectáreas para plantar arroz por inundación”, cuestionó el ambientalista Andrés Contreras.

Según Contreras, el arroz por inundación es un cultivo que necesita gran disponibilidad de agua (millones de litros por hectárea) y en Ñeembucú aparentemente hay mucha disponibilidad de agua, aunque en realidad no sea así. Toda  el agua que hay, en el subsuelo y los cuerpos de agua superficiales viene por la lluvia.

“Tenemos que comprender que el nuestro es un paisaje joven y no asentado aún, por lo tanto muy frágil y dependiente en extremo del agua. Por esa razón, los cultivos extensivos son incompatibles con la continuidad de los humedales”, dijo.

A criterio de Contreras, el impacto ambiental que tendrán los arrozales es muy elevado. “Son cultivos sumamente degradantes y destructivos, cuyas consecuencias serían permanentes e irreversibles a mediano plazo, sobre todo, con el uso excesivo del recurso agua”, afirmó.

Para el ambientalista, incluso la discusión sobre el glifosato pasa a un segundo plano. “Es la viabilidad ecológica el problema central y lo que es importante debatir”, dijo.

“El nuestro no es un capricho. Está avalado por el sentido común, la racionalidad ambiental y los estudios técnicos”, aseveró.

Humedales de Ñe'embucú.

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