Plaza Uruguaya: para-ra-papa-para-rara-ra-pa-pa-ra…

Opinión: “¿El peso de la ley se aplica en igual medida para desalojar a las seccionales y las empresas privadas de los espacios públicos?”

"Circo mediático de Asunción".

Por Augusto Ferreira.

Los conflictos que ha suscitado la medida de enrejar la Plaza Uruguaya no provienen de una discusión estética. Un sector político, a través de los medios de comunicación, está desviando el debate principal hacia las posibilidades de ornamentación de los espacios controlados por medio del vallado perimetral. Prueba de ello es que a las argumentaciones sobre problemas de fondo contraponen recurrentemente la propuesta de “ir a ver como quedó la Plaza Italia”. Da para llorar o para reír.

Además del paradigma de estética que defienden (totalmente discutible), suman el supuesto de seguridad que prometen como bonus track. Tramposa promesa que no llega a formular ni siquiera una premisa lógica para la de solución de la criminalidad zonal.

Por otro lado, de modo a afianzar la opinión pública (la opinión que se publica), plantean devocionalmente la recuperación de espacios públicos (risas). De forma súper mega archi ultra hipócrita, atribuyéndose la labor de jueces y verdugos, como si estuvieran exentos de la punición que ejecutan. Hace sólo unos días criminalizaron y desalojaron a la fuerza a los indígenas que se manifestaban ocupando una parte de plaza.

Con respecto a la ley y la opinión pública, que tanto se han invocado en este asunto de la recuperación de la Plaza Uruguaya, tendrían que hacer un análisis un toque más profundo. Me refiero a la gente que apoyó el desalojo y habló de sus derechos y sus impuestos. Sin entrar en detalles, dejo a consideración los siguientes cuestionamientos: ¿El peso de la ley se aplica en igual medida para desalojar a las seccionales y las empresas privadas de los espacios públicos? ¿El peso de la opinión púbica se aplica en igual medida para desalojar a las seccionales y las empresas privadas de los espacios públicos?

Mientras tanto, en paralelo a esta campaña en favor de la estupidez, un pequeño grupo disidente comienza a congregarse en pequeñas asambleas. Este grupo se plantea, entre otras cosas, la tarea de combatir la desinformación y la manipulación mediática a través las redes sociales, los medios alternativos, los afiches, los volantes, el esténcil, etc. Ardua tarea que es compensada con insultos de todo tipo por una vorágine de consumidores de la filosofía de la inteligencia débil.

Otro curioso fenómeno de esta coyuntura es la escasez de pelotas por parte de algunos gobernantes e integrantes de partidos políticos afines a la causa.  Sabemos que muchos amigos no manifestaron su repudio a las rejas para no ensuciar sus vestiduras, debido a que la opinión pública pareciera estar volcada en contra de las reivindicaciones disidentes. Esta ausencia política, por miedo a lo que dirán, no hace menos que marginar nuestra postura haciéndola susceptible de la radicalización a la que apuestan los medios.

Al igual que otros disidentes, creo que la medida de enrejar las plazas va más allá del hermoseamiento, la seguridad y la recuperación de espacios públicos. Creo que las rejas de la Plaza Uruguaya están siendo levantadas como instrumento de marginación, una forma embozada de control social que será utilizada en “momentos oportunos”. No olvidemos que esa plaza suele congregar las protestas más importantes del Paraguay.

Por último, personalmente no creo que la gente sea estúpida, y tampoco creo que la opinión pública esté a favor de las rejas. Creo que los hábitos sociales de consumo inclinan la balanza hacia la campana que suena más fuerte, y a través de una serie grotesca de incoherencias se hace posible trasladar situaciones absurdas, acorde a escenarios circenses, a la vida real.

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