Plaza uruguaya, mi desvarío; plaza uruguaya, mi cable a tierra

Opinión: «La tierra: elemento fundamental para los que nacemos e irreversiblemente morimos en Paraguay.»

Gente cubriendo los hoyos hechos para las columnas de las rejas de la Plaza Uruguaya. Fotografía: Agustín Barúa.

Hoy es el símbolo de resistencia de los pueblos originarios y las organizaciones campesinas. Hoy, la Plaza Uruguaya sigue siendo el desvarío de los asuncenos como así también su cable a tierra. Cable a derecho a tierra. La tierra: el elemento fundamental para los que nacemos e irreversiblemente morimos en Paraguay. El problema de enrejar la plaza es un problema profundo…

Alguna vez José Asunción Flores musicalizó uno de esos tantos poemas que dan pirí. Creó una obra que da pirí en el alma. Y en una de esas partes decía eso. Estoy seguro. Primero Flores sentía, luego pensaba, y luego hacía esas maravillas artísticas que solo él podía hacer. Más de una vez, José trombón, el músico comunista se encontró de noche, en la Plaza Uruguaya con un gran amigo, escritor popular, que se llamaba Manuel Ortiz Guerrero, más de una vez, en esa plaza, hablaron de arte, revolución y amor. Quizá por eso la Plaza Uruguaya era su desvarío. Manú creía al igual que Flores en esos tres elementos misteriosos, secretos esenciales de la vida y la muerte: arte, revolución y amor.

Y creía de manera intensa. Entre tantas intensidades Manu creía en las ideas de Barrett y tenía más de un poema que hacía alusión al anarquismo. José y Manú fueron grandes amigos, intensos, y creían en una redención social profunda. Amaban al Paraguay, y al Paraguay dedicaban sus expresiones artísticas.

En eso pienso cuando escucho en mis fueros internos Plaza Uruguaya, mi desvarío, y ahora estoy desvariando, porque yo sé también que alguna vez el gran artista de la guitarra, ese señor al que llamaban Mangoré, cuando ya le era imposible continuar en Paraguay, hizo su gran despedida del país en esa plaza. Ahí leyó a amigos y amigas unos de los pocos poemas que se conocen de su autoría. Eligió misteriosamente esa plaza para su despedida.

En realidad no hay mucho misterio, esa plaza, la Plaza Uruguaya tiene mucha historia, tiene su historia en épocas en que Paraguay luchó contra el imperio inglés materializado en la triple alianza entre Argentina, Brasil y Uruguay. Ahí, en esa plaza, existe una fuerza increíble, con las escenas más fuertes de esa época del país. Y esa plaza fue terminal de ferrocarril, y con el tiempo terminal de ómnibus.

En su tiempo el ferrocarril fue el medio de comunicación más importante. Roa Bastos fue uno de los que graficó de manera más genial esa época, pero no solo él, sino también músicos, poetas, un mundo de sensaciones se revuelven en ese lugar relacionado al trabajo, la revuelta, el amor. La Plaza Uruguaya es uno de los mayores símbolos de Asunción, donde nacieron parejas, nacieron revueltas.

El problema de enrejar la plaza es un problema profundo, ya que de fondo está estimulado por ideas políticas que buscan enrejar al Paraguay. A esta altura del campeonato ya muchos han de haber escrito sobre el tema. Se pretende, en cambio, que no sea visto la libre manifestación de compatriotas que expresan uno de los mayores problemas del país, que es el acceso a un derecho, a la tierra.

Hace sólo unos años un medio escrito de comunicación se ganó el triste título de haber realizado el artículo más racista, al editorializar que los pueblos originarios -que acampaban en la Plaza Uruguaya- ensuciaban el paisaje asunceno. Lo terrible es que desde esa vez nace la propuesta de enrejar la plaza. Y hoy se materializa. La televisión se encargaba hace unos días- de manera larga y tendida- de cubrir la posición de un joven rubio, con cabeza rapada, que decía lo mismo. «Enrejen la plaza para que no vengan los indígenas y los campesinos», decía el joven cabeza rapada. Qué estarían haciendo Flores y Manú al respecto. Qué estamos haciendo vos y yo al respecto. Por de pronto unos muchachos y unas muchachas se reúnen a las tardecitas a manifestarse en contra de enrejar la plaza. ¿Dónde?

En la Plaza Uruguaya de nuestros desvaríos, en la Plaza Uruguaya nuestro cable a tierra.

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