Plan CHA: “¿Queremos una Asunción para la postal o para los ciudadanos?”

El arquitecto Carlos Zárate, docente e investigador de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Arte (FADA), nos habla en esta entrevista sobre sus críticas al Plan CHA como propuesta para revitalizar el centro de Asunción. 

Por Paulo César López

En el despoblado centro asunceno de los fines de semana han eclosionado de improviso los conciertos a la gorra, ferias de distintos géneros y concursos de murales, que con sus desnudos han escandalizado a grupos de defensa de la familia e incluso activado la alarma con sus cuadros festivos sobre el supuesto espíritu expulsivo (gentrificación, según la terminología en boga) de las políticas oficiales de revitalización del centro histórico. Si bien parece existir un acuerdo casi generalizado en que resulta imperiosa una intervención sobre el centro para revertir el estado de barrio fantasma en que se convierte luego del horario de oficina, las discrepancias se plantean a la hora de definir cómo hacerlo.

Además de las iniciativas de artistas que se han aventurado a ocupar el centro en las tardes y noches de domingo, a nivel gubernamental el programa estrella de revitalización es el Plan del Centro Histórico de Asunción (Plan CHA), que es implementado por la Secretaría Nacional de Cultura (SNC). En tanto, hacia la zona portuaria el Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones (MOPC) proyecta una intervención sobre 22 hectáreas para la construcción de oficinas de gobierno y la concesión al sector privado para la inversión inmobiliaria y hotelera, con un criticado concurso de ideas que no tuvo en cuenta la opinión de expertos locales y que se hizo público cuando las decisiones ya estaban tomadas.

Carlos Zárate, además de arquitecto, es fanático del Olimpia y con cierta reserva confiesa su debilidad por Annihilator, aunque reconoce que no se trata de “la banda”. Durante la pausa laboral del mediodía nos encontramos en el Parque Carlos Antonio López de Sajonia, donde a duras penas nos procuramos un lugar a la sombra. Magíster en Restauración y Conservación, docente, investigador y coordinador del Área de Teoría y Urbanismo de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Arte (FADA) de la Universidad Nacional de Asunción (UNA), nos habla en esta entrevista sobre el controvertido Plan CHA, sus objetivos, el efecto que tendría y la población destinataria de las políticas de repoblamiento del centro. Zárate cuestiona la construcción de ciudad de postal a la que aspira este plan, que según manifiesta deshistoriza el patrimonio público para reducirlo a un producto turístico estereotipado, soterrando las oscuridades, las tristezas y las derrotas que guardan en su seno las ciudades como escenario de la vida cotidiana y no solo de las grandes gestas heroicas.

–El paisaje asunceno de fin de semana ha cambiado. ¿Qué papel han desempeñado los conciertos a la gorra, los concursos de murales y las ferias en esta reapropiación del espacio público?

–Son acciones puntuales, muy eficientes, entendiendo eficiencia como la capacidad para obtener los máximos resultados posibles con la menor cantidad de recursos. En ese sentido son decisiones tácticas plausibles y que muestran un camino válido a seguir si el objetivo es lograr que la gente vuelva al centro, se reapropie de sus espacios y revitalice el imaginario. En cuanto a la incidencia de esas actividades sobre el paisaje urbano, todas están aún en la categoría de “efímeras”, en etapa de prueba. En el caso de los murales, no se puede hablar de una variación en la forma del paisaje porque se insertan sobre muros que ya existían, pero sí puede considerarse que introducen un nuevo elemento, la expresión pictórica, muy notoria por sus dimensiones y que además de la calidad técnica de los artistas, refuerza dos rasgos de Asunción: su carácter cosmopolita y un elemento de identidad muy consolidado a través de las décadas, basado en el uso desenfadado y hasta caótico del color. En el caso de los pequeños conciertos y ferias, si bien más efímeros y espontáneos que los murales, aportan mucho al componente intangible del paisaje del microcentro asunceno, cuya característica posiblemente más resaltada y añorada por todos es la de ser un punto de convocatoria masiva y permanente para el ocio. La novedad que introducen estas actividades pasa por promover eso en distintos momentos del día, en contraposición a las tradicionales “palmeadas” matutinas de otros tiempos.

Jazz a la calle y a la gorra fue el movimiento pionero en ocupar el centro durante las tardes y noches de domingo.

Jazz a la calle y a la gorra fue el movimiento pionero en ocupar el centro durante las tardes y noches de domingo. Imagen: Fotociclo.

–¿Qué pensás sobre el Plan CHA como política para repoblar el centro?

–El Plan CHA es un instrumento que apunta a una idea específica de revitalización del Centro Histórico y esa idea está basada en una serie de acciones que abarcan diversos aspectos tangibles e intangibles del sector. Entre los varios resultados esperados para hablar del éxito de este plan, el repoblamiento del centro es reconocido por los proyectistas como el más importante de todos. Esto resulta bastante lógico porque creo que podemos estar todos de acuerdo en que a nadie conviene un barrio fantasma, mucho menos en el corazón de la capital. Donde podemos encontrar divergencias es, al menos, en tres cuestiones: primero, en los motivos específicos para repoblar; segundo, en los sujetos a quienes va dirigido, es decir, en qué segmento social, cultural, económico y etario están pensando los diseñadores del plan cuando definen sus estrategias; y tercero, precisamente, en qué tipo de estrategias se implementan para lograrlo. En resumidas cuentas, es una cuestión de miradas. Y yo creo que este plan no mira a todos con criterio inclusivo.

El mural que representa al David de Miguel Ángel y un indígena desnudo grafica el choque entre dos mundos, según su autor, el ecuatoriano Lenny Correa.

El mural que representa al David de Miguel Ángel y un indígena desnudo grafica el choque entre dos mundos, según su autor, el ecuatoriano Lenny Correa.

–¿Fundamentalmente a qué sector de la población estarían dirigidas las llamadas “soluciones habitacionales”?

–Estos nuevos planes anunciados pomposamente como accesibles para todos están realmente dirigidos a sectores de clase media-alta. Explico por qué: los montos de cobertura a los que puede aspirar una familia que gana hasta tres sueldos mínimos son incompatibles con la oferta actual en el sector. Es decir, se ofrecerán créditos con tasas preferenciales a diez años para montos que van desde cincuenta a casi quinientos millones de guaraníes, pero sabemos que es muy difícil poder encontrar una propiedad por menos de cuatrocientos millones ahí, algo impagable incluso para la clase media. Con lo que resulta que esas tasas preferenciales representan una gran oportunidad solo para los segmentos con mayor poder adquisitivo de la sociedad. No me animo a aseverar que el sector público deba intervenir o no en estos procesos de oferta y demanda del sector privado para regular montos y evitar especulaciones, pero si no lo va a hacer, debiera al menos dejar de mentir diciendo que son democráticos, incluyentes y participativos porque las supuestas oportunidades que gestionan para los sectores económicamente más restringidos son meras ficciones, totalmente inaplicables en la práctica.

–¿Existió realmente un proceso de participación o solo se socializaron decisiones tomadas de antemano?

–Cuando hay tantos reclamos sobre los resultados queda la impresión de que los momentos de participación solo existieron y fueron funcionales a efectos de dar un barniz de legitimidad a decisiones tomadas con anterioridad. Son varios los sectores organizados de la sociedad asuncena que no se sienten escuchados ni atendidos al contrastar los reclamos acercados a distintas audiencias y convocatorias con las soluciones propuestas. Creo que no corresponde hablar de si hubo o no participación, sino de cuál es el modelo de participación propuesto por el plan y a qué fines apunta realmente. La “participación” es una de las palabras clave de los grandes emprendimientos en estos tiempos, como lo son también otros conceptos como “sustentabilidad” o “ciudad verde”.

Se trata de cuestiones que deben figurar sí o sí en las memorias justificativas de cualquier proyecto que aspire a ser aprobado y financiado. Es lo que se exige y también lo que “vende”. Pero el papel aguanta todo y la aplicación real y práctica puede ser muy distinta. Por eso hablo de la necesidad de evaluar los modelos de participación. Hoy en día no tiene nada de extraordinario que la participación de diferentes sectores de la sociedad esté contemplada en la elaboración de una propuesta de alcance urbano. La pregunta es: ¿se trata de una participación real, inclusiva y constructiva? ¿O es una participación ficticia, que solo sirve para cumplir requisitos y legitimar decisiones predefinidas por un gabinete remoto? A mí me parece que estamos más cerca de lo segundo que de lo primero.

–¿Cuál es el tratamiento que le da este plan a aspectos como lo identitario e histórico?

–CHA son las siglas del Centro Histórico de Asunción. Puede decirse que la letra “H” del Plan CHA es letra muda en sentido literal y metafórico. Plantea lo histórico de un modo híper banal, en el sentido que el catalán Francesc Muñoz da al término. Según este autor, lo banal o urbanal es característico de cierta forma, en pleno auge, de intervenir en las ciudades reduciendo toda su complejidad a estereotipos simplones de fácil identificación y consumo, en detrimento de aquellos componentes densos que han forjado sus identidades y que requieren procesos intelectuales e interactuantes distintos. Y ocurre que el pasado, la historia, en muchos casos incomoda. Sea por su alta complejidad, porque nos habla de dolor, tristezas, derrotas, de lo cotidiano antes que de lo heroico. Situaciones que se resisten a ser sujetos de oferta en la era del marketing. Si al equipo responsable del Plan CHA realmente le interesase Asunción como fenómeno único, irrepetible y distinto, repararía en lo ineludible de evocarla y reivindicarla en todos sus aspectos. En cambio, lo que ofrecen es una historia de postal turística para, valga la redundancia, turistas. Pero lo que debemos preguntarnos es si queremos una Asunción para la postal o para los ciudadanos.

Solo uno de los diez ejes que proponen aborda el tema histórico cuando hace referencia a los “Corredores Cívicos”. Ahí te das cuenta de la idea de historia que tienen: objetos arquitectónicos singulares, aislados, descontextualizados, pintorescos y, sobre todo, fotogénicos. Importa la fachada de la Catedral y no las historias de resistencia civil en su explanada. Las calles se convierten en corredores, importan porque te llevan de un edificio monumental a otro y no porque sean escenarios de la vida cotidiana de muchas generaciones. Buscan soluciones sin adentrarse en las oscuridades de la problemática sobre la esencia e identidad de Asunción. Cuestiones que por mucha voluntad que ponga un técnico, no puede crearlas pero que al menos puede captarlas y sintetizarlas si prestase atención a la configuración de los lugares, a las crónicas históricas, a la mirada de pensadores y artistas. Escritores de oficio como los históricos Gabriel Casaccia y Mario Halley Mora o contemporáneos como Carlos Bazzano necesitan menos de diez páginas para conectarte a la esencia de la ciudad de un modo mucho más sincero, profundo y complejo que las más de mil páginas que conforman los volúmenes técnicos del Plan CHA.

"Al Plan CHA le importa la fachada de la Catedral y no las historias de resistencia civil en su explanada".

«Al Plan CHA le importa la fachada de la Catedral y no las historias de resistencia civil en su explanada».

A modo de ejemplo nada más: a partir del segundo párrafo de “El hombre de las tres A” de Casaccia, ya estás inevitablemente metido en la piel del personaje y desde la segunda página sos vos el que está caminando por la calle Brasil y subiendo las cuatro gradas de una casa cualquiera sobre Cerro Corá. Te transmite la sensación tensa de una coyuntura determinada ocurrida hace mucho tiempo, pero también te describe escenarios y costumbres que todavía existen y que nos resultan familiares. Y sobre los cuales no somos conscientes muchas veces porque la dinámica vertiginosa a la que nos empuja la vida contemporánea no nos da tiempo a parar, reflexionar y valorar.

–¿Qué se debería hacer para revitalizar el centro?

–Empezar siendo sinceros con respuestas a preguntas básicas. “Revitalización”: ¿revitalizar qué?, ¿para quiénes?, ¿por qué?, ¿cómo? Es decir, ser consecuentes, mostrar coherencia entre lo que se piensa y lo que se hace. Hay que ser específicos y claros con estas cuestiones porque en la interpretación que se tenga de todo esto está la semilla de grandes aciertos que podamos celebrar en el futuro o errores que tengamos que lamentar y pagar por generaciones. Si se va a apuntar a una ciudad abierta, inclusiva, participativa, tolerante, consciente de sus componentes de identidad en muchos casos seculares, las políticas y las acciones puntuales que se tomen tienen que llevar esas cuestiones metidas en lo más profundo de su esencia. Eso implica que muchas decisiones no serán de rápida ejecución, ni se verán a corto plazo los resultados ni serán atractivas para cierta idea de marketing.

El gran riesgo que veo en estos momentos está en que los que tienen mayor poder de incidencia sobre la configuración del centro disocien lo que dicen de lo que piensan. Que se llenen la boca de todas esas cuestiones que mencioné pero que en la práctica, por muy vistosas que resulten sus propuestas por momentos, sean funcionales a un modelo de ciudad que se ha reproducido como hongo en todo el mundo en las últimas décadas y que, una vez terminados los fuegos artificiales, dejaron exclusión, amnesia y banalidad enlatada para turistas. En muchas ciudades del mundo se están planteando y desarrollando hoy penosos esfuerzos para desandar un camino que aquí hasta hoy apenas se ha insinuado. Durante más de cuatrocientos años Asunción fue conformada por ciudadanos anónimos y acciones cotidianas y no por empresas e intereses corporativos. El centro de la ciudad fue en declive cuando el asunceno perdió capacidad de incidencia en la conformación de su ciudad. Por eso el reempoderamiento real de los ciudadanos es clave en esta historia.

Proyección del resumen ejecutivo del Plan CHA sobre el Paseo Fluvial de la Costanera.

Proyección del resumen ejecutivo del Plan CHA sobre el Paseo Fluvial de la Costanera.

–¿En qué se complementa y en qué se opone el Plan CHA al Plan Maestro de Puertos?

–Lo primero que llama la atención es precisamente que se trate de dos planes distintos sobre dos sectores totalmente contiguos, afines y complementarios, que fueron arbitrariamente separados por algún equipo de burócratas de gabinete, que por ciudad entienden lo mismo que un loteador inmobiliario. En la primera propuesta del Plan CHA está considerado el sector que hoy está afectado por el Plan Maestro del Puerto, pero ya en ese entonces se hacía referencia a que su tratamiento correspondía a otra jurisdicción, específicamente al Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones (MOPC). En cualquier caso, subyace una misma visión en ambos planes: poco inclusivos, obsesionados con el capital privado, ajenos a cuestiones de identidad que han forjado la ciudad y alienados respecto a las necesidades reales de sus habitantes. Respecto a su relacionamiento con el entorno, lo que pretende es dar el tiro de gracia a la población de extracción popular, especialmente los ribereños, y consolidar la mentalidad de que el “derecho a la ciudad” en Asunción  es, en la práctica, privilegio reservado solo a quienes pueden pagarlo.

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