Personajes históricos del Bicentenario: Rafael Franco

El periodista y escritor Carlos Morales narra el perfil del Coronel Rafael Franco.

Por Carlos Morales

Leon Kare y la estrategia revolucionaria

Atraviesa esa calle Estrella como todos los días, rumbo al café.  Ahí están sus camaradas que compartieron con él el infierno chaqueño y la defensa palmo a palmo. Lo saludan al pasar con admiración y respeto, hasta con emoción. Ahí recordará jornadas de las batallas contra los bolivianos y el mayor enemigo en aquellas tierras: la sed. Recordará rostros, nombres,  actos de valentía suprema y traición inmisericorde. Luego vendrá el recuerdo de esas otras luchas, aquellas donde hubo de llevar adelante las reformas largamente postergadas, haciendo  frente a los enemigos de siempre y para siempre del pueblo. Contra quienes luchó desde siempre. Los mismos que intentarán en vano que la historia lo deje en el olvido. Sonríe el Coronel Franco en aquella tarde del año 1973.

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Esta fotografía es una de las pocas que se tiene de Rafael Franco. Fue tomada por Hart Preston para la Revista Life el 01 de enero de 1941, durante su exilio en Montevideo, Uruguay.

Para ese entonces han pasado 77 años de aquel 22 de octubre del año 1896, cuando llegó al mundo. Fueron sus padres Federico Franco y Marcelina Ojeda. En esa época el país iba cicatrizando las heridas  del genocidio de la Guerra Grande. Era considerado uno de los mejores oficiales de su época, por eso a su cargo estaba la formación de nuevos cuadros oficiales. En el año 1928 recuperó el Fortín Vanguardia que había sido tomado por los bolivianos. Este hecho ya era un anticipo de lo que sería la gran contienda chaqueña.

“Pepe ou ñande comandante León Kare”, decían los miembros de su tropa, quienes expresaban admiración y gran respeto hacia su jefe. El mote de león se debía a su gallardía para enfrentar los desafíos más inverosímiles y lo de kare (cojo) por la renguera que lo caracterizaba. Esta era a consecuencia de un accidente ocurrido en los últimos años del Colegio Militar. En aquella ocasión durante unos ejercicios cayó de un caballo y se fracturó los huesos del muslo derecho.

Un león en el Chaco

La batalla de Boquerón es un emblema dentro de la recuperación de la soberanía en el Chaco Paraguayo. Se la señala a ésta como uno de los puntos de partida que marcarán la victoria paraguaya en el plano militar. Pero también hay quienes cuestionan la estrategia utilizada por el alto mando paraguayo  para la recuperación de esta guarnición. Se cuestiona la excesiva cantidad de bajas frente a un número mucho menor de soldados bolivianos. Es así que a tal punto en Bolivia esta batalla es considerada como una “victoria moral”.

“Es el jefe  más activo y peligroso del ejército paraguayo”, dijo Hands Kunt, comandante de las tropas bolivianas hasta la derrota en Campo Vía. La estrategia para esta batalla fue llevada adelante por León Kare y de esa forma logró derrotar a la escuela prusiana del comandante alemán. En Campo Vía formó parte de una brillante acción donde se logró capturar a dos divisiones bolivianas que se encontraban en retirada. La captura de estas divisiones, a más de los prisioneros, permitió proveerse de gran cantidad de municiones y armamento, materiales que escaseaban bastante en el ejército paraguayo debido a la escasez de fondos para adquirir armamento.

La recuperación de Yrendague representa un capitulo épico en la guerra. La reconquista de este sitio fue obra del Coronel Franco, quien organizó a sus tropas para tal propósito. Lo cuenta así él en sus memorias: “La decisión de la batalla, de acuerdo al plan, la llevaba la VIII División (del Coronel Eugenio A. Garay). De su marcha de 60 kilómetros por sendas abiertas a machete sin más agua que la estrictamente necesaria para dos días y bajo un sol abrasador de diciembre,  dependía el éxito. (…) la heroica columna estaba sentenciada a vencer o morir, llegar con las últimas gotas de agua para la captura de Yrendague o perecer de sed sin auxilio posible”. Es digno de leer en las memorias militares el apartado “La marcha de aproximación”. Detalles para entender la magnitud de la lucha, la sed que hace estragos en ambos ejércitos y la anécdota de un cura del regimiento boliviano que al momento del ataque paraguayo huye con el dinero de una partida de póquer de oficiales bolivianos.

Allá lejos quedan mudos los cañones y los cadáveres bajo el sol chaqueño. Aquí, bajo los balcones poblados de tricolor, desborda la alegría de la población que ve volver a sus combatientes. Pero hay uno que camina bajo la alfombra de flores y aclamaciones que se tienden a su paso. El León Kare vuelve listo para enfrentar otra batalla.

Desde la otra trinchera

“En el campo de batalla se unificó el pensamiento político de la revolución. (…) En los campos de batalla nadie era ni liberal ni colorado. Frente al invasor extranjero se llegó a comprender todo el absurdo del encono interno. (…) Jefes, oficiales y soldados estuvimos todos unidos ante la gestión antipatriota de los gobernantes”, dice Franco hablando de los inicios de la revolución de febrero que lo llevaría a ejercer la presidencia de la república desde febrero de 1936. En reiteradas oportunidades demostró su descontento hacia los gobernantes y el alto mando, principalmente hacia el presidente Eusebio Ayala y el Mariscal Estigarribia, a quienes calificó de lacayos al servicio de las empresas petroleras. A Estigarribia le agregó el mote de “Traidor de la Patria”.

“En el mes de octubre, de 1935 el doctor Eusebio Ayala advirtió al Congreso, de mayoría liberal, de que una profunda revolución está teniendo lugar dentro de nuestra nación y de que cada día se arraiga más en la conciencia ciudadana. (…). Sin embargo el Congreso no prestó atención a la advertencia. Rechazó una ley de pensiones para veteranos de la guerra mientras que aprobó una pensión mensual para el liberal José Félix Estigarribia consistente en 1.500 pesos oro de por vida, al igual que repartió ascensos y medallas a los hijos de los prominentes liberales (emboscados la mayoría) que se destacaron en el completo desconocimiento del frente de guerra”, continúa diciendo en sus memorias.

La Revolución de los 545 días

“El Estado y la Revolución Liberadora del 17 de febrero de 1936 son un todo indivisible”, señalaba. En febrero de 1936, El Coronel Rafael Franco vuelve al país luego de estar exiliado en Argentina. Un golpe militar lo asciende a la presidencia de la república. Desde ahí llevaría adelante  numerosas reformas revolucionarias en lo político y social dentro del área de la salud, educación, derechos laborales, realiza una verdadera reforma agraria donde se benefician alrededor de diez mil familias.

Entre las reivindicaciones históricas deroga las leyes que declaraban al Mariscal López fuera de la ley. Lo declara Héroe Nacional y junto a él declara beneméritos de la patria a su padre Carlos A. López y al Supremo Doctor Francia. Deroga la Constitución legionaria de 1870 y reivindicó los ideales de la Revolución Comunera e Independentista. También defiende el territorio paraguayo y sus límites en el Chaco. Este último punto sería traicionado en las negociaciones de paz. Terminó la construcción del Panteón de los Héroes donde se depositaron los restos del Mcal. López y un soldado desconocido de la contienda chaqueña.

En sus memorias militares, Franco cuenta del frustrado golpe del 8 de agosto de 1931, durante una cena en el buque Humaitá, atracado en Puerto Casado. En aquella oportunidad estaban presentes los comandantes militares, todas las altas autoridades del gabinete gubernamental y el propio presidente de la república, Eusebio Ayala. La orden era que uno de los presentes, leal a Franco, debía de proceder al arresto de todos los presentes.

“La presencia de los delegados de países extranjeros  salvaron providencialmente de ser consumado el primer acto revolucionario en contra de los triples traidores de la patria, que de esta forma por unos meses más postergaron el acto de sentencia a que, sin apelación alguna,  merecieron el veredicto inapelable del pueblo: Que los endilgaba como autores y coautores de este fatídico, como un ejemplo de la afrenta inicua inferida a la dignidad e integridad de la nación y sus autores, responsables o encubridores hasta hoy, pululan por nuestro escenario mancillando cruelmente el honor nacional, vivirán eternamente en la maldición y desprecio de los compatriotas”, cuenta el Coronel en sus memorias militares.

Finalmente el gobierno revolucionario es derrocado por otro golpe de estado al mando de militares el 13 de agosto de 1937. Así se terminaban los 545 días de un gobierno que reivindicó los derechos del pueblo como no ocurría desde la época del Supremo Francia y los López. Franco parte al exilio en Uruguay, donde estará hasta 1946 y tendrá un breve regreso durante la primavera democrática de ese año. En el 47 es obligado otra vez a abandonar el país. Regresa definitivamente en el año 1963, hasta su muerte, el 16 de setiembre del año 1973. En esos últimos años vivió en una habitación pequeña que servía de garaje, y en sus años de destierro en Uruguay, sobrevivía vendiendo jabones que él mismo fabricaba.

Fue bajo su gobierno que se concluyó el Panteón Nacional de los Héroes. Sin embargo él se negó de manera tajante a que sus restos sean depositados ahí. Había dicho: “Aníke pe permití che gueraha la Panteón de los Heróespe. Aguereko vará la che panteón repyrá o sino che familia ojogua vara cheve. Ndi katu veima ña noheve ko ñane reta poriahúmígui un metro de yby. Panteón de los Heróespe ko oi umi gente o entregavaekué la ñande yby umi boli pe. (No permitan que me lleven al Panteón de los Héroes. He de tener para el costo de mi panteón o sino mi familia lo hade comprar. No podemos más  quitarle a este empobrecido país nuestro un metro de tierra. En el Panteón de los Héroes están esos que entregaron nuestro territorio a los bolivianos)”. Así el  León demostraba que seguiría peleando contra los enemigos de la patria, los de siempre, incluso en la eternidad.

Fuentes bibliográficas:

*Memorias militares de Rafal Franco. Autobiografía. Tomo 2. 1988-1990.

*La conducción de la Guerra del Charo. De Edición El Lector. 1998.

*Crónica histórica ilustrada del Paraguay. Tomo 3. Editorial Quevedo Ediciones. 1997.

*Los presidentes del Paraguay. De Raúl Amaral. Editado por el Centro paraguayo de estudios sociológicos. 1994.

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