Personajes históricos del Bicentenario: el Pajé Overá

Arístides Ortiz ensaya un retrato del legendario shamán guaraní Overá.

El Pajé Overá

Por Arístides Ortiz

El aro de madera (Tembetá) incrustado en el labio inferior. De estatura mediana, anchos hombros y cadera; la nariz chata, macizo el cuerpo. El rostro más bien ovalado, de ojos un tanto achinados,  cuya cabeza sostiene una larga cabellera.

Así habría sido el Mburuvicha (jefe) y Pajé (shamán) Overá (Esplendor), líder de una de las rebeliones guaraníes más significativas contra el poder de los Karai españoles.

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Estatua de una figura indígena. Fuente: www.infoberaweb.com.ar

Las crónicas coinciden en que vivió entre 1520-1600 en el pueblo guaraní de Guarambaré. También coinciden en que su particular rebelión ocurrió en la segunda mitad del siglo XVI, más precisamente entre 1578-1579.

¿Habrá nacido en uno de los óga comunitario del Mbarakajú o del Paranaés? Importa poco su lugar de origen, el hecho es que Overá, ya adulto y atraído por los suculentos trueques  entre guaikurúes, guaraníes, pajaguaes y españoles en la Bahía de Asunción, convenció a unos cuantos, construyó una canoa angosta y larga y navegó por varios ríos hasta llegar, como un gran camalote, a la región de los kario, dominado ya por los hombres de acero, de tupida barba, de ybyra de fuego y de grandes jagua. No fue fácil llegar hasta las tierras kario. Dicen las crónicas que él y su grupo tuvieron que esquivar las fechas de los temibles pajaguaes, expertos en navegación y en el arte de la guerra; peor aún: tuvieron que enfrentarlos en las canoas, en medio de los ríos, en los que Overá degolló a varios de sus enemigos, aunque también perdió a varios de sus acompañantes.

Llegaría así a aquel mercado acuático donde bullían los comerciantes originarios y europeos. Las permutas incluían las preciadas mujeres (sostén de la economía colonia, reproductora de mestizos, esclavas); también los útiles caballos, y más aún que estos, los arcabuces, aquel palo mágico de fuego que fascinaba a los originarios y que hacía la diferencia fundamental para la dominación española. Y por supuesto los bastimentos de todo tipo, incluyendo las canoas mejor talladas, los bellos ornamentos nativos y los brillantes objetos traídos de España.

Overá dejó su vida de comerciante, de canoero guerrero. Tal vez cinco o diez o quince años después de llegar a la bahia, quién sabe, se fue al pueblo de indios de Guarambaré, donde pronto fue mburuvicha de un óga: una larga y ancha casona de varios pilares de tronco con techo de paja bajo el cual vivían sesenta o setenta  mujeres y hombres guaraníes. Su figura, respetada, fue imponiéndose sobre los demás mburuvicha.

Con seguridad habrá visto, o tal vez protagonizado, la rebelión de 1542-1543 liderado por el valiente kario Aracaré. Quizás lo estudió: fue un levantamiento militar potente, aunque sofocado porque careció de los elementos religiosos que mueven espiritualmente a los guaraníes. Vería o protagonizaría varias rebeliones más.

Transcurría el tiempo y Overá recibía las enseñanzas cristianas del Presbitero Martín González, cuyos sermones y narraciones bíblicas quedaron grabados en su memoria. Recibió con simulada obediencia el mongaraí (bautismo) y el nombre cristiano. Poco le importó esto. Su héra (nombre) verdadero era Overá, el que le dio aquel centenario Karaíva o Pajé (shaman) de su óga de origen, un viejo arrugado a quien, en medio de un trance espiritual, le fue revelado que el niño fue depositado en el útero de su madre por los brillos del Universo, por un Esplendor de luz cósmica. El anciano Pajé había cumplido su tarea: recibía del lenguaje divino el nombre, la sagrada palabra en guaraní que identificaría de ahora en más al futuro Ava y lo ataría al tukumbó (comunidad).

A partir de 1578 la historia de nuestro personaje se acelera. Un furor nace en su ä (alma): el deseo, o mejor el mandato de sus antepasados de liberar a su pueblo de la sujeción española. Overá veía cómo los Ava iban dejando paulatinamente de usar el barbote labial por orden de los sacerdotes cristianos. Veía cómo iban abandonando el jeroky, esa danza colectiva en la que expresaban la comunión con sus dioses y seres mitológicos y los pedidos de favores para enfrentar con valentía las guerras. Pero el hecho que le provocó  estupor fue la lenta pero agresiva sustitución de nombres guaraníes por nombres cristianos, a través del mongarai. Los misioneros  sustituían la antigua práctica shamánica del ombohéra (descubir el nombre divino): un rito donde las fuerzas sobrenaturales y los dioses guaraníes revelaban  al Pajé, entrado en trance, el héra del niño. Overá tal vez pensó que si el guaraní no podía nombrarse a sí mismo, no podría nombrar la vida, imposibilidad que llevaría a su mundo cultural a la muerte.

Nuestro personaje se nombró a sí mismo Karaiva. En una actitud mesiánica se puso por misión salvar a su pueblo. Así comenzó a predicar por los táva. Multitud de indios lo seguían a su paso. Ordenó a sus seguidores la vuelta al jeroky, al tembetá y, sobre todo, a borrar los nombres cristianos de niños, ancianos y adultos. En un juego de sincretismo, se apropió de las creencias cristianas y se proclamó Jesús. Nombró a su esposa Ñandesy (La Virgen María). Llamó a su hijo Guyraró, nombre de uno de los grandes dioses guaraníes generador de las tormentas y la destrucción. Además, confirió a éste el estatus de Papa cristiano, con la fundamental responsabilidad de que se cumpla la orden de borrar los nombres cristianos impuestos a los indios. Como si sus poderes simbólicos fueran pocos, Overá declaró tener bajo su influencia al Jaguareté hovy, el gran tigre azul volador que en la mitología guaraní tiene el poder de apagar la luz cósmica y destruir el mundo.  A esta criatura celestial enviaría para que destruyera a los karai españoles.

Organizó el consenso con los mburuvicha de los demás pueblos de indios. En una gran junta guerrera realizada en Tanimbu guasú, Overá terminó recibiendo el respaldo de  los caciques Urumbiá, Tanimbañó, Kuremó, Kurapey, Ybyriju, Tapucané y Yacaré. La jefatura guerrera recayó en el cacique Guaykará y el acompañamiento shamánico en Taguatatï.

Pero las huestes al mando del capitán Juan de Garay, allá por 1579, sofocaron la rebelión. Luego de la gran batalla sobre el Río Ypané, en la que murió el jefe Guayraka y fueron diezmadas sus fuerzas por los arcabuces, el ejército de rebeldes guaraníes se dispersó. Overá sin embargo logró huir hacia los impenetrables montes de la Región Oriental.

El movimiento de liberación militar y shamánico de Overá fue derrotado, pero sus ideas de resistencia cultural quedaron inscriptas, indelebles, en la memoria colectiva guaraní. Ideas que organizaron históricamente la peculiar lucha de la cultura guaraní dominada contra la cultura occidental dominante. Una confrontación en la que la palabra, la capacidad de nombrar del dominado a través de su lengua, sigue viva, tal como hubiera querido Overá.

Fuentes bibliográficas

*Los aborígenes del Paraguay. De Branislava Susnik. Edición del Museo Etnográfico Andrés Barbero. 1979.
*El hombre paraguayo en su cultura. Cuadernos de la Pastoral Social de la CEP. Ponencia del jesuita Antonio González Dorado. 1986.
*La lengua guaraní en el Paraguay colonial. De Bartomeu Meliá. Editado por Cepag. 2003.
*El rol de los indígenas en la formación y en la vivencia del Paraguay. De Branislava Susnik. Tomo II. Editado por el Instituto Paraguayo de Estudios Nacional. 1983.

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