Pequeño ensayo acerca del plagueo del músico

Opinión de Gabriel Lema. Tocar o no tocar gratis.

Hace unos días comenzó a circular como reguero de pólvora en los muros de mis colegas músicos un pequeño texto con el que estoy completamente de acuerdo que decía:

‎»A mí me gustaría que a un abogado o a un médico, arquitecto o ingeniero…le dijeran: Doctor, venga y atienda este caso, no hay plata pero ayuda a promocionarse y darse a conocer; antes agradezca el espacio y la oportunidad”.

Hay gente que piensa que la Música no es una profesión, sino, un hobbie y que todos los músicos son ricos, no comen ni pagan servicios, por eso solo necesitan “promoción.»

Aclarando nuevamente que estoy en un cien por cien de acuerdo con las palabras de ese texto, considero que la lectura e interpretación que se ha hecho de él en los comentarios en los respectivos muros es preocupantemente superficial y por ende potencialmente nociva.

Estos comentarios (a la lectura de los cuales le he invertido mucho tiempo porque me permiten entender como piensa mi entorno) se convirtieron en un plagueo a los cuatro vientos cubriendo tópicos interesantísimos como Bailando por un Sueño, la actitud de los dueños de los pubs, la decadencia musical abanderada por el reggaeton y cientos de otras aristas que se sumaban a este Cambalache.

No he encontrado (no digo que no los haya) ni un solo análisis profundo y realista del tema que pueda desembocar en una propuesta de solución. Voy a intentar hacer desde mi capacidad y experiencia ese análisis.

Primer punto (y el más importante). Todos consideramos que merecemos múltiples oportunidades y que mi entorno tiene la obligación de brindarlas. Nada más lejos de la realidad. Si hay algo que aprendí en esta carrera es que subir a un escenario es un privilegio que se gana con trabajo y seriedad, no es un derecho que gano por el simple hecho de autodenominarme músico.

Segundo. Quien produce un espectáculo no tiene la obligación de estar de acuerdo con mi visión artística y de arriesgar sus inversiones en subirme al escenario. Los productores y los dueños de los pubs son hombres de negocios, no son necesariamente amantes de la música. Para ellos la música es una herramienta para ganar dinero y reducir costos es una de las maneras en las que se gana dinero. No es una falta del hombre de negocios proponer pagar poco (o no pagar), es falta de quien acepta. El sabrá que la calidad de su show será menor y ahí radica su riesgo.

Tercero. Todos los músicos han tocado alguna vez por promoción. Si a cualquiera de nosotros nos ofrecieran tocar gratis como músico de Pink Floyd, absolutamente todos aceptaríamos porque sería un desafío importante y un gran impulso a nuestra carrera. Haciendo una referencia al texto, los abogados hacen trabajos gratuitos todo el tiempo, a los médicos de hecho los hacen trabajar gratis como parte de su formación. Es un error considerar que el desembolso en dinero es el único pago que podemos percibir. Debemos decidir de antemano que shows deseamos hacer de manera gratuita y en que manera nos van a beneficiar.

Cuarto. La industria del entretenimiento y la industria cultural son dos ramas completamente distintas. El entretenimiento paga muy bien por poco tiempo, la cultura paga menos en plazos más largos. En esta profesión, salvando contadas excepciones, una carrera se arma equilibrando trabajos en ambas industrias. Por poner un ejemplo entre miles, Michael Landau, brillante guitarrista de sesión que ha tocado en incontables proyectos, desde Pink Floyd a Enrique Iglesias, desde James Taylor a León Gieco, tiene su propio proyecto de rock con el que toca en pubs para 35 personas. Lo hace por placer (para un músico de ese calibre, el valor de 35 entradas divididas entre los miembros de su banda es el equivalente a tocar gratis) porque poder llevar al escenario una propuesta propia es suficiente paga en la industria cultural. La industria del entretenimiento nos va a permitir vivir pero tal vez deberemos tocar algo que no nos satisface plenamente. En ese punto el término que utilizan comúnmente quienes no están de acuerdo es el de prostitución. Si Wisin y Yandel le ofreciera a cualquiera de nosotros diez mil dólares por show, aceptaríamos gustosos. Por lo tanto no se trata de si somos o no prostitutas, se trata de cuánto cobramos por nuestros servicios.

Quinto y último. Permanentemente ponemos en manos de otros la responsabilidad de sacar adelante nuestra carrera (y por añadidura nuestra vida). Si tuviera un ladrillo por cada productor que me prometió fama y fortuna tendría hace tiempo la casa que hasta la fecha no pude comprar. No alcanza con armar un grupo y sentarse a soñar con el productor de Hollywood. Hay que formarse, producir, especializarse y a la vez poder tocar muchos estilos distintos (y aprender a disfrutarlos), desarrollar los dones de comunicación y relacionamiento humano y aprender de marketing entre miles de disciplinas más.

Estoy convencido de que no hay profesión en el Paraguay con más rápida inserción laboral y posibilidad de crecimiento que la profesión de músico, simplemente porque por cada cien músicos que se sientan en la vereda a tomar tereré desalentados por el panorama, hay uno con los pies en la tierra y la voluntad de trabajar que arrasa con los trabajos musicales. A ese uno es muy poco probable que lo quieran engatusar con el tema de tocar de onda.

Comentarios

2Comentarios

  • Avatar
    Gustavo Viera
    8 enero, 2016

    Saludos. Muy buen escrito. Lo comparto. Gracias!

  • Avatar
    Gabriel Lema
    8 enero, 2016

    Ese escrito es de mi autoría, figura como una nota publicada en mi perfil de facebook dos días antes de esta publicación. Me honra que lo hayan compartido, pero hubiera sido decente que citen al autor. Mal, muy mal.

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