Pensando en mis chicas malas y HC

(Opinión) “Si el señor presidente compara a nuestro país con una chica fácil y bonita, yo le respondo que entiendo que se refiere a que en Paraguay luchamos todos los días, con trabajo, con organización, de pie, que no vamos a dejar que ‘el nuevo rumbo’ nos aplaste”

Hace años me regalaron una remera con este slogan “las chicas buenas van al cielo… y las malas a todas partes”. Días atrás escuché que en los medios de comunicación, redes sociales, sobremesas, charlas de café, o entre algunas Pilsen, se hablaba de las “chicas fáciles y bonitas”. Entonces pensé en ensayar algunas respuestas, como la chica mala (“por fácil”) que soy.

Ser una chica mala no es fácil, aunque entre ellas estemos “las fáciles”. Ser una chica mala es ir en contra de lo que nos enseñaron: en la escuela, en la casa, en la iglesia. Es oponerse a las reglas, a la disciplina, cuestionar los valores, asumir deseos prohibidos y luchar por ellos. Aguantar y enfrentar las miradas cuestionadoras, los insultos dichos en murmullos o con gritos, andar por las calles con la sombra de la violación latiendo a nuestro lado, no tener “novio, ni marido, ni partido”, “no ser la media naranja de nadie, sino fruta madura en todas partes”[1]. Entre las malas, además de las fáciles, estamos las tortilleras, camioneras, las putas, las feas, las gordas, las feministas (cuando no) y muchas más. Yo hablo y escribo, como una de ellas.

Si la respuesta ante la comparación con las fáciles (que seríamos como prostitutas, pero  que no cobramos) es desmarcarse de ellas, estaríamos entrando en el mismo juego de esta sociedad, que nos nombra y ubica en ese lugar a todas las mujeres que no cumplimos con los mandatos patriarcales y morales, respecto a nuestro comportamiento sexual. Dice Itziar Ziga: “Cuando una mujer se aferra a su decencia frente a una puta, suscribe el orden patriarcal que le arrebata tanto a ella como a la puta, por ser mujeres ambas, la capacidad de autonombrarse”[2]. Cualquier mujer tendrá que demostrar siempre que no es una puta. La mujer que no es fácil, es una chica buena. Por eso digo que soy fácil y prosti; una chica mala, para darle la vuelta al insulto social. Además, porque nunca me salió ser buena, por esa razón también  me hice feminista, para mí el feminismo cuestiona ese lugar en el que nos ubican a las mujeres, como el único destino posible.

Siento orgullo de ser una chica mala, no soy una víctima, soy una sobreviviente, que se rebela en esta sociedad, que todos los días me dice lo que no puedo ser. Me insulta y me agrede, sobre todo, el lugar en el que nos ponen: chicas malas por un lado y buenas por otro; víctimas, dominadas, que no pueden escapar del lugar en el que este sistema nos ubica.

Entiendo que otros sectores nos vean y ubiquen como víctimas y dominadas, pero siendo feminista me pregunto: ¿Por qué algunas feministas siguen diciendo que todas las mujeres somos dominadas y víctimas?; ¿Será que no entiendo bien las palabras?;¿Por qué se sigue hablando en estos términos? Para mí, la revolución feminista ocurrió, soy la consecuencia de esas luchas, como dice Virginie Despentes: “Hubo una revolución feminista. Se articularon discursos, a pesar del decoro y frente a la hostilidad”[3], una revolución que continúa. Pero algunos feminismos deben reconocer lo que logramos y avanzar hacia otros discursos, otros lenguajes, más inclusivos, que permitan la expresión de nuestras singularidades, abandonar el lugar de la generalización de las mujeres, y dejar de hablar en nombre de “ellas”, como cautivas o dominadas, dejar de ubicarnos en el lugar de víctimas; porque finalmente ¿Quiénes son las víctimas para este feminismo?

Yo no me considero un ser cautivo, mi cuerpo habla desde mi singularidad, mi subjetividad, mis deseos, que se rebelan ante este sistema y su complejo entramado. ¿Desde qué lugar se habla de la experiencia de las lesbianas y de homosexuales? Todas las personas formamos parte del entramado de este sistema, somos parte de él, por eso veo la necesidad de describir el lugar de enunciación. De lo contrario pareciera que se habla desde un todo bastante nebuloso, porque la experiencia de las mujeres es tan diversa, como diversas somos.

También, creo que seguir describiendo solamente el sistema de dominación heteropatriarcal (aunque haber incorporado el cuestionamiento a la heterosexualidad dentro del sistema patriarcal, sea un avance para sectores del feminismo de la igualdad, que hasta hace poco no lo hacían), me parece que mínimamente se queda corto. Porque desde hace muchos años diferentes voces, desde nuestros cuerpos, deseos, nos hemos rebelado, y venimos cambiando la sociedad.

Si el señor presidente compara a nuestro país con una chica fácil y bonita, yo le respondo que entiendo que se refiere a que en Paraguay luchamos todos los días, con trabajo, con organización, de pie, que no vamos a dejar que “el nuevo rumbo” nos aplaste, no nos vamos a callar ante los abusos de los poderes. Porque a nosotras (las chicas malas) nos gusta ser fáciles, porque al serlo decidimos nuestro destino, y encima somos lindas, nos gusta ponernos vestidos, olemos a flores, y nuestros cuerpos arden como esta tierra roja en verano.

 



[1] Frases de grafitis del grupo feminista y anarquista “Mujeres creando” de Bolivia.

[2] Ziga, Itziar. Devenir perra. Editorial Melusina, España, 2009, p.98.

[3] Despentes, Virginie. Teoría de King Kong. Editorial Melusina, España, 2007, p. 119.

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