Pedro, el discípulo acomodado

Disquisiciones pseudo-teológicas sobre empresarios, católicos y hambrunas.

A propósito de las declaraciones de Pedro Fadul sobre el hambre, y los pobres que «comen más que muchas personas adineradas».

Pedro es católico y es empresario en un país en el que casi el 50 % de la población es pobre o extremadamente pobre.

Pedro Fadul. Foto de su perfil de Facebook.

Aunque los teólogos y los sociólogos coinciden en que se debería hablar de empobrecidos, puesto que la pobreza no es un fenómeno natural o un adjetivo calificativo, sino una consecuencia de estructuras económicas y sociales injustas. Si alguien se empobrece, en situación inversamente proporcional, otro recibe más de lo que necesita para vivir dignamente.

Pedro vive en una isla de abundancia, en un mar de miseria. Sin embargo, él se declara un ferviente seguidor de un carpintero palestino, que fue crucificado por predicar un reino sin opresores, ni oprimidos y que para la rabia de sus verdugos se resistía a morir. El carpintero, originario de Nazaret, había nacido en un corral a causa de la pobreza y de la represión desatada contra su pueblo. La misma represión que hoy, 20 siglos después de su nacimiento, sigue cayendo furiosamente sobre sus compatriotas que ya no están sometidos por los romanos, sino por un nuevo sanedrín traidor, que hoy los crucifica con misiles teledirigidos cargados con uranio empobrecido y fósforo blanco.

Pedro es un discípulo oportunista, cuando le dijeron que para seguir al carpintero, debía vender todos sus bienes y repartirlo entre los pobres, primero se puso triste, pero luego se repuso y contrató a un publicista y a un teólogo post-moderno que le leyó el nuevo testamento en clave de Wall Street y Lehman Brothers. Su nuevo teólogo de cabecera lo catequizaba on-line y le contó una historia del Cristianismo que comienza con Constantino, un emperador romano al que Pedro terminó admirando más que al carpintero. Constantino, el emperador romano se volvió seguidor del carpintero, pero decretó que ya basta de pobrerío, catacumbas y antorchas humanas en los circos y decidió poner la cruz (y no el pescado) del carpintero en su escudo imperial, a condición de trocar el mensaje liberador del crucificado por uno de sometimiento al poder y la jerarquía.

Pedro quería llevar esa buena nueva redescubierta a los paganos que todavía creían en un Dios pobre y aliado de los pobres, así que Pedro y su publicista decidieron hacer un “relooking” del cada vez más anacrónico carpintero y de su mensaje, porque ya no era lo suficientemente “cool” y andaba cada vez más “invendible”, al punto que las lujosas catedrales que habían construido con la limosna de los latifundistas y usureros andaban vacías y los mercaderes de los templos se quejaban desconsolados.

En su campaña: Jesús “new age” by Constantinium, ya no se hablaría de la condición de carpintero y palestino del crucificado, ni de su madre campesina, ni de su padre albañil-carpintero, era más propio hablar de él como “El rey de reyes”. De los afiches con su imagen se eliminarán su piel morena y sus ojos negros, desde ahora será rubio de ojos azules, en las producciones cinematográficas y películas que se hagan sobre su vida, su acento arameo será reemplazado por un acento inglés o a lo sumo con un tonito del latín. Su madre, la campesina nazarena, ahora será presentada como una “princesa celestial” cercana a Lady Di y se censurará la parte de su discurso conocido como el “Magnificat” en el que hablaba sobre como los humildes serán enaltecidos y los ricos y poderosos derribados y despedidos con las manos vacías. Desde ahora María, será “Nuestra Señora” como aquellas patronas que tienen 20 ángeles a su servicio y que ellas llaman “empleadas”. La Señora amará a los ricos y despreciará a los pobres a quienes pedirá sacrificios, paciencia, sumisión y diezmo para construir más catedrales en las cumbres de los cerros.

Al séptimo mes de su campaña publicitaria, Pedro vio que todo estaba bueno y se acostó a descansar. Pero en sus sueños se le apareció un ángel y le dijo:

–       Pedro, el nazareno pobre a quién quieres enterrar con campañas, remeras y estampitas, ha resucitado. Esta mañana cuando fueron a su sepulcro catódico, encontraron que la losa que intentaba retenerlo había sido movida y ni Zuccolillo, Vierci o Rubín pudieron impedirlo. Al entrar al interior del sepulcro encontraron a tres sindicalistas de la línea 30, que les dijeron que el nazareno, ya no era nazareno sino concepcionero de Tacuatî, que cambió su corona de espinas por un sombrero karanda’y y que estaba en el piquete de huelga con sus compañeros.

«Los mas pobres comen todo el tiempo», dijo hoy Pedro Fadul, el ex candidato presidencial del PQ. «Incluso comen más que muchas personas adineradas, pero comen mucho y mal». Foto de su perfil de Facebook.

Pedro despertó furioso y subió a su lujosa camioneta rumbo al piquete de los choferes. Tenía la firme intención de deshacerse del indómito moreno camorrero que se hacía llamar Jesús, quien no solo se resistía a desaparecer, sino que además andaba resucitando en campesinos rebeldes.

Al llegar al lugar, vio a los obreros comiendo junto al fuego, alrededor de una enorme y ennegrecida olla. Cuando se acercó, un gesto de asco se apoderó de él al percibir el olor de la comida, un magro poroto con fideo y algunas verduras. Pedro se pinzó la nariz con los dedos y pensó que los pobres no tenían remedio, que nunca aprenderían a comer correctamente, a comer verduras frescas de esas que se venden en el Mariscal López Shopping, los miércoles a la mañana y encima un delicioso jugo de frutas de Frutika o un buen vaso de leche de soja edulcorada con ROUND-UP, o cuando menos un delicioso tapa cuadril, sin grasa y a la plancha.

Pedro es así, un fino gourmet, si había algo que no soportaba eran los profetas camorreros y los pobres sin formación gastronómica. Le vino a la mente una nueva campaña, pero eso quedaría para su próxima ONG, ahora su objetivo era encontrar al palestino-tacuateño. De pronto lo vio a lo lejos, sentado bajo un árbol en grupo, discutiendo animadamente y escribiendo en la arena.

Al acercarse, pudo contar a doce choferes en torno a él. Pedro percibía la conversación pero no lograba entender lo que decían, estarán hablando en arameo pensó, pero no, estaban hablando en guaraní, idioma tan incomprensible como el arameo para él y nuevamente le hirvió la sangre, no solo comen como pobres, sino que también hablan como indios, nunca, nunca, avanzarán, siempre serán pobres, arcaicos y atrasados, sentenció para sus adentros.

De pronto, se encontró frente a frente al profeta campesino, éste le miró directo a los ojos, con firmeza pero sin odio y le dijo:

–       Aquí estoy, ¿qué querés?

Pedro se acomodó su inmaculada corbata, se sacudió un poco el polvo de sus mocasines italianos e increpó al campe-palestino:

–       Quiero que dejes de mentir, que te dejes de tus doctrinas zurdas que andan atentando contra la paz y la propiedad. Quiero que vuelvas al altar, al sagrario y la sacristía, que ya no seas morocho, quiero que hables de amor pero sin prójimo. Quiero que tus bienaventuranzas empiecen por felices los ricos. Quiero que los camellos puedan al fin atravesar los ojos de la aguja. ¡Eso quiero!, gritó Pedro.

El campesino lo miró fijamente, casi con indulgencia y luego sin contestarle, miro a sus compañeros y les dijo:

–       Vamos, hay mucho que hacer. Porque esta piedra solo sirve para edificar una caseta policial.

 

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