Peamoa o el “ascenso de la insignificancia”

De borrachos y «viskeadores» que se hacen estrellas. La «fama injustificada» y el nuevo escenario de poder mediático planteado por las redes sociales.

César Insfran, «Peamoa», en la 780 am. Foto: churero.com

Era un viernes cualquiera, César Insfrán, de 22 años, salió en su moto para encontrarse con sus amigos. Como ya es una costumbre para ellos, se instalaron a eso de las 11 PM frente a una discoteca, para “vikear” y tomar alcohol. Esa noche le costó 5000 guaraníes. Hasta ese entonces, Insfrán era uno más del “montón”, hijo de una paraguaya que se vio obligada a ir a trabajar a España, un joven desempleado y sin estudios, mantenido por las remesas enviadas por su madre desde una España en crisis. Gastó “muchísimo dinero en currículum”, y se cansó de repartirlos por todos lados, recibiendo siempre como respuesta únicamente el “te vamos a llamar”.

La noche de ese viernes, un hecho que le pareció insignificante le cambio la vida. Al día siguiente, todos lo conocían, y le invitaban a “chupar” gratis. En la semana, su fama aumentó, al punto de ser invitado a programas de televisión y programas de radio, y ser abordado en las plazas y calles por gente desconocida que quería tomarse fotos con él, e incluso, según cuenta la leyenda, la discoteca Face’s, le otorgó de por vida pases gratis. Ya posteriormente se lo vería haciendo publicidad en las redes sociales para dicha discoteca.

Ese viernes

Ese viernes, un equipo de televisión que realizaba un reportaje para Canal 5, Paravisión, sobre la “movida nocturna” le había reporteado. No dijo nada fuera de lo común para él, se expresó en su jerga, con su tono de voz y expresiones particulares, y con una suspicaz comezón en la nariz que levantó más de una especulación. Insfrán, dio en la nota algunas instrucciones para “levantar”- conquistar- mujeres en las discotecas. De aquí saltó a la fama, entre otras cosas, por su principal muletilla: el “Peamoa” (contracción en guaraní de esto y aquello), quedando en puestos secundarios no menos importantes el “cabeceo”, el “callao”, el “vikear”, y otros.

No fue sin embargo este medio masivo tradicional, la televisión, quien le dio fama, al menos no principalmente. La nota hubiese pasado desapercibida si no se hubiera convertido en un video viral en las redes sociales, haciéndose en Twitter unos de los hashtag más populares el #peamoa, con comentarios y bromas al respecto, y siendo protagonistas de varios “memes” o chistes gráficos, que se difundían como pólvora en Facebook.

Antes, los borrachos

No es el primer caso de un personaje que salta a la fama mediante las redes sociales, quizá el más recordado de los casos sea el del “Borrado de la arbolada”, aquel personaje que se haría famoso por un video donde en estado etílico relata un accidente en moto, y que luego con igual suerte alcanzaría el estrellato en los medios de la farándula, llegando a tener un servicio de 0904 donde ofrecía chistes de borracho. Y así, varios casos hicieron historia en las redes sociales, por situaciones fortuitas o desafortunadas, o por videos realizados por ellos mismos, “el borracho cerrista”, el “deja nomás César”, “eso ya son cosa de puercos ya”, el cerrista Freddy Vázquez y sus canciones, entre otros.

La fama, según Allen

Pisanello acosado por la fama. Fotograma de «A Roma con Amor» de Woody Allen.

Woody Allen, en su película “A Roma con Amor” (2012), realiza una mordaz crítica a la fama en nuestros tiempos que puede ser aplicado en parte a los casos mencionados, donde lo inocuo se hace espectacular. La comedia retrata varias historias en la ciudad italiana, el caso más gráfico de la película para nuestro tema es Leopoldo Pisanello (interpretado por Roberto Benigni), un oficinista que inesperadamente se convierte en una celebridad, a tal punto que los banales detalles de su vida cotidiana son motivo de constante seguimiento por la prensa y se convierten en noticia. “La fama injustificada de Pisanello sólo se puede explicar por el interés mediático en los realities por lo que Roberto Vergara –citando a Castoriadis– llama el ascenso de la insignificancia”, dice el escritor y periodista peruano Juan José Beteta en un análisis sobre el tema de la película.

“En realidad, la fuente de la que la prensa toma este interés por lo cotidiano y la mutación de lo rutinario en espectacular son las redes sociales. Es allí donde abundan la auto expresión, lo insignificante, lo efímero, pero también lo llamativo, el escándalo y la búsqueda de una fama que casi siempre es fugaz (como fugaz también lo es el convertirse en la noticia del día para los medios). Ello porque en las redes sociales hay muchas opciones para compartir, opinar y participar, lo que casi no ocurre en los medios tradicionales”.

Pero este no es tanto el caso de Allen, que no llega a este ámbito ya que aun pertenece a la cultura mediática y no a la multimediática o electronal, indica el crítico. De allí que se enfoque en la crítica a la espectacularidad del reino de la imagen y “no en su creciente fuente de alimentación, la cultura de las redes”.

Aun así, las aventuras de Pisanello aportan varios elementos de amplia similitud a los casos de fama otorgados por las redes sociales. Posterior a obtener el estrellato, al personaje le acarrea la pérdida de su privacidad. En tal sentido, el también escritor peruano, Mario Vargas Llosa, crítica al “lugar epónimo [que ocupa] la revelación de la intimidad del prójimo, sobre todo si es una figura pública. Éste es un deporte que el periodismo de nuestros días practica sin escrúpulos, amparado en el derecho a la libertad de información”. Y este es justamente el problema de Pisarello, lo que le impide disfrutar totalmente de las ventajas de la fama.

Insfrán, llorando tras hablar con su madre. Foto: @MRehnfeldt.

La fama de “Peamoa” y la invasión a la privacidad

En el caso de Insfrán, cuyo nombre fue reemplazado casi de inmediato en las redes sociales por el de “Peamoa”, parece no encontrar inconvenientes en la exposición de su vida al público. En el programa radial, de la 780 am, “Al diablo la siesta” le hicieron hablar con su madre,  en medio de la conversación el joven se puso a llorar. Su madre se mostró preocupada porque su hijo no encuentra trabajo. Él apenas empieza a disfrutar de la fama. “A varios famosos le quiero conocer, conductores, futbolistas. Mi sueño es tener un programa de radio y de tele”, dijo en la entrevista y en otro momento indicó respecto a su nueva condición: “Es difícil ser un peamoa, ahora con este tema las chicas están todas locas ya”.

Pero la primera “invasión a su privacidad” provino de las mismas redes sociales, a poco de circular el video, ya estaban generándose gráficos con mensajes humorísticos con las fotos de su perfil personal en Facebook.

Y es que, de cierta forma, consciente o inconscientemente, las redes sociales estimulan los deseos de fama y nos convierten en singulares figuras públicas, al exponer, la mayoría de las veces, la vida personal, pensamientos e historia,  a través de las fotos que compartimos, o los mensajes que escribimos, abiertamente, a personas que nunca conocimos. Quizás es un hijo de la adicción a la cultura mediática.

Las redes y la fama

Investigadores del Centro de Medios Digitales Infantiles de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) expusieron este año su trabajo «Cómo los medios sociales se relacionan con los valores de los preadolescentes» en un encuentro de la Sociedad para la Investigación del Desarrollo Infantil, en Seattle, EE.UU.

Según los investigadores de la UCLA, esta transformación valórica se ha visto reforzada por la aparición de redes sociales como YouTube y Facebook. “Ambas redes estimulan a las personas a protagonizar sus propios videos y a compartir aspectos de sus vidas más allá de las personas con que tratan cara a cara. Es decir, alientan a los usuarios a hacerse famosos”.

“El problema es que si alguien es recompensado por el solo hecho de tener un reconocimiento público sin contar con ningún tipo de habilidad que lo respalde, entonces cada vez más personas querrán lograr ese tipo de recompensa», dice la psicóloga Yalda Uhls, una de las autoras del trabajo.

Para ella, esta tendencia se agudizará, «ya que muchos menores están creciendo con herramientas digitales, celulares con cámaras de video con las que filman y fácilmente suben las imágenes a estas redes», explica Uhls.

Una encuesta realizada por las investigadoras afirma que un tercio de los jóvenes de EEUU que utilizan las redes sociales en busca de fama.

Cultura mediática

Insfrán se encontró con varias figuras de la televisión y la radio, tras su salto a la fama.

Volviendo a Allen, el mismo no se limita a la crítica del comportamiento de los medios sino que también señala sus efectos en el público. “Así, tan pronto como la notoriedad abandona a Pisanello y éste vuelve a su anodina vida cotidiana, empieza a extrañar y buscar la atención de la prensa, la televisión y el público. De esta forma, el cineasta obtiene una visión más completa, dentro de un tratamiento irónico aunque comprensivo de la adicción a la cultura mediática”, dice Beteta.

La civilización del espectáculo, al decir de Vargas Llosa, se amplía en las redes sociales. Allen expone en su crítica “la paradoja que supone la convivencia entre lo nimio y lo llamativo (y, luego, escandaloso) en el ámbito de lo noticioso. No es pues una ilustración tan obvia del fenómeno (en realidad, multi)mediático vigente, sino un irónico llamado de atención sobre la efectividad de sus cada vez más evidentes manipulaciones”, indica Beteta. El cineasta ubica “la banalización informativa en el plano formal –la manipulación mediática– y no sólo en el plano meramente narrativo”.

Nuevo escenario

Las redes sociales nos presentan un nuevo escenario, donde los usuarios tienen un activo papel, para hacer y deshacer estrellas, referentes de opinión, y generar incluso información, donde en cualquier momento, cualquier persona, en cualquier lugar, o simplemente desde su computadora, pude alcanzar la fama sin motivo aparente. Un escenario donde por momentos se da una pugna entre los poderes mediáticos dominantes y los usuarios de redes para establecer agendas informativas, pugna en la cual estos últimos tienen la desventaja de no ser un cuerpo organizado ni con un objetivo específico. Los medios tradicionales ahora se vuelcan a lanzar sus anzuelos con la intención de generar fenómenos mediáticos en internet, sin importar el contenido, a fin de obtener el beneplácito de esa incontrolable masa.

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